Opinión

Punto de encuentro

El gran elector

Marielos Monzón

Marielos Monzón

El foro presidencial organizado por la Alianza Evangélica de Guatemala y la Liga Pro Patria me dejó una sensación de desazón que me dura hasta hoy. A duras penas podía una reconocer si ese era un foro político o se trataba más bien de una de encerrona para comprometer a los candidatos con ideas ultraconservadoras desde el punto de vista religioso e ideológico.

Las preguntas que rayaban en el racismo y la descalificación hacia los pueblos indígenas y las comunidades rurales se combinaron con otras que avivaban la doble moral chapina, esa que condena el aborto y está a favor de la pena de muerte. La tónica fue la intolerancia hacia lo diverso y la intención —que en ningún momento quedó oculta— de descalificar las consultas comunitarias de buena fe y el convenio 169 que las avala. En cada segmento se repitió una pregunta sobre el tema, para que no cupiera ninguna duda de que las comunidades que se oponen a los proyectos extractivos o exigen tierra son enemigas del Estado, e incluso se afirmó que hay grupos comunitarios que tienen “cárceles clandestinas”.

Hasta la ex fiscal general Claudia Paz y Paz salió a bailar cuando se refirieron a una instrucción que giró respecto a los protocolos que deben seguirse en un desalojo para evitar que haya muertos y heridos, lo que según la Liga Pro Patria fue una orden ilegal por la que debió ser destituida. Después de semejante afirmación, la pregunta obligada fue si destituirían a un jefe del MP que actuara de igual manera, a lo que ambos contendientes respondieron que sí.

En el medio del “foro” la candidata Sandra Torres debió contestar tres preguntas con un sí o un no. Se le preguntó si apoyaría una ley sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto no terapéutico y la adopción monoparental. Las tres respuestas fueron negativas. Mi lectura es que en un afán por agenciarse de votos, Torres decidió congraciarse con la audiencia y los pastores convocantes (gran error). A Jimmy Morales no le hicieron las preguntas porque estaban seguros de que es uno de los suyos, pero ni lerdo ni perezoso se apresuró a responder que él tampoco estaba de acuerdo con esos temas.

Aquello del Estado laico se quedó en el olvido y el ahora presidente electo afirmó que los principales consejeros de su gobierno serán tres pastores protestantes, lo cual trajo a mi memoria a los miembros del consejo de Estado del exgolpista Efraín Ríos Montt, quien dicho sea de paso fue fundador y pastor de la iglesia Verbo. La actividad terminó con una oración, precedida por la afirmación de que sería Dios el gran elector del domingo 25 y que para entonces (jueves 22) ya había tomado la decisión de quién ocuparía la primera magistratura.

Así que hay dos millones 700 mil guatemaltecos que fueron los iluminados, y un poco más de un millón 200 mil que no recibieron o no entendieron la señal. Lo cierto es que ahora que resultó electo el señor Morales, debiera reflexionar profundamente sobre lo que significa ser el representante de la unidad nacional y la enorme responsabilidad que tiene de alejarse de la tentación de mezclar la religión con la política, amén de examinar concienzudamente a algunos de sus más cercanos, no sea que la historia se repita.