Opinión

Tiempo y destino

¿Hay resistencia pacífica en USA?

Luis Morales Chúa

Luis Morales Chúa

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EL INFORME DIVULGADO el jueves según el cual Hilary Clinton, la derrotada candidata demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos, ha obtenido dos millones de votos populares más que Donald Trump, candidato republicano, ganador en los votos del Colegio Electoral, es un hecho que puede fortalecer la actitud de funcionarios estatales y municipales dispuestos a no acatar potenciales disposiciones del Gobierno federal contra migrantes latinoamericanos entre los cuales figuran muchos guatemaltecos, adultos y niños.

El primero en colocarse en rebeldía contra las medidas anunciadas por Trump en relación a los inmigrantes, ha sido el muy popular alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, hijo de un inmigrante italiano y casado con una ciudadana afroamericana. Simultáneamente, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha formulado declaraciones en el sentido de que defenderá a las minorías raciales, étnicas y religiosas, de cualquier disposición del Gobierno federal que pueda afectarlas. Ambos funcionarios son demócratas.

En esa forma el movimiento en favor de los migrantes que van en camino y de los residentes indocumentados está ampliando fronteras interestatales, desde 1980, cuando llegaron en masa al territorio estadounidense personas que escapaban de las represiones sangrientas de gobiernos centroamericanos con motivo de los conflictos armados internos que se desarrollaban en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

Según publicaciones periodísticas, que figuran en internet, fue por aquellos años cuando comenzaron a surgir en los Estados Unidos santuarios para los “ilegales”. Hoy ese movimiento humanitario cobra fuerza en 326 condados y en ciudades como San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Miami, Chicago, Seattle, Houston, Phoenix, Austin, Dallas, Filadelfia, Washington DC, Detroit, Salt Lake City, Minneapolis, Baltimore, Portland, Denver, New York y el estado de New Jersey. Pero, al mismo tiempo funcionan movimientos opuestos que promueven castigo a las ciudades santuario, reacción hostil contra los inmigrantes —cuya deportación demandan— que tiene uno de sus variados orígenes en el caso de un mejicano que había sido deportado cinco veces y al retornar por última vez obtuvo protección en uno de esos santuarios y tiempo después mató a tiros a una mujer. Otro de los motivos notorios es el evidente espíritu de discriminación contra los latinoamericanos. Y hay otros motivos más.

En un artículo firmado por Ernesto Santillán y que puede ser consultado en ciudades/cultura colectiva, el autor expresa que se desarrolla actualmente “una discusión sobre si la protección que ofrecen las ciudades santuario a los emigrados contraviene leyes o afecta a las poblaciones” y que el Senado —añade— “discute actualmente una propuesta para recortar los fondos que reciben esas ciudades y así obligarles a cooperar con las autoridades federales en la deportación de inmigrantes”.

A ese panorama conflictivo se suma el hecho de que la candidata demócrata obtuvo más de 300,000 mil votos populares que los del candidato republicano, en la primera gran jornada de votaciones —hoy la ventaja demócrata es de más de dos millones de votos— y, no obstante ser ganadora, perdió en el Colegio Electoral, motivo por el que algunos descontentos con lo ocurrido están llamando a una “rebelión” contra el candidato ganador, y se proponen reunir millones de firmas para que el sistema electoral sea reformado y eliminado el Colegio Electoral. Paralelamente gana terreno una solicitud para que se haga un recuento de votos en Wisconsin, Michigan y Pensilvania, donde la diferencia fue mínima. Y los resultados podrían cambiar. El Partido Demócrata puede sumar más votos, ya que los resultados finales serán conocidos hasta el 13 de diciembre de diciembre próximo. Así es el sistema electoral en los Estados Unidos. A veces funciona como ganapierde.

En todo caso, la suerte está echada. Trump será el nuevo presidente.