Opinión

Persistencia

Profundidad psicológica de los héroes homéricos

Margarita Carrera

Margarita Carrera

Tanto física como psíquicamente, Homero no describe al héroe en su totalidad. Le basta hacer alusión a los caracteres o cualidades físicas y psíquicas más sobresalientes.

Así, físicamente, Aquileo es “el de los pies ligeros”, parecido a los dioses: “deiforme”. Su madre es una diosa, Tetis; su padre, un humano, Peleo, descendiente de Zeus; pero, aún así, “de corta vida”, o “el héroe de más breve vida”.

Psíquicamente es “el más valiente” de los aqueos: asimismo, prepotente, tal cual lo describe Agamenón: “(...) este hombre quiere sobreponerse a todos los demás; a todos quiere dominar, a todos gobernar, a todos dar órdenes (...) los sempiternos dioses le hicieron belicoso (...)”.

A Héctor lo describe Homero físicamente diciendo “El esclarecido Héctor, que por su aspecto a la rápida noche semejaba”. Parte de su físico viene a ser su “tremolante casco”; tan temerario que ha de quitárselo, tal es el miedo que infunde a su hijo; “tierno infante”. También se le da el apelativo del de “broncínea armadura”. Psíquicamente es el “más valiente de los troyanos”; tan es así que Andrómaca le dice: “¡Desgraciado! Tu valor te perderá (...)”. Además es el “Domador de caballos”, el “esposo compasivo”, el “padre amoroso”, el “buen hermano”. Es “ilustre” y “audaz”. El apelativo más destacado por su valentía es: “matador de hombres”. Como Aquileo, también desciende, aunque no directamente, de los dioses, por lo que se le llama “el divino Héctor”.

Por tales descripciones morales y psíquicas de Héctor, notamos que Homero siente por él simple simpatía; quizá más que por Aquileo.

A Odiseo (o Ulises), Homero le denomina, desde el principio de la Odisea, “varón de multiforme ingenio”; por provenir de los dioses, es también “el divinal Odiseo”. Atenea le llama “el prudente y desgraciado Odiseo”, por ser múltiples las desgracias que le suceden en su prolongado retorno a Itaca, su tierra, donde le espera su fiel esposa, Penélope, y su hijo Telémaco. En otras ocasiones, y por la misma causa mencionada, se le llama el “infortunado y afligido Odiseo”. Zeus le dice que “por su inteligencia se señala sobre los demás mortales”. Es también “el paciente Odiseo”; si no logra regresar a Itaca, su hijo Telémaco le denomina “el varón cuyos blancos huesos se pudren en el continente por la acción de la lluvia o los revuelven las olas en el seno del mar”; es el “más infeliz de los mortales”. Sin embargo, los apelativos más constantes en la Odisea, al referirse a su héroe son: “Laertíada del linaje de Zeus ¡Odiseo, fecundo en ardides!”. Por boca de Nausícaa sabemos que es hermoso como los dioses, cuando enamorada ya de él exclama: “Al principio se me ofreció como un fulano despreciable, pero ahora se asemeja a los dioses que poseen el anchuroso cielo. ¡Ojalá a tal varón pudiera llamársele mi marido!”. Otro apelativo constante es “el paciente divinal Odiseo”, donde va unida a una cualidad psíquica, “paciente”, una física, “divinal”.

Simón hace la observación de que si bien en la Ilíada el héroe no está jamás solo, sino forma parte de un grupo, en la Odisea, Odiseo no únicamente está solo, sino él en sí mismo es un solitario. Las decisiones que ha de tomar Odiseo frente a los obstáculos que se le presentan en su regreso a Itaca las debate consigo mismo, más que con los dioses.

Si la Iliada tiene múltiples héroes, la Odisea se concentra en uno solo. Tanto por su astucia como por su sentimiento de desolación, Odiseo se llama a sí mismo “Nadie”. Y en efecto casi siempre, nadie, sino él mismo se ayuda a sí mismo, a pesar de la constante protección que le desea dispensar Atenea.