CON NOMBRE PROPIO

¿Y el remedio?

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Una democracia corrupta es una farsa. Una República corrupta es una estructura de chantaje y represión. En teoría, una sociedad tiene con su voto el más grande de los poderes: concede la facultad de gobernar a unas personas que le convencen, pero ¿es esto cierto?

El sábado recién pasado, una manifestación espontánea aglutinó a izquierdas y derechas en la Plaza de la Constitución, y esto como país es bueno, pero ¿cuál remedio buscaremos para que todo este esfuerzo no sea solo un reacomodo en la estructura ancestral de defraudación aduanera?

La corrupción en aduanas es tan antigua como el pepián con arroz, así que si bien ahora por el descaro la cosa arroja tamaños espantosos, el “mercado del contrabando” es enorme y muchos se han enriquecido a costa de la estafa a las arcas estatales. Sin la defraudación aduanera este país fuera muy distinto y si los gobiernos democráticos hubieran establecido líneas prioritarias de ataque a ese crimen, pero si se hubiera intentado hacer eficiente la importación, otra historia cantara.

Para muchos es un calvario traer insumos y mercancías, y lo que es peor, para muchos otros es un dolor de cabeza y etcéteras exportar. No hemos privilegiado la actividad económica y hemos fabricado una institución como la SAT, en donde el criterio de ventanilla, los abogados retorcedores de normas y la constante prepotencia han pisoteado los derechos del contribuyente. La SAT es el mejor ejemplo de la creación de dificultades para traficar facilidades, y eso se llama corrupción. Del otro lado, muchísimos se han beneficiado corrompiendo, y así lo que menos existe es competencia, sino que beneficios a contrabandistas conocidos.

La corrupción de aduanas ha sido espantosa, pero, ¿qué haremos para cambiar? ¿Aseguran los candidatos actuales un cambio? ¿Pudo la “oposición haber evitado que la cosa no llegara a estos tamaños? Cada uno de nosotros debe responder esas preguntas, porque si no sometemos a nuestros gobernantes a la regla del derecho estamos condenando al país a vivir bajo violencia.

No intentamos relativizar la responsabilidad de quienes nos gobiernan, pero a nuestro juicio, esa mal llamada “oposición” de estos cuatro años ha edificado una farsa. Si en algo hubiera contribuido para constituir un verdadero contrapeso, mucho de esto se hubiera evitado y nuestra democracia hubiese madurado. Una democracia y una república sin oposición no tiene ningún futuro y la corrupción germina, acá y en cualquier parte del planeta.

Las elecciones son en septiembre, y ¿son ellas un remedio? ¿Aseguran que gente comprometida con la transparencia y honradez llegue a la sexta calle? ¿No es el sistema de financiamiento a los partidos políticos, en buena parte nutrido por contrabandistas conocidos, la fuente principal del problema?

Busquemos respuestas porque lo que sí es cierto es que ya el antecedente se hizo y el próximo gobierno debe tener mucha precaución con el manejo que a estos temas le brinde.

ESCRITO POR:

Alejandro Balsells Conde

Abogado y notario, egresado de la Universidad Rafael Landívar y catedrático de Derecho Constitucional en dicha casa de estudios. Ha sido consultor de entidades nacionales e internacionales, y ejerce el derecho.