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Prensa Libre

24/12/12 - 00:00 Opinión

PRISMA ECONÓMICO

Costo de la estabilidad

Los bancos centrales (BC) realizan las denominadas operaciones de mercado abierto (OMA’s), o de estabilización monetaria, con el propósito de mantener la liquidez circulante en la economía dentro de parámetros congruentes con la meta de inflación y el crecimiento esperado. Cuando requieren recoger liquidez, venden títulos en el mercado o colocan certificados de depósito, incurriendo con ello en un costo por el pago de intereses asociado. Este se debe entender como el costo de la estabilidad macroeconómica.

MARíA ANTONIETA DE BONILLA

La mayoría de BC mantiene un saldo de títulos públicos, particularmente del gobierno central, que les permite realizar las operaciones descritas con un costo absorbido directamente por el tesoro, al ser el propietario de los títulos. Sin embargo, algunos de ellos, al no poseer estos títulos o haberlos adquirido a tasas subsidiadas, utilizan sus propios instrumentos.

En este caso, si los ingresos que perciben (principalmente del rendimiento de las reservas monetarias internacionales) son insuficientes, se generará una pérdida neta o déficit cuasifiscal que se traducirá en más liquidez que requerirá ser neutralizada de nuevo para evitar presiones inflacionarias. Lo anterior, si bien permitirá controlar la inflación en el corto plazo, generará expectativas de inflación futura al debilitarse sus balances por las pérdidas recurrentes.

El Banguat acumuló, particularmente durante los 80, un monto significativo de pérdidas derivado de decisiones políticas como el financiamiento subsidiado continuo al gobierno central y el mantenimiento artificial del tipo de cambio. Estas decisiones provocaron desequilibrios monetarios y externos que se tradujeron en inflación y devaluación cambiaria elevadas. Las pérdidas acumuladas llegaron a alcanzar más de Q10,000 millones, poniendo en rojo el capital del Banguat.

En los años subsiguientes se impulsaron importantes reformas para dotar de mayor autonomía al Banguat: se flexibilizó el tipo de cambio y se prohibió su financiamiento al sector público, esta última como parte de la Reforma Constitucional de 1994. En 2002 el Congreso aprobó una reforma financiera que incluyó una nueva ley orgánica del banco central (LOBG), con el objetivo de fortalecer su independencia, transparencia y credibilidad, para mejorar su capacidad de controlar la inflación, pilar fundamental para la estabilidad y el crecimiento. Esta ley estableció que el Estado debía cubrir el monto acumulado de pérdidas hasta 2001 y que, en adelante, el monto anual de deficiencias netas, si las hubiere, debía incluirse en el presupuesto del Estado del ejercicio fiscal siguiente.

A partir de la vigencia de la nueva LOBG, si bien el costo acumulado de la política no se ha cubierto hasta la fecha, se logró transparentar el déficit cuasifiscal al incluirse, cuando se ha generado, en los presupuestos de los años respectivos. Sin embargo, el cumplimiento de esta disposición se interrumpió en el presupuesto aprobado 2013, ya que si bien el proyecto enviado al Congreso por el Minfin incluía esta asignación, la misma no quedó contemplada. Si lo anterior no se corrige, el debilitamiento adicional del capital del Banguat sentará un precedente negativo que minará la credibilidad en su capacidad de mantener la estabilidad en el mediano plazo.

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