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Guatemala, 25 de septiembre de 2008

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PERSISTENCIAMargarita CarreraFemicidio y feminicidio

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En mi columna de opinión del jueves 4/9/08, titulada “Feminicidio y genocidio”, me referí al libro de Victoria Sanford: Guatemala: del genocidio al feminicidio, publicado por F&G editores, en “Cuadernos del presente imperfecto No. 5”. Empezaba haciendo esta cita textual: “El feminicidio es un término político. Conceptualmente abarca más que el femicidio(…)”. Sin embargo, en vez de “femicidio” se escribió nuevamente “feminicidio”, algo que no tiene sentido alguno. Retomo, para aclarar estos dos conceptos, “femicidio” y “feminicidio”, lo escrito por Sanford en el capítulo “¿Por qué el feminicidio?”, Estos son sus conceptos: “(…)El concepto de feminicidio se basa en el término ‘femicidio’ que se refiere al asesinato de mujeres en escritos de criminología y también se refiere al crimen de odio contra las mujeres en la literatura feminista acerca del asesinato de mujeres (Russell y Harmes, 2001).

Al insistir en que el asesinato de mujeres sea analizado en un contexto más general de las estructuras patriarcales y de la misoginia, Russel define al femicidio no solamente como el asesinato de mujeres sino ‘como el asesinato de mujeres por hombres, porque son mujeres’. Russell categoriza el femicidio: ‘Como una forma de terrorismo que funciona para definir límites entre géneros sexuales, implementar y reafirmar la dominación del hombre y convertir a todas las mujeres en seres crónica y profundamente inseguros’.

En cambio, nos dice Sanford, “El feminicidio es un término político. Conceptualmente abarca más que el femicidio porque no solamente culpa a los perpetradores masculinos, sino también al estado y las estructuras judiciales que normalizan la misoginia. La impunidad, el silencio y la indiferencia son parte del feminicidio. El concepto feminicidio ayuda a desarticular el sistema de creencias que coloca a la violencia basada en la desigualdad de género sexual en la esfera privada y revela el carácter social del asesinato de mujeres como producto de relaciones de poder entre hombres y mujeres. Nos permite el análisis legal, político y cultural de las instituciones y respuestas sociales al fenómeno. El feminicidio nos remite a las estructuras del poder e implica al estado como culpable, sea por acción, tolerancia u omisión. En Guatemala, el feminicidio es un crimen que existe por la ausencia de las garantías que protegen los derechos de las mujeres.”

Ahora bien, continúa más adelante Sanford: “La impunidad en Guatemala incrementa los asesinatos de mujeres. Es la falta de seguridad lo que hace que las mujeres guatemaltecas teman tomar el autobús o juntarse con un amigo/a para tomar un café(…)”. Luego, cuando el padre o el hermano actúan como protectores de las mujeres en la familia, caen asimismo en una actitud patriarcal y misógina. Las toman como si fueran objetos de su propiedad. Lo que protegen, sobre todo, es su “honor”. Como sucede en La Ilíada, de Homero, en donde al perder a su esposa Helena, Menelao clama no tanto por Helena, sino por su honor, el cual debe ser reparado mediante la guerra de Troya.

Sanford se refiere, también, al asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, México, al citar a Marcela Lagarde en su trabajo sobre el feminicidio en esta ciudad: “Suceden los feminicidios cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones para prevenirlos, evitarlos y sancionarlos. El ambiente ideológico y social del machismo y la misoginia alientan estos crímenes.” Agrega Sanford que existen similitudes en el patrón de los asesinatos de mujeres registrados en Ciudad Juárez y Guatemala. Peor aún, “la tasa de asesinatos en Guatemala es mucho más alta. Entre 1993 y 2003 se registraron 370 asesinatos de mujeres en el estado mexicano de Chihuahua, en el cual Ciudad Juárez está localizada(…) En solamente el año 2003 se registraron 383 asesinatos de mujeres en Guatemala. Estos crímenes sexuales de género, dice la ONU, se incrementan con la impunidad: “muchos de los crímenes nunca fueron investigados por la simple razón de que las víctimas eran ‘solamente’ muchachas sin una posición social y por lo tanto eran prescindibles.”

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