Opinión

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Propuestas para afrontar problemas emergentes

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

La proyección futura de la realidad mundial es harto difícil. Aparentemente las potencias se replegarán sobre sí para ganar fortaleza interna. En ese marco, Guatemala necesita estar consciente de su estatura geopolítica, reconocer sus alcances estratégicos y obtener intercambios provechosos para mejorar su economía.

Se tiene una frontera con uno de los bloques comerciales más ricos del mundo. Aunque se amenaza con desmontarlo, los intereses que se han tejido en las últimas décadas hacen imposible desarmarlo en poco tiempo. En consecuencia, México está obligado a un ajuste para mejorar su competitividad. Por lo tanto, se debe impedir que el quetzal sobrevalorado siga favoreciendo la inundación creciente de mercancías de contrabando.

La complementariedad económica con México es difícil, pero no imposible. Similar al área gubernamental de atención a la integración económica centroamericana, la administración debería organizar un viceministerio dedicado a fomentar los negocios con México sobre bases mutuamente convenientes. Para ello se debe abandonar la incomprensión de la magnitud industrial, comercial y agrícola de la federación mexicana. Se debe entender que un solo Estado del vecino país tiene una economía equivalente a la nuestra, para no mencionar población, extensión o diversidad ecológica.

Además, urge reaccionar rápido a las modificaciones al TLCEUCA+RD. El comercio con EE. UU., el primer socio comercial del país, lo ha favorecido, pues las compras de productos con ese origen han crecido en 7.4%, mientras las ventas solo se incrementaron en 6.7%. Obsérvese que la tercera parte de la importación desde ese país son derivados del petróleo. Fuera de lo discutible del concepto, Guatemala no roba trabajos a los norteamericanos, salvo que deseen las clausuradas fábricas textiles a destajo en viejos edificios de destartalados. Así, pues, debe alejarse la discusión de asuntos políticos mezclándolos con la economía y subrayar la necesidad de perfeccionar la relación comercial.

En el área de cooperación, el modesto plan alianza para la prosperidad del Triángulo Norte fracasará si no se acompaña con apoyo financiero gubernamental a iniciativas locales. Promover giros de empresas de servicios desde el turismo rural hasta la construcción. El fomento del mercado interno no puede hacerse solo con remesas condicionadas, se necesita apoyar a los pequeños empresarios.

Centroamérica necesita de nuevos medios de transporte. El terrestre muestra bloqueos de difícil remoción y una lentitud exasperante, por lo que procede el marítimo. Las opciones son dos: 1) establecer un sistema expedito masivo de transporte en contenedores, donde la empresa danesa Maersk ya inició la fase preparatoria. Los problemas de corrupción gubernamental, caso TCQ, retrasan la opción. En el resto de Centroamérica, varios puertos ya están en operación. Se llegará tarde, ocupando una posición subordinada; 2) Es una promesa, pues no hay indicios de generar el cabotaje sobre una economía popular. Los viejos puertos funcionarán con el desarrollo de la marinería. Para el efecto, hay que fortalecer a la fuerza naval militar y fundar financieras para la compra de pequeñas embarcaciones. Una de dos, contenedores o cabotaje; improcedente no hacer nada.

Únicamente alcanzando los mercados de las islas del Caribe se ampliará el mercado para los productos guatemaltecos y centroamericanos. La complejidad de los procesos mercantiles de escala masiva puede ser vencida por la simplicidad de negocios llevados adelante por emprendedores individuales. Hoy no existe ese sujeto social, pues se vive de espaldas al mar. Ello impide desarrollar una de las ventajas geográficas de los países del Istmo. ¿Qué propone el ejecutivo nacional?

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