Revista D

Álvaro Véliz Osorio: un salto cuántico

En la última década ha destacado en el ámbito científico como intelectual y docente en África y Europa.

Por José Luis Escobar

En esta entrevista Véliz Osorio cuenta lo útil que son las burbujas en sus escudriñamientos y trabajos académicos. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).
En esta entrevista Véliz Osorio cuenta lo útil que son las burbujas en sus escudriñamientos y trabajos académicos. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).

La  mejor manera que el físico Álvaro Véliz Osorio ha encontrado para ilustrar sus charlas ha sido con burbujas de jabón. Las usa para crear analogías cuando aborda los temas que investiga, los que están relacionados con la forma de los objetos. En esta entrevista cuenta lo útil que son en sus escudriñamientos y trabajos académicos.

Véliz Osorio, de 32 años, tiene un doctorado en Teoría Física, en Portugal; dos maestrías, una en Matemáticas y otra en Teoría Física, cursadas en Países Bajos, y una licenciatura en Física en la Universidad del Valle de Guatemala, de la cual egresó en el 2005.

Desde el 2006 dejó el país para especializarse y, ocasionalmente, vuelve para impartir charlas en las aulas universitarias. Este mes disertó en las universidades San Carlos de Guatemala y del Valle de Guatemala. El investigador radica desde febrero en Londres, luego de dos trabajos posdoctorales en Sudáfrica.

¿Cómo surgió su interés por la ciencia?

Mi fascinación por la Física y la ciencia en general ha sido bastante ecléctica. Empecé estudiando Biología Molecular para entender por qué pasaban ciertos procesos y eso me refirió a la Química, pero también quería conocer qué acontecía en este tipo de reacciones y así, llegué a la Física.

Escogió como campo laboral el ámbito académico. ¿Por qué?

Es el área que me interesa y donde deseo continuar. Varios de mis colegas han tomado otros caminos; muchos se preguntan qué oportunidades hay para alguien con doctorados o maestrías científicas fuera de las universidades. Carreras como estas enseñan a resolver problemas de manera puntual y creativa, usando un montón de herramientas analíticas, esa capacidad es la que buscan las compañías.

¿Cuáles son los temas que hoy lo ocupan?

Dos son las investigaciones en las que trabajo de lleno. En la primera estudio cómo es la forma que toman los objetos para contar con un lenguaje que sirva, por igual, para saber el comportamiento que tendrá una membrana, una cuerda o un espacio cuando lo deformamos o sometemos a presión.  Con mis colaboradores tratamos de usar ese lenguaje para entender problemas que van desde Biología hasta agujeros negros, se puede escribir todo con el mismo lenguaje.

El otro tema  está relacionado con la información, la cual existe en los sistemas físicos. Me interesa saber cómo dicho material se distribuye en las diferentes partes del sistema. Al estudiar una de ellas ¿qué tanto puedo conocer de la otra? Son problemas abstractos, pero podrían eventualmente ser muy concretos.

¿Por qué utiliza las burbujas?

Son mi ejemplo canónico cuando pregunto ¿qué forma tienen los objetos? Si ponemos ciertas condiciones a un objeto, ¿cuál es la geometría natural que va a escoger? Y esta es una pregunta que se puede usar para estudiar burbujas de jabón, membranas celulares u horizontes de agujeros negros. Es un lenguaje bastante general.

¿Ha publicado sus investigaciones?

Sí, en revistas especializadas. Son trabajos colectivos, pues me gusta trabajar con amigos; solo me aburro muy fácil. Nos gusta sentarnos, discutir un tema en concreto y someter las conjeturas a juicio de los demás. Cuento con unos 15 artículos publicados en revistas como The Journal of High Energy Physics y Nuclear Physics.

Dejó Guatemala en el 2006. ¿A qué destinos lo ha llevado la Física?

Después de la licenciatura, viajé a Países Bajos para seguir mis estudios. Eso fue, recuerdo bien, en agosto de hace 10 años. Al terminar la segunda maestría volví a Guatemala para impartir  un semestre de Matemática Cuántica y Mecánica Estadística en la Universidad del Valle de Guatemala, en el 2009.

En el 2010 empecé un doctorado en Física, en Portugal. Lo terminé en enero del 2014, año en el que comencé a trabajar en posdoctorados en Sudáfrica. Ahí imparto cátedra y soy parte de un equipo de investigadores de Física Teórica.

En febrero de este año llegué a Londres, donde continúo laborando en mi faceta como investigador. Y de manera puntual en el pasado he conocido, también por razones profesionales, Italia, Suiza y algunas ciudades de África.

Son varios viajes. Se creería que un investigador está atado a un escritorio.

A diferencia de mis colegas que experimentan en otros campos, no tengo que lidiar con aparatos ni las complicaciones que se derivan de usar esos equipos. Mi lugar de trabajo puede ser una silla o bien una cama. Todo lo llevo en la computadora, ese es realmente mi escritorio. El concepto de investigador está más presente para los especialistas de las Ciencias Sociales, pero aunque reducidos en cantidad, los hay también en el ámbito científico.

Sí, han sido muchos años de un lugar a otro. Establecer lazos y adaptarse a cada cambio es difícil, pero a la vez emocionante. Se conoce a mucha gente y  aprende nuevos idiomas. Al final, todo es una aventura.

¿En dónde imparte cátedra?

Doy clases en un proyecto que se llama Instituto Africano de Ciencias Matemáticas, el cual tiene presencia en varias ciudades de África, la sede está en Sudáfrica. Estuve en Senegal en febrero y, como en otras oportunidades, di un curso intensivo de dos a tres semanas. El proyecto tiene presencia en Tanzania, Camerún y Ghana. Espero trabajar el próximo semestre en Ruanda.

¿Cómo evita deshumanizarse entre tanta teoría e investigaciones?

El arte me ayuda mucho con eso, así como a tener buenos amigos y no perder pequeños detalles, como cocinar para los demás. Pasar hasta más de 10 horas resolviendo un tema sí llega a apartarme de la realidad. En eso está la clave, en tener amigos y buen ocio, eso es lo que aconsejo a mis alumnos para seguir siendo humanos.

¿Qué hay de la etiqueta de nerdo? ¿La ha vivido?

Nunca la he sufrido mucho, pero cuando la he tenido que vivir, la tomo con orgullo. Si la gente va a ser juzgada por estar apasionada por algo, bueno, la culpa no es del apasionado. No todos los científicos encajan en el estereotipo. Eso sí, todos son brillantes, interesados en aprender más cosas y eso, creo, es lo bueno. Quienes estamos en el ámbito académico o científico a veces tenemos problemas para relacionarnos, pero eso se puede arreglar con el tiempo.

¿Tuvo ese tipo de problemas?

Hay mucha gente tímida en mi campo, pero no todos somos así. Tengo amigos muy extrovertidos y fiesteros. Yo crecí en una familia de artistas, así que soy la oveja negra (ríe). Mi padre es arquitecto, mi madre lingüista y mi hermana diseñadora. En mi entorno tuve que comunicarme mucho con las personas. Considero que, como todos los estereotipos, estos capturan un poquito de la realidad.

¿Guatemala invierte lo suficiente en la ciencia?

Aún falta mucho por hacer. Un país debe destinar parte de sus recursos y dárselos a las personas para que piensen. Y esto es todavía más urgente en países en vías de desarrollo. Tenemos que aprender a resolver muchos de nuestros problemas y es por ello que está bien tener gente pensando.

¿De contar con los recursos, el país tendría el talento para ello?

El potencial en Guatemala es enorme. Hay gente muy buena. El actual es un momento decisivo para cambiar la percepción hacia la ciencia y considerarla como una opción más en el ámbito profesional.

Es lamentable que aún se crea que la investigación no sea un trabajo serio, así que mientras esa mentalidad no cambie y no se apoye el talento, el país seguirá perdiendo. Está bien tener algunos científicos afuera para intercambiar conocimientos, pero no que todos estén en el extranjero.

Es bueno saber que esta realidad está cambiando y que, comparado con hace 10 años, cuando terminé mi licenciatura, hay más estudiantes interesados en la ciencia en las aulas universitarias.

Algún día espero  publicar un artículo, o leer uno, en una revista especializada que tenga el nombre de una universidad guatemalteca. Así como colaborar con otros guatemaltecos para nuevas publicaciones, algo que me interesa y para lo cual ya estoy estableciendo los contactos.

Físico

  • Nació en octubre de 1983, en México, de padres guatemaltecos.  Su familia volvió a Guatemala cuando tenía  12 años.
  • Revistas especializadas  han publicado sus investigaciones, todas resultado de trabajo en equipo. La Física  es el principal tema de su interés.
  • Tiene cuatro títulos universitarios (una licenciatura, dos maestrías y un doctorado), cursados en universidades de Guatemala, Países Bajos y Portugal.
  • Es investigador en la Queen Mary University de London y en la University of the Witwatersrand de Sudáfrica, donde también imparte cátedra en el Instituto Africano de Ciencias Matemáticas.