SI ME PERMITE

Triste recuerdo conmovedor

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El 29 de Enero de este año se publicó la declaración panarmenia del centenario del genocidio Armenio, el cual será recordado el 24 de este mes, como se ha venido haciendo todos los años desde la finalización de la Primera Guerra Mundial. Para hacer algunas referencias que nos podrán ayudar, deberíamos iniciar por el concepto del Genocidio que se incorporó tardíamente en estructura jurídica y esta como resultado del famoso jurista judío Rapael Lemkin, que introdujo el neologismo en 1946.

El caso de los armenios inicia en el Imperio Otomano un posible desmembramiento para una independencia futura. Las primeras respuestas llegaron con dos masacres, una en 1894 y la otra, en 1897, sumando la muerte de 200 mil armenios, y en 1909 se suman 30 mil más.

Cuando estalló la Primera Guerra, en 1914, las cosas se empeoraron y, como el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk describe: “Treinta mil kurdos y un millón de armenios murieron en estas tierras”, y que por escribir esto tiene que vivir en el exilio deja claro que lo que se vivió hay que decir: “Lo ocurrido entre 1915 y 1917 no puede ser llamado de otro modo que como un genocidio”.

Este triste recuerdo que enluta a los armenios por su confesión cristiana hoy toma una relevancia especial por lo que se vive en países de confesión musulmana y que el mundo poco o nada dice al respecto. Tanto nos acostumbramos al mal que por no decir nada, especialmente los que deben decir algo, esto se repite, la historia lo hace claro por lo que pasa con el pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial y en proporciones mucho mayores.

Cómo se explica el silencio o bien la indiferencia cuando la masacre se da de aquellos que estando presentes no dicen “esta boca es mía”, permítanme simplemente decir que no es más que una actitud de complicidad y que cuando pasa el tiempo solo sirve para algún discurso y ponencia que nada ayuda a aquellos que perdieron la vida inocentemente y sin poder decir nada.

Hay daños colaterales graves difíciles de describir en el caso de los armenios. El número de fosas que llenaron con cadáveres es una cosa, peor es aquellos que, huérfanos, golpeados y despojados, caminaron en la vida por años sin poder recuperar su trauma. Personalmente, siendo hijo de uno de esos huérfanos de después todavía de una esclavitud fue secuestrado una noche para llevarlo a un orfanatorio, las cicatrices lo acompañaron toda la vida y no pudo curarse de ellas. Con una simple pregunta que se le hacía para completar un dato que tenía que ver con ese tiempo lo quebrantaba y alteraba el panorama. Cosas tan sencillas como qué fecha nació y no la sabía porque era un niño muy pequeño; por lo tanto se inventa una para suplir una necesidad.

Nuestra Guatemala, tan golpeada, debería aprender de la historia y la realidad que otros vivieron para no usar términos incorrectos cuando busca hacer justicia. No es lo mismo genocidio que crímenes.

Al recordar el centenario del genocidio armenio quiero invitarle a aprender la lección de no permitir que el dolor de uno que se lleva tan adentro sea usado para hacer discursos políticos y razonamientos egoístas para alcanzar notoriedad. Es mejor perdonar y aprender del pasado para que al recordar pedir que nunca más se vivan capítulos tan horrendos en nuestra historia.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.