Opinión

Persistencia

Exaltación de la mujer en el mundo heleno

Margarita Carrera

Margarita Carrera

En contraste con el mundo socrático-platónico, la mujer en la épica homérica no sólo es rechazada, sino cobra un papel de principalísima relevancia.

En efecto, la Ilíada de Homero gira alrededor de tres mujeres representativas que inducen a los héroes a la guerra de Troya o a la cólera del Pelida Aquileo:

a) Helena: es la causante de la guerra de Troya; de ella, deduzco, toman los “helenos” su nombre de conglomerado social. Casada con el aqueo Menelao, se deja raptar por el troyano París (o Alejandro), yéndose a radicar a la ciudad de Troya.

Menelao y su hermano Agamenón, rey de Micenas, inducen a los otros reyes aqueos a dirigir una expedición en contra de Troya, con el fin de rescatar a Helena.

b) Criseida: hija de Crises, sacerdote de Apolo, tomada por Agamenón como esclava o concubina, por preferirla, según sus palabras, a su esposa Clitemnestra: “La prefiero, ciertamente, a Clitemnestra, mi legítima esposa, porque no le es inferior ni en el talle, ni en el natural, ni en inteligencia, ni en destreza (…)”.

c) Briseida: “la de hermosas mejillas”, que pertenece como recompensa a Aquileo, le es arrebatada a éste por Agamenón, quien colérico, quiere reponerse de la pérdida de Criseida.

Esta es la causa de “la cólera del Pelida Aquileo”, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes (…)” Porque por esta cólera Aquileo decide retirarse de la batalla en contra de los troyanos.

En esta forma, la belleza Helena, que admira y atrae tanto a aqueos como a troyanos, conduce a que unos y otros se peleen, en son de guerra, por poseerla. Pero oigamos las palabras de Homero al hablar de ella:

“Entonces la mensajera Iris fue en busca de Helena, la de níveos brazos, tomando la figura de su cuñado Laódice, mujer del rey Helicaón Antenórida, que era la más hermosa de las hijas de Príamo. Hallóla en el palacio tejiendo una gran tela doble, púrpura, en el cual entretejía muchos trabajos que los teucros, domadores de caballos, y los aqueos, de broncíneas corazas, habían padecido por ella (…) Paróse Iris, la de los pies ligeros, junto a Helena, y así le dijo:

“Iris. —ven acá, ninfa querida, para que presencies los admirables hechos de los teucros, domadores de caballos, y de los aqueos, de broncíneas corazas (…). Alejandro y Menelao, caro a Ares, lucharán por ti con ingentes lanzas, y el que venza te llamará su amada esposa.

“Cuando así hubo hablado, le infundió en el corazón dulce deseo de su anterior marido, de su ciudad y de sus padres. Y Helena salió al momento de la habitación, cubierta con blanco velo, derramando tiernas lágrimas; sin que fuera sola, pues la acompañaban dos doncellas, Etra, hija de Piteo, y Climene, la de los ojos de novilla. Pronto llegaron a las puertas Esceas. (La Ilíada, “Rapsodia III. Juramentos desde la muralla.)

El hombre homérico no le teme, como el socrático, a la mujer. Tampoco considera a ésta como un varón imperfecto, pues tiene sus propias y definidas “aretai”.

Por ello el mundo homérico se ve carente de esta perversión. La mujer ex exaltada como tal, amada y deseada. Imposible, luego, como se ha especulado, que entre Aquileo y Patroclo exista algo más que una profunda y verdadera amistad.

Otra rapsodia en donde relata Homero la alta condición de la mujer helena y el aprecio que de ella tiene el varón, es, sin duda, la “Rapsodia VI: Coloquio de Héctor y Andrómaca”. Una tierna escena familiar en donde se unen, en amor, el esposo, la esposa y el hijo. Ante las súplicas de Andrómaca para que Héctor no se enfrente en la guerra con Aquileo, dejándola a ella y a su hijo desamparado.