Opinión

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Esto sí debería movilizar un país

Carolina Escobar Sarti

Carolina Escobar Sarti

Sandra Johana tenía 8 años y vivía en Zacapa. Dicen algunos vecinos que la hermana menor presenció el hecho, que la ropa estaba toda rota, que la playera que tenía en la boca le llegaba hasta la garganta, y que el pequeño cuerpo tirado en el patio de su casa estaba destrozado. Apenas un par de noticias breves en los medios nacionales, diciendo cosas como la siguiente: “En la comunidad de Cerro Pelón, Zacapa, fue atacada, violada y asesinada una niña de 8 años de edad, la cual perdió la vida a manos de unos individuos que aprovecharon que la niña se encontraba sola sin sus padres. Fue entonces cuando entraron a su hogar en horas tempranas ya que los progenitores habían salido hacer una diligencia a la cabecera departamental de Zacapa. (…) falleció por diferentes golpes y estrangulada, a razón de que el cuerpo fue encontrada desnuda con un lazo en el cuello y una playera en la boca informaron agentes de la PNC.” (El Zacapaneco-15/11/16).

Esto debería de movilizar a un país, pero como Guatemala no lo es, se entiende. Guatemala ha tenido, desde 2001, un promedio de 700 femicidios por año, pero el 2016 ha sido el peor de todos: hasta hace dos semanas, la cifra de femicidios ascendía ya a 1161. En Argentina, el caso de la joven de 16 años, Lucía Pérez, indignó a una sociedad entera. El eco de aquello se sintió en todo el mundo a la voz de #NiUnaMás. Acá, la violencia sexual está tan normalizada que pasa como noticia cotidiana.

En otras noticias del último mes, el cuerpo de una adolescente guatemalteca de aproximadamente 14 años, fue hallado en Lo de Bran de Mixco, seccionado en 7 partes, ubicadas cada una en igual número de bolsas plásticas. Un par de semanas antes, los cuerpos de dos mujeres calcinadas y descuartizadas habían sido hallados cerca del parque la Cerra, en San Miguel Petapa. Junto a los cadáveres, una nota que decía: “x los que anden gorras planas” Att: For men sin piedad”. Esto me recordó aquella nota en el cuerpo violado y torturado de la mujer, hallado en un hotelito de la zona 1 hace 15 años. A ella le habían escrito: “Por perra”.

Todo forma parte de una misma lógica, sostenida por un mismo orden. Un orden machista y patriarcal, además interpretado muy mal por muchos y muchas. El acosador callejero, el violador, el torturador, el asesino de mujeres, el golpeador y el abusador, todos son variables del mismo orden, en grados y formas distintas, pero iguales en el fondo. Los políticos que hacen bailar jovencitas y después las violan, para luego abanderar causas a favor de las mujeres; los empresarios que contratan servicios de edecanes de la edad de sus hijas o permiten a sus hijos ir “donde las putas”; los maridos que se ven “normales” pero asesinan a las mujeres que les han dado hijos; los padres y abuelos que dicen amar a sus hijas y por ello tener el derecho de violarlas, todos son parte de esa misma lógica.

No podemos permitirlo más. El Estado de Guatemala (la sociedad civil y la sociedad política) tiene que dar una respuesta integral a esta problemática desde que niñas y niños entran a la vida. Proteger a la niñez sin falsos moralismos, prevenir educando a toda la población y a todos los sectores, sancionar cuando la justicia así lo requiera, y abogar por cambiar el imaginario de violencia al que estamos acostumbrados en las instituciones, empezando por la familia.

No podemos pasar por esto sin indignarnos, sin actuar, sin decirlo en cada casa, en cada calle, en cada autobús, en cada lugar de trabajo, en cada relación de pareja. Porque aunque a nadie le guste hablar de violaciones y violencias sexuales contra las mujeres desde que son niñas, los hechos nos dicen que existen. Y Guatemala, sigue siendo en el mundo, uno de los lugares más peligrosos para crecer como mujer.

cescobarsarti@gmail.com