Opinión

la era del fauno

Cajas de lustre para todos

Juan Carlos Lemus

Juan Carlos Lemus

El alcalde de San Luis, Petén, regaló cajas de madera para lustrar zapatos a varios jóvenes del mercado municipal. Su acción y las reacciones públicas permitieron dar un vistazo al país. Una correntada de frases llevaba repudio mezclado con elogios para los niños trabajadores, insultos y muestras de gratitud para el alcalde, turbiedad que parecía hecha de peces muertos y flores a la orilla del Lago de Amatitlán.

En mi caso —admito—, fui de la indignación al repudio, bajé al fondo de la estupefacción y quedé varado en la contemplación de la humanidad. Al final de cuentas, puede que el alcalde haya actuado de buena intención. Como sea, el revuelo me conectó mentalmente con nuestras cavernas educativas. No con las escuelas, como podría pensarse, ni con los niños que reciben clases en espacios peligrosos, sino con esas cavernas académicas que al final son las que dominan el sistema.

Para decirlo con menos vueltas, nuestro sistema es tan deficiente que los desposeídos de la educación y la cultura solo sirven para diputados, para alcaldes; acaban de presidentes, como es el caso. Llenado el requisito de pasar por las aulas, se hacen gobernadores o directores técnicos de alguna unidad en los ministerios. Antes de proseguir con el troceo de este sabroso cadáver, quisiera exponer que al señalar esas deficiencias uno corre el riesgo de ser interpretado como si se las diera de culto y educado. Reculo, crucifijo en mano. Lejos de mí el autobombo que desprecio de ciertos colegas. No evadiré, sin embargo, decir que gobernantes y muchos profesionales apenas hemos superado la etapa de lectura y escritura.

Ya llegó al poder la diputada ordinaria que dice: “Aquí vamos a hablar a calzón bajo, cada quien va a tener su porcentaje”. También, la funcionaria que basa su crecimiento intelectual en Las 48 leyes del poder, libro que recomienda: “Nunca le haga sombra a su amo”; “Haga que la gente dependa de usted”; “Muéstrese como un amigo, pero actúe como espía”; “Juegue con la necesidad de la gente…” Es decir, sea hipócrita, traidor, ladrón, como es el caso.

Por qué nos extraña, entonces, que un alcalde, producto de ese sistema ignore o no le importe el crimen que implica el trabajo infantil. Crimen que también es tolerado por medios de comunicación toda vez que exaltan la laboriosidad de los niños, anteponiendo sus cargas impuestas a sus derechos, aun si pareciera que con ello no hacen sino reconocer su esfuerzo, y también avalado por quienes elogian que no sea ratero sino trabajador. Enaltecer el sacrificio ajeno, como el de una anciana que carga leña sobre sus espaldas para llevar el sustento, es también tolerar el crimen. Un bonito artículo de la CPRG es el 51.

Dirigen el país quienes alardean que de muchachos comenzaron sacando basura, qué bien, pero empezaron a meterla. Apelar a lo maravilloso del sacrificio viene a ser como exprimir la sangre de una sociedad para regar su ignorancia. En 2014, el alcalde de Cunén, Quiché, Leonardo Sarat, mandó vestir con overoles naranja a los niños lustradores del parque y en la espalda les estampó esta maldición del PP: “Yo soy Patriota”. Aquellas fotografías aún navegan en la web como testimonio de impunidad y esclavitud.

Hay niñas obligadas a hacer tortillas; niñas explotadas sexualmente; niños dados en alquiler para que hagan de payasos en las esquinas. Pues de eso está lleno el sistema, de lanzallamas en los poderes del Estado y de malabaristas en las profesiones. A eso nos referimos cuando hablamos de mejorar el sistema educativo, universidades privadas incluidas, no solo a que los niños vayan a la escuela.

@juanlemus9