Opinión

A contraluz

Complicado escenario

Haroldo Shetemul

Haroldo Shetemul

Jimmy Morales llegará a la Presidencia del país en un ambiente totalmente atípico. Si bien la población tiene muchas expectativas sobre un cambio en favor de la transparencia en la administración pública, el nuevo mandatario tendrá que sortear varias dificultades para poder salir avante. Por lo regular, cuando un dirigente corona sus sueños electorales asume el gobierno con un partido fortalecido tras el triunfo en los comicios, una sólida bancada parlamentaria, una amplia base social y un gabinete ministerial que dé vida a su plataforma programática. Ninguna de estas condiciones aplica para Morales, que también enfrentará el desafío de gobernar con un presupuesto deficitario y una ciudadanía atenta a cada paso que dé.

La captura de 18 militares en retiro y la solicitud de antejuicio contra el coronel Édgar Ovalle, secretario general adjunto del FCN y diputado electo, pone al nuevo mandatario en una situación incómoda porque los señalamientos son por violaciones a los derechos humanos. Precisamente la base social de ese partido se creó alrededor de la Asociación de Veteranos Militares y esta redada dejaría en entredicho las relaciones de Morales con esa estructura castrense. Si bien la agenda investigativa del Ministerio Público es ajena a la toma de posesión, las aprehensiones llegaron en un momento clave porque se convierten en una clara advertencia hacia el nuevo gobierno acerca de que sus aliados están en la mira de la justicia por crímenes de guerra, pero a la vez por integrar estructuras de poder paralelo enquistadas en el Estado.

Morales entonces llega al Ejecutivo con un partido cuestionado que no le sirve de sustento moral ni social, por lo que tendría que rearticular sus alianzas con otros sectores. Es muy probable que esta situación tienda a un mayor acercamiento del mandatario con la cúpula del sector privado, que lo pondría en la ruta de reeditar el matrimonio a ultranza que mantuvo Pérez Molina con el Cacif. El principal vehículo hacia esa vertiente es Ricardo Castillo, presidente del Irtra, uno de sus principales consejeros y quien cree que un gobierno se puede manejar como una empresa.

El nuevo presidente tendrá que negociar mucho en el Congreso, dado que su precaria bancada de 11 diputados, la cual ha dado muestras de fricciones internas, no le augura muchos éxitos a menos que se nutra de tránsfugas. En las arenas movedizas del Congreso se vislumbrarían dos opciones: su acercamiento con las huestes de Baldizón y los restos del PP o con los bloques de la UNE y el portillismo, opciones que no estarán exentas de concesiones y costos políticos. Esta precariedad se agrega a un gabinete ministerial armado al vapor, que no tiene claro un norte de programa de gobierno porque sencillamente no existe y que afrontará limitaciones presupuestarias.

Es indudable que el escenario para el nuevo presidente es complicado y falta ver si la población estaría dispuesta a darle un compás de espera mientras estructura un plan de gobierno y define sus prioridades, principalmente en la generación de ingresos tributarios vitales para su sobrevivencia. Pienso que Jimmy Morales se merece el beneficio de la duda porque arriba a la Casa Presidencial en condiciones adversas, lo cual no significa hacerse de la vista gorda si se comienzan a observar acciones lesivas a la población o que vayan en dirección contraria a la transparencia y lucha contra la corrupción administrativa.