Opinión

ENCRUCIJADA

Trayectorias para Grecia

Juan Alberto Fuentes Knight

Juan Alberto Fuentes Knight

Hay por lo menos tres trayectorias que Grecia, después de un plebiscito que exigió respecto de su soberanía, podría seguir para enfrentar sus desbalances económicos. Primero, puede imaginarse un ajuste prolongado y doloroso, con austeridad extrema, como la que vivió América Latina durante la mayor parte de la década de los años de 1980. Aparte de una difícil transición política para pasar de dictaduras militares a regímenes democráticos, se implementaron entonces políticas de ajuste, apertura y privatización para pagar la deuda externa. El costo fue altísimo: esta época se recuerda como “la década perdida” de América Latina. Quizás más importante: la pobreza aumentó de 40% a 48% en la región. Grecia ya experimentó esta trayectoria: la ha sufrido durante tres años, con exigencias externas de austeridad extrema justificadas con base en un moralismo absurdo y con un fuerte deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población.

La segunda trayectoria sería un proceso de ajuste más gradual, con apoyo financiero externo y con costos del ajuste mejor distribuidos. El final de la crisis de la deuda de los años de 1980 en América Latina se logró en buena parte gracias a la implementación del Plan Brady, apoyado por el Gobierno de Estados Unidos. Significó condonar parte de la deuda y emitir nuevos bonos (Brady) que con un descuento garantizaban el pago de la deuda. Continuaron aplicándose ciertas políticas de ajuste, algunas necesarias y otras cuestionables, pero pudieron relajarse en la medida en que los países volvieron a tener acceso a los mercados de capitales. Crecieron y redujeron la pobreza. El acuerdo que ha pretendido negociar el gobierno griego con la Unión Europea busca acercarse a esta opción.

La tercera trayectoria es que Grecia no llegue a un acuerdo con sus acreedores y que deje de pagar su deuda. El costo puede ser muy alto: quiebra de bancos, dificultad para importar debido a la salida de divisas, y una devaluación fuerte con inflación, al tener que abandonar el euro y adoptar una nueva moneda. La recesión inicial sería profunda, pero tampoco es una situación imposible de enfrentar. En este caso una fuente de lecciones es Argentina, que hizo algo parecido en el 2002 y que luego logró crecer. Uno de sus costos es ya no tener acceso al mercado internacional de capitales, y muchos se preguntan si Grecia con el turismo puede lograr lo mismo que Argentina, que con el auge de sus exportaciones agropecuarias logró volver a una trayectoria de crecimiento.

El plebiscito le da autoridad al gobierno griego para avanzar con la segunda o tercera trayectoria. Pero hay tres lecciones. Primero, todas las opciones generan costos, aunque con magnitudes y distribuciones diferentes. Segundo, debe reconocerse que a los grandes bancos europeos, especialmente alemanes y franceses, les corresponde pagar por su irresponsabilidad crediticia, que en parte desató la crisis. Tercero, las decisiones son nacionales: no dependen exclusivamente de bancos, organismos internacionales o gobiernos externos. La democracia pesa.

fuentesknight@yahoo.com