Comunitario

Se duplican muertes después del conflicto armado

Son las 4.30 horas y la luna aún brilla. Alejandra Concepción López, de 59 años, aborda un bus de  Chinautla para  dirigirse a su  trabajo. En su viaje  la acompaña, ya de costumbre,  el  temor de ser víctima  o testigo de un asalto o acto de violencia.

Por Glenda Sánchez

Después de 1996, los crímenes se concentran en  Guatemala, Escuintla,  Petén, Izabal y  Chiquimula.   En ocasiones, los ataques armados han llegado a 15 en un día. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Después de 1996, los crímenes se concentran en  Guatemala, Escuintla,  Petén, Izabal y  Chiquimula.   En ocasiones, los ataques armados han llegado a 15 en un día. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Por esa razón siempre lleva un rosario colgado en el cuello, como un escudo para resguardar su vida, aunque es   consciente de que eso no es suficiente.  Admite que la situación  es similar o peor que durante el conflicto armado interno, cuando ella  vivía en  San Andrés Sajcabajá, Quiché.   

Como Alejandra, miles de guatemaltecos viven ahora con esa sicosis, y no es para menos, pues la cifra de homicidios  reportados desde 1996 —año en que se firmaron los acuerdos de paz— a noviembre  último  suman 94 mil 595; es decir,  unos 43 mil 200  más que durante los últimos 20 años del conflicto —1975 a 1995—, cuando  el  Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi) reportó 51 mil 395.





Del periodo de la posguerra   los datos más altos  se encuentran en 2008, cuando  la Secretaría Técnica del Consejo  Nacional de Seguridad   registró seis mil 292 homicidios, seguido de 2009,  con cinco mil 957,  y 2006, cinco mil 885. Durante la guerra interna, los periodos  más violentos fueron de 1980 a 1983, ya que se reportaron 43 mil 781, seguido de 1984 a 1987, cuando la cifra llegó a tres mil 871. El resto fue  entre 1988 y 1995.





Las causas de los decesos  de los 20 años que se tomaron del conflicto armado fueron   muertes directas, desapariciones forzadas, secuestro extorsivo, tratos crueles y atentado con lesiones, entre otras.

Datos de la Policía Nacional  Civil (PNC) y  del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) revelaron que ahora las muertes son producto de la violencia como ataques armados por no pagar extorsiones o por resistirse a un robo, asaltos, rivalidad entre pandillas, secuestros y pugna entre grupos organizados vinculados con el narcotráfico.





La prensa reporta este año  hasta 12 ataques diarios, en ocasiones más en la provincia que en la capital. El mismo análisis de la Secretaría Técnica indicó que en el periodo después del conflicto armado los hechos se han concentrado en Guatemala, Escuintla, Petén, Izabal y  Chiquimula, contrario a los lugares afectados, según el Remhi, durante la guerra interna: Quiché, Baja Verapaz, Alta Verapaz, San Marcos y Huehuetenango.





Lento avance  

Hilda Morales, encargada adjunta de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), manifestó que  la guerra se originó  por la desigualdad, pobreza y concentración de riqueza en pocas manos, y con los acuerdos plasmados con la firma de la paz se creó una base para eliminar esos  conflictos. Sin embargo,  los problemas persisten por la falta de compromiso para cumplir los compromisos signados.

No descartó que haya avances con los acuerdos, y  entre estos mencionó la legislación, pero no  se cumple. “De ahí que se haya recrudecido la pobreza, no se solucionó el tema de la migración  y el desplazamiento   interno. Hubo mucho desplazamiento de las áreas rurales a las urbanas sin que hubiera posibilidades de empleos o capacitación para mujeres”, declaró Morales.

Nineth Montenegro, diputada de Encuentro por Guatemala, aseveró que terminó el conflicto armado con el silencio de las armas, pero la problemática de fondo no finalizó. “Entonces, hoy es evidente que hay más desigualdad, persiste la desnutrición,  hay más desempleo y todo esto,  al final,  lo que  origina es delincuencia común. No es una justificación, pero muchas veces es por necesidad”, explicó  la parlamentaria.

“Hay grandes problemas endémicos que no se han solucionado. Hasta la fecha  no se ha  evitado que la juventud  migre  o que ingrese a una pandilla”, aseveró Julio Solórzano Foppa, miembro  del Consejo  Nacional  para el Cumplimiento de los Acuerdos de Paz.

Los tres expertos recomendaron atender y priorizar los compromisos adquiridos en los  acuerdos de paz.





Los Acuerdos    

  • Democratización para la búsqueda de la paz por medios políticos
  • Acuerdo global sobre derechos humanos
  • Reasentamiento de las poblaciones desarraigadas por el enfrentamiento
  • Atender la identidad y derechos de los pueblos indígenas
  • Atender  aspectos socioeconómicos y situación agraria
  • Fortalecimiento del poder civil y función del ejército en una sociedad democrática
  • Definitivo cese al fuego
  • Incorporación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca a la legalidad
  • Implementación, cumplimiento y verificación de los acuerdos de paz
  • Acuerdo de Paz Firme y Duradera
  • Establecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico





Debilidad del Estado

En el capítulo 4 del Informe Nacional de Desarrollo Humano 2015-2016, La Debilidad del Estado Posconflicto, se indica que la debilidad no es el reflejo del último periodo, sino es una extenuación  histórica.  Sin embargo, con los acuerdos de paz se esperaban cambios que se han presentado parcialmente.

“En paralelo a la construcción de un ideario democrático establecido tanto en la Constitución como en los Acuerdos, no se vio fortalecido, y las relaciones económicas se tensaron, generando más desigualdad, elementos que han servido de marco en espacios de conflictividad”, detalla el informe.

Agregó que después de una evaluación se obtuvo como resultado un Estado debilitado al servicio de intereses privados, poco transparentes  y corrupto.