Opinión

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La avaricia trastoca las soluciones adecuadas

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

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Corrupción en Guatemala

Hay lugares donde esperan tu vuelta. No hay rencor ni deudas por pagar porque se saldaron culpas y errores. Se trata de la tierra del olvido. Dichoso aquel que no tiene que preocuparse por buscar falsos culpables. Olvidar es una virtud cuando hay justicia.

En otros sitios siempre se está a la caza de responsables, pero la busca se realiza con total torpeza. Cuando se produce un accidente de tránsito, no se culpa al chofer, pues siempre escapa. Tampoco al dueño del transporte, que se esconde tras una denuncia de robo o venta sin aviso. Ante la angustia de encontrar responsables, se deducen responsabilidades sobre el tramo carretero. La desgracia fue producida por la Curva del Chilero o la Cuesta de las Cañas. Los recursos usuales son golpear el pavimento, poner túmulos, etc.

Ocurre que se ordena una carretera de cuatro carriles de ida y vuelta. Pero no se hace la mitad de los puentes. En vez de recurrir a los tribunales para que declaren nulo el negocio o se ordene la intervención para construir de urgencia los puentes faltantes, se entretiene el asunto. Así la carretera se arruina. Una parte se transita en zigzag, y la otra parte se disuelve literalmente, por las copiosas lluvias de la costa. La preocupación consiste en señalar al concuño, al fugado, etc. Todo, menos concentrarse en lo debido, utilizar la carretera. Al final ni uno ni otro.

Quizás no se construye porque hay una maldición sobre los puentes. Todos deben ser cambiados por nuevos. El negocio es pagar estudios, luego se hacen evaluaciones, para que la reconstrucción quede para próximos gobiernos. Ya se caen, dicen; pero allí están. ¡Cuidado! algunos geniecillos pueden llegar por la noche a inutilizar pernos y propiciar la caída en la hora de más tráfico. El sabotaje es un deporte nacional. Como medida precautoria se prohíben las fotografías sobre los puentes, pues si las imágenes digitales son muy pesadas, pueden hacer colapsar a la estructura.

Cuando se producen desgracias en los hacinados centros de detención, se procede de similar manera. Rara vez se apresa al alcaide o superiores. Se desconoce la responsabilidad de la sección o callejón donde se asesina al rey de las cárceles. Peor todavía, no se establece quién era el encargado de aislar a la prisión de tráfico de armas, alcohol y drogas. Mucho menos los que autorizan la salida o entrada para servicios sexuales. Pasado el hecho, todo vuelve a funcionar igual. Se restablece el contrabando de celulares, teléfonos inteligentes, armas y estupefacientes legales o ilegales. El hacinamiento se incrementa. Todo se deja listo para la próxima. El pago de las extorsiones sigue fluyendo.

Finalmente, cuando hay desgracias, se opta por la solución, abandonar el edificio aduciendo que moran demonios. Las cien mil vírgenes no alcanzan a purificar los hogares seguros. Se debe continuar en otro lugar, en condiciones de hacinamiento; pero, donde se produjeron muertes por una funesta pira debe clausurarse. La salida es el negocio: alquilar doce o más casas, en contratos deshonestos.

Ante la necesidad de reducir la impunidad se pasa a fórmulas mágicas. La mejor es abracadabra que deje de ser institucionalizado y pase a ser abandonado. El hechizo producirá servicios de cuidado y hogares sustitutos, de la noche a la mañana, sin comprometer recursos ni supervisión.

La honestidad y la justicia promueven el olvido que baja el encono. Mientras que frente al escarnio del peculado y la incompetencia no se remueven causas y malos funcionarios, sino se pide que la corrupción sistémica del país sea el secreto mejor guardado.

mosquera@doctor.com