Opinión

HACIA ADELANTE

¿Funciona la fe?

Jaime Francisco Arimany

Editorial

Cada vez que oigo la radio, veo la televisión o leo la prensa siento que nuestro país aún vive inserto en la época precolombina. Me es imposible creer que una nación, donde más del 90% de la población dice ser cristiana, con diferencias que inclusive algunos señalan hasta violentamente entre las iglesias y sus enseñanzas, estando, sin embargo, todas de acuerdo en creer que tienen al mismo Cristo como el Pastor, que hay tres personas conformando un solo Dios: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, que creen en las enseñanzas de la Biblia y en el compromiso y en la obligación de cumplir con los Diez Mandamientos.

En resumen, los cristianos de todas las iglesias están de acuerdo con que hay un solo Dios, que es el mismo para todos, al que se debe amar sobre todas las cosas y que, según Cristo nos enseñó, se debe amar al prójimo como a sí mismo.

El problema estriba en que no amamos a Dios sobre todas las cosas, ni al prójimo como a nosotros mismos: quien realmente lo cumpliera seguiría las enseñanzas de Cristo, vendería todo lo que tiene y lo distribuiría entre los pobres, pero la naturaleza del Creador es enorme, su bondad y amor también lo es, por ello nos enseña otra manera de actuar en el mundo, ya que si no se juntara el capital necesario para invertir en proyectos de todo tipo, la humanidad seguiría en eterna pobreza, descalza y con taparrabos de pieles de animales.

Para indicarnos nuestras obligaciones, Él predicó y sus enseñanzas están en los evangelios; entre ellas destaca la de los talentos, donde nos señala la obligación de trabajar y multiplicar los bienes que nos da. El objetivo de ese aumento de bienes consiste en que las personas puedan adquirir, a través del trabajo y de un libre intercambio de bienes y servicios, una manera digna de vivir, pudiendo los habitantes tener ingresos para alimentarse; vivienda, educación, atención médica, fondos para la vejez y posibilidades de entretenerse sanamente.

Uno de los problemas que enfrentamos los ciudadanos del mundo es que la Tierra no crece, mientras la población sí; en Guatemala duplicamos el número de habitantes prácticamente cada 27 años. Es decir, que tendremos 30 millones de personas alrededor del año 2040, la misma población de los principales países europeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Si no se hacen cambios en el sistema social guatemalteco, nos estaremos encaminando rápidamente a un sistema semejante a la Rusia del 2018. La tecnología ha cambiado, no hay necesidad de quitar a nadie para que la población viva a niveles y calidad acordes con el siglo actual; el dilema es saber cómo hacerlo.

El problema estriba en que entre los partidos que están nombrando candidatos para las próximas elecciones, ninguno presenta una solución que permita mejorar la situación de todos y hacer el cambio sin despojar a nadie de sus bienes. Antes proclama ayudas para crear futuros esclavos de la limosna; se debe tener cuidado con las ofertas, ya que si se elimina la propiedad privada de los bienes de producción, se cae en un sistema que falló en Europa Oriental, China, Cuba y actualmente en Venezuela.
jfarimany@hotmail.com