Opinión

Pluma invitada

¿Podría un huracán azotar aún a Guatemala?

Pablo Rodas Martini

Hacía mucho que el Atlántico no producía una temporada tan activa de huracanes y tormentas tropicales. La lista ha sido larga pero peor la agresividad de Harvey, Irma y María, provocando daños incalculables. La temporada del 2017 podría ser la nueva norma para los próximos años, debido al cambio climático.

El “combustible” de los huracanes —conocidos como ciclones y tifones en otras partes del mundo— es el agua cálida; por eso no ocurren en latitudes más al norte o al sur, y por eso pierden fuerza a medida que se alejan del ecuador. Si el cambio climático aumenta no solo la temperatura de la atmósfera, sino también la de los océanos, mayor agua podrá evaporarse, alimentando con más “combustible” el tamaño y la potencia de los huracanes.

De la temporada actual —inicios de junio a finales de noviembre— han surgido Harvey y Katia, en el Golfo de México, e Irma, José, María, Lee y algunas otras tormentas tropicales en el Atlántico. La duda para Guatemala, y por ende para la península de Yucatán, Honduras, El Salvador, Nicaragua y parte de Costa Rica —Panamá es inmune, por su posición geográfica—, es si todavía podría surgir en el mar Caribe un huracán que nos llegara a embestir. Antes aclaremos cuatro puntos.

Primero, los huracanes que nacen al oeste de las costas de África casi nunca afectan a Centroamérica. Los huracanes son empujados hacia el noroeste por la combinación de los vientos alisios y la rotación de la tierra, el efecto Coriolis. Segundo, los huracanes que nacen en el Golfo de México también siguen hacia el norte —muy raras excepciones hacia el suroeste—, por lo que nunca nos ha afectado uno que nazca ahí. Tercero, los huracanes que han azotado a Guatemala han nacido siempre en el mar Caribe: frente a Venezuela o Colombia —la mayoría, como el huracán Fifí y la tormenta tropical Mitch—, frente a Costa Rica o Nicaragua, o frente a Belice y Honduras —el caso de la tormenta Stan—. Cuarto, los huracanes también surgen en el Pacífico Oriental, pero como la mayoría toma hacia el noroeste o norte, se pierden en el Pacífico o afectan a México; raras veces a Guatemala.

¿Podría golpearnos todavía un huracán en estos dos meses que quedan? Fifí duró del 14 al 24 septiembre; Stan, del 1 al 5 de octubre; Félix, del 31 de agosto al 7 de septiembre. ¿Nos salvamos? Todavía no: el Mitch del 22 de octubre al 9 de noviembre, ya hacia el final de la temporada.

¿Por qué tan tarde aún? El Golfo de México y el mar Caribe, por ser mares, tienen menor profundidad que el propio Atlántico, lo que hace más cálida el agua y permite huracanes tardíos. Con aguas más calurosas, no tienen que recorrer todo el Atlántico desde las costas de África para “nutrirse”, sino que pueden “llenar sus tanques de combustible” en muy poco tiempo, con efectos devastadores como el Mitch, casi sin dar tiempo para reaccionar.