Rinden tributo a los muertos en la provincia 

Los guatemaltecos conmemoran hoy el Día de Todos los Santos, y por tradición visitan los  cementerios  para  adornar las tumbas de sus  seres  queridos; sin embargo, algunos lugares de la provincia ganan notoriedad por la forma en que rinden tributo a los difuntos, como ocurre con las Tres Santas Calaveras de San José Petén; la Carrera de Las Ánimas de Todos Santos Cuchumatán, Huehuetenango, y los barriletes gigantes de Sumpango y Santiago Sacatepéquez.

Por Corresponsales / Provincia

La tradición de las Tres Santas Calaveras es única a escala nacional y se lleva a cabo entre el 1 y 2 de noviembre, en San José Petén.

Luis Hernández González, historiador eclesiástico, explicó que es una tradición prehispánica combinada con actividades católicas, que surgió  después de la toma de Noh Petén por los españoles.

Se cree que las tres calaveras pertenecían a hombres itzaes, y el ritual consiste en llevar una de ellas en procesión, en la que feligreses se turnan para portarla y hacer rogativas y agradecimientos.

Hernández señaló que en el pasado se utilizaba una docena de calaveras, pero en la actualidad solo quedan tres, las  cuales  son exhibidas  durante  estos días, pero el resto del año permanecen en  resguardo en el templo católico.

Barriletes gigantes

Augusto Rucal, síndico de Sumpango, Sacatepéquez, refirió que hoy se lleva  a cabo la 38 edición del Festival de Barriletes Gigantes, en el que  participan más de 60 grupos de jóvenes que  expondrán sus trabajos ante unos cien mil visitantes.

Además, Berta Santos Con, presidenta de la Asociación Santiaguense para el Desarrollo Cultural  de Santiago Sacatepéquez, refirió que  esperan recibir a más de 125 mil turistas, entre nacionales y extranjeros, al 116 Festival de Barriletes Gigantes que celebran hoy.

Añadió que se expondrán trabajos de 16 grupos de jóvenes que durante los últimos meses elaboraron los barriletes   de entre 15 y 20 metros de diámetro.

De alto riesgo

La Carrera de las Ánimas es uno de los principales atractivos de Huehuetenango, la cual se lleva a cabo cada 1 de noviembre  en Todos Santos Cuchumatán, y que consiste en que jinetes ebrios cabalguen a  gran velocidad  en una pista de 800 metros de largo por 12 de ancho.

El cronista huehueteco Fermín Herrera describió  que los orígenes  de esa tradición se remontan a la Conquista, cuando los españoles introdujeron a esas tierras los caballos, pero los indígenas  no podían montar,  y en un acto de valentía   desafiaron  la fuerza de esos animales, a los  que montaban  sin silla y sin freno.

En ese  entonces los participantes utilizaban gallos que colgaban y los pasaban jalando  para ofrendar la sangre a las ánimas. La creencia señala que si uno de los jinetes muere durante la carrera habrá prosperidad en el pueblo.

Rituales

En Cubulco y Rabinal, Baja Verapaz, la población practica rituales sincréticos, en los que se funde la cosmovisión maya y el catolicismo.

Desde la tarde del 31 de octubre, vecinos colocan altares en sus casas con fotos de sus difuntos  y en el cementerio decoran sus tumbas con flores y frutas,  y encienden velas para recibir, a las 18 horas, la visita de sus seres queridos, lo que  es conocido como El Recibimiento, según  el cronista  Virgilio Yol.

En Tecpán Guatemala, Chimaltenango, familias suelen almorzar junto a la tumba de sus finados, y llevan güisquiles, jocotes,  atol de elote y los platillos preferidos  de sus muertos. También les llevan bebidas alcohólicas, si a estos les gustaban. Al retirarse del camposanto dejan un plato de comida y un  vaso de licor para que, según la tradición, el finado coma durante la noche, señaló el cronista Domingo Juracán.

Integrantes de la familia Coló Tián expresaron que pasan la mayor parte de esos dos días en el cementerio, en busca de acompañar al espíritu de sus difuntos y para que estos sepan que no los han olvidado.

El agricultor Rosendo Sol, de 75 años, contó: “Antes me iba al cementerio con mis hijos, salíamos a las cuatro de la madrugada de la casa, pero ahora es más alegre,  ya que van mis nueras y mis nietos. Ya estoy más viejo, pero ahí vamos siempre con el ánimo de recordar a nuestros seres queridos”.



En Cubulco  y en Rabinal, Baja Verapaz, las tumbas son decoradas con flores, frutas y velas. (Foto Prensa Libre: Carlos Grave)
En Cubulco y en Rabinal, Baja Verapaz, las tumbas son decoradas con flores, frutas y velas. (Foto Prensa Libre: Carlos Grave)


Innovaciones

Otras tradiciones son menos peculiares, pero  igual de importantes para los vecinos, como la Serenata Huehueteca,  que se organiza la noche del 31 de octubre en el parque central y calles de la cabecera, en la que grupos de marimba y mariachis  deleitan al público con su mejor repertorio. La madruga del 1 de noviembre, los músicos van a los cementerios para agasajar a los difuntos, relató Yolanda Alfaro, de la Casa   de la Cultura local.

Hay prácticas que comenzaron en años recientes y podrían convertirse en tradiciones, como el Baile de Disfraces Las Ánimas, que desde hace 11 años lleva a cabo sus presentaciones en la  aldea San Miguel Morazán, El Tejar, Chimaltenango, y que surgió por iniciativa de  Jacinto Teret.

Desde hace tres años, un grupo cultural de  San Cristóbal Totonicapán celebra de forma diferente el Día de Todos los Santos, pues además de decorar tumbas con  veladoras y flores también leen poesía.

Flores para los Muertos es el nombre del programa, que por tercera ocasión se repetirá hoy, a partir de las 18.30 horas,  en el Cementerio General de ese municipio, por  iniciativa del proyecto Arte, Cultura y Poesía.

El gestor cultural José Diego Puac  señaló  que este evento reúne a artistas locales, nacionales e internacionales, pues  llegan  poetas del sur de México.

También relatan leyendas como El Sombrerón y La Llorona, así como historias locales, entre las que destacan La Volteadora, que trata sobre un guardián del cementerio que sale por las noche para  sonar las campanas de este, y quien silba y tira piedras  a quienes pasan por las cercanías.

También La Taconuda,  una dama que recorre calles del barrio San Sebastián, y que el sonido de sus zapatos la delata, pero no  es posible verla.

“En un principio temíamos que la gente no participara; sin embargo, nos causa mucha emoción y alegría que durante tres años consecutivos realicemos la actividad, pues las personas  recuerda de una manera peculiar  a sus seres queridos”, señaló Renata Méndez, una de las organizadoras.



Familiares llevan  grupos musicales a las tumbas de sus finados para que interpreten  melodías, en cementerios de  Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Renato Melgar)
Familiares llevan grupos musicales a las tumbas de sus finados para que interpreten melodías, en cementerios de Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Renato Melgar)