Opinión

LA BUENA NOTICIA

Bautismo y misericordia

Víctor Hugo Palma Paul

Víctor Hugo Palma Paul

“Una de las crisis fundamentales de la sociedad del siglo veintiuno es la pérdida del sentido de pertenencia a alguien, y menos a una institución, y por lo tanto se vive en esa sociedad la dramática pérdida de la estabilidad existencial en todo tipo de relación humana y divina”, afirmaba G. F. Ravasi (Breviario laico, 2012). Cierto: el “bautismo” para adhesión a la Fe, pero como término usado burdamente incluso para la iniciación al mal entre bandidos, o entre grupos de bromistas, el “ser bautizado” poco significado tiene de “compromiso profundo” para una sociedad que se mueve entre transfuguismos y la tendencia posmoderna a “reinventarse constantemente”, así como ante el horizonte cada vez más amplio de los desencantos de casi todo.

Por ello la adhesión religiosa puede hoy “variarse” antojadizamente, pues no significa ya seguir una “verdad objetiva” y decae constantemente ante los embates del “subjetivismo”, ambiguo sello antropológico de estos tiempos que ya advertía San Juan Pablo II (Cruzando el umbral de la esperanza, 1994). En la Buena Noticia de hoy, la escena del “bautismo” de Jesús en el Jordán aparece como lo auténtico y contrario: en su caso, Jesús, que es bautizado por su primo Juan para comenzar más profunda y públicamente una “asociación efectiva al Padre” y a su plan de Misericordia para la Humanidad. Claro: el empobrecimiento del sentido “relacional con Dios” del bautismo por muchos siglos y su transignificación en una especie de “marca de grupo, pero sin tocar la conciencia y valores personales” parece tan lejana de esta escena.

La liturgia la celebra hoy ese Bautismo del Señor con dos finalidades: 1) Contemplar a uno que, siendo inocente, va entre un grupo donde todos son culpables a bautizarse “ por penitencia”: Él es del todo singular, no solo le han adorado los reyes magos, y no solo se mostrará como el “esposo esperado de Israel en las bodas de Caná”, sino que ahora la voz del Padre lo declara “Hijo predilecto, objeto de su complacencia”, para que todos le vean y le sigan; 2) El punto más interesante para los tiempos actuales: al “bautizarse”, Cristo “entra de lleno a vivir lo que Dios quiere” como parte y cabeza de la Iglesia; es decir, un proyecto de amor, perdón, salvación: misericordia, en pocas palabras.

Su vida entera no dependerá de las conveniencias momentáneas, de las “tendencias de pensamiento o sentimiento”, sino que se convertirá para todo bautizado en el modelo de la vida consistente de “ser misericordioso como el Padre”; existencia que, en el caso del rito cristiano, se mueve entre dos signos antitéticos: el agua que lava el pecado, pero sigue siendo símbolo de la muerte para resurrección, y la luz, de la que se comienza a ser agente claro en la sociedad, la familia, el mundo. ¡Honor a los bautizados, que por su fe sufren actualmente el martirio en países adversos a la confesión de Cristo! ¡Pena, pero también llamado de misericordia a quienes hemos perdido con el tiempo el sentido profundo de “relación personal con el Padre, Hijo y Espíritu Santo”, que por el mismo bautismo ayudan a entrar personalmente en la Puerta de la Misericordia, pues hacen desde la primera infancia “hijos predilectos, amados del Padre”.

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