Opinión

Sin fronteras

Debatir racismo, sí. Pero para avanzar

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

En el coliseo del debate, desde sus butacas, los participantes se lamen las heridas, cuales bárbaros lastimados, tras una semana de intensa discusión sobre racismo en el país. Pero quedó el acostumbrado resultado de una polémica en Guatemala: mayor polarización, poca intención de llegar a consensos, y un escaso o nulo avance hacia cualquier orientación común. La Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo –CODISRA- exhibió públicamente a la propietaria de una pequeña tienda de tejidos tradicionales indígenas, por considerar su nombre ofensivo a esa población. Pero lejos de sensibilizar a los ideólogos que siguen creyendo en la superioridad desde la raza, el efecto más bien, fue el contrario. El apoyo del público se volcó hacia la acusada.

Gran parte de la atención que generó este caso, se centró sobre si el nombre de una desconocida tienda “María Chula”, contiene o no una expresión racista. Y, aunque se ve positivo que el país dialogue, queda la sensación de que existen oportunidades más fundamentales para comprender este flagelo impregnado desde la colonia. Primero, divulgando información sobre qué es racismo, para que las discusiones sean más sustanciosas. Y luego, dirigiendo el ataque institucional hacia casos de mayor trascendencia.

En su complejidad, el racismo se puede resumir como un prejuicio —no sustentado en ciencia—, de que ciertos fenotipos (rasgos exteriores de un grupo humano) otorgan superioridad a quienes los poseen, sobre quienes no. Y la forma de prejuicio predominante, es la de personas de tonos claros, sobre personas de tonos oscuros. En Guatemala, particularmente, de ladinos por encima de indígenas. Pero al igual que en todo crimen, hay variadas formas para ejercer la expresión racista. Dependiendo de si se tiene o carece de intención, podrá haber agresiones dolosas o culposas. Y por su gravedad, pueden acompañarla circunstancias atenuantes —como la falta de ilustración sobre la ofensa—, o agravantes, como la alevosía, el ensañamiento, el menosprecio al ofendido, y otras estipuladas en nuestra legislación penal, tal como realizar el hecho con abuso de autoridad.

Por ello, llama la atención el criterio de CODISRA al concentrarse en este caso, cuando pudo ser más productivo colocar en el banquillo a ofensores que con intención flagrante, discriminan alevosamente, mostrando desprecio, en muchos casos, desde sus posiciones de poder. Y es que estos casos abundan. Por ejemplo, ¿quién olvida el espantoso evento de aquellos diputados contra la gobernadora Ventura de Alta Verapaz? O cabe preguntar, ¿dónde estuvo CODISRA cuando los pueblos indígenas fueron excluidos de las reformas a la Constitución? Difícil quizá, cuando la Comisión es brazo de un presidente que no pide perdón por haber utilizado las imágenes indígena y garífuna para hacer reír a su público. En serio, sobre esto hay cuestiones de trascendencia nacional. Digamos ¿hace algo la Comisión para impedir que el hermano del presidente Morales continúe su intención de expoliar al museo “Por qué estamos como estamos”, que es la única exposición en el país que educa sobre discriminación?

Habrá quien considere positivo que, por lo menos, el tema de la discriminación se haya debatido. Pero esto sería más fructífero si la sentencia recayera sobre agresores más viles, y no sobre una joven emprendedora que, buscando salir adelante, generó simpatía. Los esfuerzos pueden dirigirse hacia el crecimiento colectivo, pues la Comisión es un ente público, de índole nacional, y no sectorial. Y el racismo, como toda causa de división, nos afecta a todos.

@pepsol