LA ERA DEL FAUNO

Como respuesta, humo de camioneta

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Concluía el segundo día de clases cuando una estudiante preguntó a sus compañeros si alguien iba para la 18 calle. Eran pasadas las 7:30 de la noche, entre semana. Estábamos en un aula de la Universidad Popular. Tres o cuatro jóvenes respondieron que hacia allá iban. No entendí si ella ofrecía jalón o lo pedía, pero me agradó la acción conjunta, su solidaridad o la de quienes le contestaron. Como ya había ganado cierta empatía con aquel grupo, me animé a decirles lo que pensaba, que era bueno apoyarse con el aventón, y que bla, bla, bla. Me aclararon que el llamado era para irse a pie, no en carro.

Caminaban todas esas cuadras, agrupados para sentirse un poco seguros. Eran muchachos trabajadores o que estudiaban, además de arte, alguna otra carrera en la universidad; algunos salían de madrugada, cruzaban la ciudad en tres buses hacia sus labores y de noche acudían a la UP a estudiar el diplomado en Arte Dramático. Querían ser actores, actrices, directores de teatro. Su interés tenía que ser grande para -después de un día de trabajo- ir a estudiar a esas horas cuando lo que todo mundo quiere es llegar a casa, encerrarse y dormir hasta que el despertador suene otra vez a las 4.

Quien hizo la pregunta, por ejemplo, al llegar a la 18 calle de la zona 1 tomaba un bus hacia el Trébol donde abordaba otro que la llevaba a Amatitlán. Otro iba a la zona 6, por lo que al caminar a la 18 iba en sentido opuesto a su destino, pero lo hacía para regresar ya subido en algún microbús o taxi pagado entre varios desconocidos.

Uno está cómodo con su vehículo en el parqueo. Da por sentado que los demás están acostumbrados a vivir así, que es normal que los jóvenes caminen apretando sus mochilas, con sus teléfonos escondidos entre sus calzoncillos o el brasier. Van con temor, acaso con hambre, esforzándose no solo por estudiar, sino por coger un bus. O gastan su salario en taxis.

¿Cuánto tiempo se puede seguir con ese ritmo de vida? ¿Sabe usted por qué se vacían los teatros, los estudios en la nocturna; por qué la vida artística nocturna está muerta en esta ciudad? Porque la asistencia quedó reservada para quienes tienen vehículo. Y quienes lo tienen no siempre están interesados en asistir debido a que ya se torturaron de día en el tráfico. Hay deserción estudiantil porque hasta el transporte hay que pelearlo. La gente arriesga su vida para ir a trabajar amontonada en latas con llantas. Tras tales jornadas, algunos todavía se animan a estudiar arte, pero la sociedad les da la espalda. Después, ese sistema que pone obstáculos presume de “sus valores” cuando en realidad triunfaron a pesar de él. ¿Cómo exigir que, en contextos tan inaccesibles, los artistas que aún no maduran acudan a ver obras de teatro, exposiciones de pintura o conciertos; que estén al día y que hagan contacto con los artistas ya establecidos?

Hay casos peores en todo el país, es cierto, muchas personas tienen que caminar durante horas o pedir jalón para llegar a un municipio vecino. Esta vez, hablo de esos cientos, millares de muchachos urbanos que frustran sus propósitos porque la sociedad les responde con humo de camioneta. Cada día deben ganarse el transporte. Ni siquiera pueden quedarse una hora después de clases en algún café para compartir experiencias. Nada. El grupo que se reunía para caminar a la 18 calle ya no existe. En dos años se fue reduciendo. Los pocos que quedaron tuvieron que pasarse al sábado. Eso, precisamente, es el subdesarrollo: robar oportunidades, matar las ilusiones de los artistas emergentes, subsidiar a los ladrones del transporte.

@juanlemus9

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