Revista D

Lustre y brillo a Guatemala

Un recorrido desde 1960 por la vida y obra de algunos personajes que han destacado fuera y dentro del país.

Por FRANCISCO MAURICIO MARTÍNEZ

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Mario Chang, cantante de ópera (Foto Prensa Libre: Archivo)

Mario Chang es un tenor guatemalteco que el pasado fin de semana hizo vibrar el corazón de miles de connacionales cuando en Los Ángeles ganó el concurso Operalia, organizado por el maestro español Plácido Domingo. Con este triunfo se convirtió en uno de los mejores cantantes emergentes del planeta en ese arte.

Ese certamen fue creado hace 22 años por Domingo, y cada año recibe más de mil solicitudes. En esta reciente edición —30 de agosto— fueron elegidos 40 concursantes, de 17 naciones, los cuales fueron sometidos a varias pruebas eliminatorias, para depurar la lista y así llegar a solo 10, incluido Chang, de 28 años.

En medio de una vida convulsa, llena de contradicciones y de constantes frustraciones, Guatemala ha tenido brillantes personajes que durante décadas han dado lustre al país y ofrecido momentos felices a sus pobladores, a quienes, más de alguna vez, les han brotado lágrimas de emoción.

Literatos, músicos, científicos, deportistas... La lista es grande, y no se limita únicamente a estos primeros años del siglo XXI. En este reportaje se menciona a algunos que han provocado alegrías y satisfacción desde la década de 1960.

Siglo XXI

Quién no recuerda, por ejemplo, el sábado 4 de agosto del 2012, cuando Érick Barrondo cruzó la línea de meta en las calles de Londres, después de haber recorrido 20 kilómetros, y con ello dar al país la primera medalla olímpica. Este es, hasta el momento, el más grande galardón a nivel deportivo que un guatemalteco ha alcanzado.

Para ganar esa histórica medalla de plata, Barrondo, originario de una aldea de San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz, derrotó a la crema y nata de la marcha de todo el mundo —rusos, alemanes, estadounidenses y chinos—, que cuenta con el apoyo financiero y tecnológico de sus países.

Otro gran orgullo es el informático Luis von Ahn, a quien se considera poseedor de una de las mentes más brillantes del mundo y ha desarrollado varios programas muy populares. En marzo de este año, por ejemplo, recibió el premio Cortes de Cádiz Joven Emprendedor, en España, gracias a sus logros científicos.

En el 2009 vendió a Google los sistemas Captcha y Recaptcha, pruebas para diferenciar a humanos de máquinas en la apertura de cuentas de correo electrónico o envío de mensajes basura. En el 2012 creó Duolingo, una plataforma gratuita para aprender idiomas. Los conocimientos de von Ahn han beneficiado al mundo. En el país, 97 escuelas usan sus genialidades sin ningún costo.

De los compatriotas que han sobresalido durante estos primeros 14 años del siglo XXI destacan el barista Raúl Rodas, quien en el 2012 ganó el primer lugar del Campeonato Mundial de Baristas (WBC, en inglés), en Viena, Austria. También está el chef José Carlos Conde Herrera, quien trabaja para el restaurante Noma de Copenhague, Dinamarca, considerado el mejor del planeta, según el ranquin del 2013.

Brilla también el científico Fernando Quevedo Rodríguez, experto en Física y Matemática, quien desde el 2009 es director del mundialmente prestigioso Centro Internacional Abdus Salam para la Física Teórica, en Trieste, Italia, que impulsa la ciencia en países en vías de desarrollo.

Exitosos de 1990

La última década del siglo pasado fue quizás una de las más espléndidas. Rigoberta Menchú Tum, en 1992, recibió el Premio Nobel de la Paz, lo cual coincidió con la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América.

Luego del Nobel, llegaron reconocimientos nacionales e internacionales como el premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional en 1998. Se ha hecho acreedora a más de 30 doctorados honoris causa y ha publicado varios libros, entre ellos Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1983), La nieta de los mayas (1998) y, en los últimos años editó, con el apoyo de Dante Liano, los libros para niños Li Mi'n, una niña de Chimel y El vaso de miel.

Fue nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU para el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena, Austria (1993) y embajadora de buena voluntad de la Unesco (1996). Ha sido candidata presidencial en los dos últimos procesos electorales y formó su partido de izquierda Winaq.

Sin duda, otro connacional destacado es el cantante y compositor Ricardo Arjona, quien se calcula que ha vendido cerca de 20 millones de discos y ha abarrotado, durante sus conciertos, en repetidas ocasiones, grandes escenarios de Argentina, México, Estados Unidos, Ecuador y, claro está, de Guatemala.

Fue en esa década cuando Arjona lanzó al mercado los álbumes Del otro lado del sol (1991), Jesús verbo no sustantivo (1993), Animal nocturno (1993), Historias (1994), Si el norte fuera el sur (1996), el recopilatorio Historias de un animal nocturno (1997), Sin daños a terceros (1998) y Vivo (1999). Su discografía consta de 17 discos.

En 1994, Prensa Libre lo nombró el Personaje del Año, porque lo consideró el guatemalteco que más destacó durante esos 12 meses, y porque consolidó su fama a nivel internacional.

En marzo del 2013 fue condecorado con la Orden del Quetzal en grado de Gran Collar. Fomenta la educación con su fundación Adentro, que tiene una escuela modelo en San Agustín Acasaguastlán, El Progreso.

En esos mismos 90s también resaltó la producción literaria del poeta quiché Humberto Ak'abal, cuyas obras han sido traducidas al inglés, alemán, francés, italiano, portugués, árabe, escocés, húngaro y hebreo. En 1990 salió a luz su primer poemario El animalero. Luego Guardián de la caída de agua (1993), Hojas del árbol pajarero y Retoño salvaje (1997).

En 1996, una antología de su poesía en k'iche' y español: Tejedor de palabras. En 1998 se dio una segunda edición especial, patrocinada por la Unesco. Publicó otras colecciones de poesía: Lluvia de luna en la cipresalada (1996), Hojas solo hojas (1996) y Los cinco puntos cardinales (Colombia 1998). Otros títulos son Desnuda como la primera vez, Con los ojos después del mar, Gaviota y sueño: Venezia es un barco de piedra, Ovillo de seda, Detrás de las golondrinas y Kamoyoyik (Oscureciendo).

En el 2003, declinó el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias.

Los años críticos de 1980

La década de 1980 se caracterizó durante la primera mitad por la agudización de la represión, lo cual motivó que muchos intelectuales decidieran abandonar el país y así unirse a los que ya se había marchado a finales de los setenta. Uno de esos connacionales fue el escritor Manuel José Arce, quien se exilió en Francia debido a las constantes amenazas del régimen de Romeo Lucas García.

Arce es autor de numerosas obras de teatro, de las cuales al menos una decena estuvo en las carteleras nacionales, entre ellas Diálogo del gordo y el flaco con una rocosa, El gato murió de histeria, Con permiso, Sebastián sale de compras, Torotumbo —una adaptación de la novela de Miguel Ángel Asturias— y Delito, condena y ejecución de una gallina.

Su producción literaria le permitió ganar varios premios a escala centroamericana. La Editorial Universitaria Centroamericana sacó a luz sus mejores obras, bajo el título de Obras de teatro grotesco.

Desde su exilio no dejó de escribir duros poemas contra el Gobierno de Guatemala, los cuales fueron publicados después de su muerte. Falleció en 1985 de cáncer pulmonar.

El conflicto interno que vivió el país en esos años también originó que el escritor Dante Liano decidiera quedarse a vivir en Italia, tras haber sido invitado a un congreso. Desde entonces, ha hecho carrera en ese país, en donde se dedica a la enseñanza universitaria y a la creación literaria.

En 1987, fue finalista del Premio Herralde de Novela, y repitió en el 2002. Es autor de numerosos ensayos, entre los que destacan la edición crítica (1997) de El hombre que parecía un caballo, de Rafael Arévalo Martínez, para la colección Archivos, y Visión crítica de la literatura guatemalteca (1998).

Es autor de los cuentos La vida insensata (1987) y las novelas El lugar de su quietud (1990), El hombre de Montserrat (1994) y El misterio de San Andrés (1996). Estas dos últimas han sido publicadas también en italiano. En 1991 recibió el Premio Nacional de Literatura de Guatemala.

Durante esta década también sobresalieron varias marimbas orquestas que amenizaron con su ritmo guapachoso, y aún lo hacen. Nos referimos a César Gálvez y su India Maya y a Fidel Funes.

Los años de 1970

El 16 de junio de 1978 fue un hito en la historia de la cultura del país, ya que se inauguró el hoy llamado Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, diseñado por el extraordinario maestro Efraín Recinos, quien, según contó posteriormente, observó los actos protocolarios sentado en las gradas, pues no le apartaron una butaca.

Recinos empezó ese proyecto en 1971, sobre los cimientos que había dejado el arquitecto Marco Vinicio Asturias, quien falleció. Primero construyó la sala grande, que en la actualidad lleva su nombre y que tiene capacidad para dos mil 85 personas. El complejo lo forman, además, el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, para 325 personas, y el Teatro al Aire Libre, para dos mil.

En 1972 se tejió el futuro de muchos niños que aún no habían nacido, gracias a que en este año el cardiólogo pediatra Aldo Castañeda asumió el cargo de jefe del Departamento de Cirugía del Hospital de Niños de Boston, el cual ocupó hasta 1994. Durante esos años también fue catedrático de la Universidad de Harvard —por 24 años—, tiempo durante el cual se especializó en la atención de niños.

Todo ese bagaje le sirvió a Castañeda, después de haberse jubilado en EE. UU. cuando regresó a Guatemala, ya que en 1998 creó la fundación que lleva su nombre y que ha salvado la vida de al menos cinco mil bebés con cardiopatías congénitas.

Castañeda es pionero en el campo de la cirugía cardiovascular pediátrica a escala mundial, y en la actualidad es jefe del Departamento de Cirugía Cardíaca Pediátrica de Unicar.

1960

En esa década, sin duda que la persona más sobresaliente fue Miguel Ángel Asturias, quien en 1967 recibió el premio Nobel de Literatura, y un año antes también fue condecorado con el Lenin de la Paz, que otorgaba la extinta Unión Soviética.

La novela que lo inmortalizó es El Señor Presidente (1946), pero también escribió otras en las que puso de manifiesto la calidad de su pluma y su agudo sentido social. Hombres de maíz (1948), Viento fuerte (1950), El papa verde (1951), Los ojos de los enterrados (1952), El alhajadito (1953), Mulata de tal (1966), Viernes de Dolores (1967), Leyendas de Guatemala (1930), Week-End en Guatemala (1955) y El espejo de Lida Sal (1966), por mencionar algunas.

Hay quienes consideran que Asturias fue el creador del realismo mágico, entre ellos el escritor guatemalteco Mario Roberto Morales, quien explica: "Asturias fue el primero que cultivó el realismo mágico en América Latina... Luego lo cultivaron Juan Rulfo y Alejo Carpentier. García Márquez llegó mucho después. Pero como se volvió mediático, todo el mundo cree que él inventó ese estilo".

Durante esta década también destacó Augusto Tito Monterroso, quien publicó su libro Obras completas y otros cuentos (1959), el cual incluía el cuento que dice: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", el cual durante la década de 1960 fue motivo de estudio para los eruditos literarios. Hasta la fecha sigue en boca de la crítica.

Además, Monterroso publicó otros libros de ensayos, cuentos y una novela. Entre las más importantes están La oveja negra (1969), Viaje al centro de la fábula (1981) y Los buscadores de oro (1993). La única novela que escribió fue Lo demás es silencio (1978).

En 1975, ganó el premio Xavier Villaurrutia, y el Juan Rulfo, en 1996. En el 2000 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras, que reconoce su aporte a la literatura universal.