Opinión

la era del fauno

Delia Quiñónez fue galardonada

Juan Carlos Lemus

Juan Carlos Lemus

Delia Quiñónez es, quizá, una de esas escritoras menos nombradas, pero de profundidad mayor en la producción literaria nacional. Su poesía no ha sido del todo analizada. Probablemente se deba a que en el medio cultural se suele anteponer los cargos, méritos, pertinencias grupales y títulos antes que la fuerza procreada en los poemas de un autor. Para decirlo de otro modo, la poesía, a la mayoría, no le importa, solo el galardón que se le cuelga a la poeta.

El mérito académico y creativo no se repelen, por el contrario, cuando se encuentran enlazados en la misma persona pueden alcanzar resultados paradigmáticos. La escritora Delia Quiñónez recién fue designada Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. El galardón es considerado el máximo ofrecido por el Estado de Guatemala a un escritor o escritora, como reconocimiento a la obra de toda su vida. Es entregado anualmente por el Ministerio de Cultura y Deportes.

El primero en recibirlo fue el poeta Luis Alfredo Arango (1935-2001), en 1988. Hasta la fecha ha sido designado en 29 ocasiones: a 23 hombres y seis mujeres, incluyendo a Quiñónez. Son ellas, además de la mencionada, Luz Méndez de la Vega (1919-2012. Premio Nacional 1994), Margarita Carrera (1996), Ana María Rodas (2000), Isabel de los Ángeles Ruano (2001) y Carmen Matute (2015).

El premio ha sido rechazado en una oportunidad. Humberto Ak'abal declinó del mismo, correspondiente al 2003. Los motivos del escritor merecen ser anotados con más detalle en otra columna. Por ahora, quisiera destacar la trayectoria de la poeta galardonada este 2016.

El camino ha sido largo. Quiñónez ha cruzado mares académicos y quien sabe cuántas saudades para encontrarse frente a su obra reconocida. Por eso resultan útiles los galardones, porque vienen a recordarnos que allá, tras un escritorio, tras la cátedra, tras los méritos académicos hay una poeta.

Aun cuando su obra es contenida en la esfera literaria nacional por su pertinencia de grupo y por su género femenino, su voz no destaca por feminista ni por un lenguaje de denuncia social, sino por el summun dialéctico humano, amoroso, de incertidumbre que contiene.

“Cuando la soledad/ se me volvió un rito sin sentido,/ desdeñé la vastedad del universo./ Despejé océanos/ para abrirme caminos/ que mutaran/ las viejas formas de sal/ que ataban/ mi mano y mi palabra.// Olvidé planetas y estrellas ilusorias/ y volví entre sombra de musgos/ y rocas silenciosas”

Quiñónez formó parte del grupo Nuevo Signo, referente de la literatura que se cohesionó a partir de 1968, integrado por ella y los escritores Luis Alfredo Arango, Antonio Brañas, José Luis Villatoro, Julio Fausto Aguilera, Roberto Obregón y Francisco Morales Santos. El grupo desarrolló un enfoque estético, comprometido con la literatura como forma de expresión social. Puede que, a partir de su relación con ellos, Delia desarrollara la forma tan bien cuidada, esa disciplina ósea que carga fuertes emociones y caracteriza a Nuevo Signo.

Por si quieren leerla, entre sus títulos destacan Barro pleno (1968); Otros poemas (1982); Nos habita el paraíso (1990); Ultramar (1991); Vuelo de piedra, puño y flor (1999), y Rituales sobre la piel (2007). Es autora de ensayos sobre literatura, arte y feminismo. Es licenciada en Letras por la Universidad del Valle. Desde 2001 es Miembro de Número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. Tomó posesión con el discurso titulado “Letra sobre letras; motivos para el poema”.