Revista D

En San Bartolomé, la vida trascurre entre siete kilómetros

San Bartolomé Milpas Altas, Sacatepéquez, es el municipio más pequeño de Guatemala.

Por Francisco Mauricio Martínez

San Bartolomé Milpas Altas, Sacatepéquez
San Bartolomé Milpas Altas, Sacatepéquez

Desde la cima de la finca municipal El Cerro se observa, sin mucho esfuerzo, la mayoría de las mil 817 casas, de diversos colores y estilos, de los 10 mil 422 habitantes del municipio de San Bartolomé Milpas Altas, Sacatepéquez, según la proyección del Instituto Nacional de Estadística 2017.

Es el más pequeño por extensión del país, con tan solo siete kilómetros cuadrados, y la mayoría de su suelo es considerado área urbana. “Se puede recorrer en vehículo en no más de 15 minutos, a una velocidad moderada, y caminando no excede  los 30 minutos”, cita  el plan de desarrollo local 2011-2025, elaborado por la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplán).  

Es tan escasa su superficie que desde la colina se pueden señalar las colindancias con las poblaciones vecinas de Santiago Sacatepéquez, al norte; San Lucas Sacatepéquez, al este; Santa Lucía Milpas Altas, al sur; y Sumpango y Antigua Guatemala, al oeste.

Su densidad poblacional, según Segeplán, es de 756 habitantes por kilómetro cuadrado, arriba del índice departamental, que es de 533; y el nacional que se ubica en 103.

Comercio

San Bartolomé, fundado en el siglo XVII, es un pueblo atípico. Su reducido territorio podría hacer creer que tiene bajo nivel de vida; sin embargo, es uno de los más prósperos. El análisis del índice de competitividad local, de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa) del 2016, lo colocó entre los 25 municipios con mejor Producto Interno Bruto (PIB) per cápita.

Tan solo el 19.56 por ciento vive en la pobreza y el 0.78 por ciento en extrema pobreza, conforme Segeplán. 

Aquí se cultivan legumbres y frutas como membrillos, duraznos, manzanas y peras. Esta última es la más cosechada e   identifica a la población, incluso su imagen está en su bandera.

Los vecinos hacen sus compras, si no quieren viajar a la capital, en los  450 negocios que abren sus puertas todos los días —almacenes, farmacias, abarroterías y heladerías, entre otros—;  el mercado municipal  —38 puestos—, y el de artesanías La Cuchilla —10 puestos—, donde los fines de semana venden comidas típicas.

Mensaje de paz

Al nada más ingresar, en el kilómetro 30.2 de la ruta a occidente, se percibe que lo cotidiano funciona de otra manera en este minúsculo pueblo. Las calles lucen limpias, aún después del mediodía, y la primera buena impresión se recibe al observar los muros del colorido cementerio y sus mensajes de concordia. “Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás”, cita uno de ellos.

Una cancha de grama sintética es muy concurrida los fines de semana.
Una cancha de grama sintética es muy concurrida los fines de semana.

Servicios grandes

Una de las maneras más fáciles para explicar cómo funciona este municipio, que no tiene  aldeas ni caseríos, sino solo  cuatro zonas urbanas, es que opera como cualquier urbe, pero en escala pequeña. El alcalde Rubén Axpuac, por ejemplo, ganó las elecciones del 2015 con únicamente mil 136 votos, contrario a otras poblaciones donde se necesitaron decenas de miles.

En las faldas de la finca El Cerro atiende al público un complejo de instituciones dedicas a la salud y la educación, entre ellas el Instituto Nacional de Educación Básica y el Instituto de Educación por Cooperativa, donde se imparten las carreras de bachillerato y perito contador.

Los menores también tienen un lugar en este sitio, pues funciona un anexo de la Escuela Urbana Mixta Lázaro Axpuaca; una  guardería de la Secretaría de Obras Sociales; el Centro de Atención Integral Materno Infantil, que cuenta con 56 ambientes, y el Centro de Capacitación para mujeres, donde reciben cursos de belleza, corte, confección y cocina.

En la misma área educa el Centro  Estudiantil Municipal Nocturno y una extensión de la facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos que abre sus puertas los fines de semana. “Todo esta área era un terreno baldío hace unos años”, comenta Israel Axpuac Vicente, uno de los guardianes del edificio.

En el dispensario municipal, de acuerdo con  Pablo Laz, encargado del archivo, se  atienden a diario, aproximadamente, a 30 personas en las áreas de control del niño sano, emergencias, planificación familiar y atención psicológica, al cual asisten menores con problemas de aprendizaje, entre otros casos. Este lugar atiende pacientes de 8 a 16.30 horas.

El deporte

El domo es uno de los centros deportivos más atractivos.
El domo es uno de los centros deportivos más atractivos.

Una de las primeras preguntas que surge es ¿cómo se divierten los niños, jóvenes y adultos de un pueblo tan menudo? La respuesta se disipa conforme cualquiera se adentra y observa la gran cantidad de vecinos practicando baloncesto o futbol en una de las canchas que se encuentran desperdigadas en el casco central. “Hasta tenemos una academia de futbol que durante mucho tiempo dirigió el uruguayo José Luis Añón”, comenta Jason Velásquez, encargado de la Unidad de Acceso a la Información Pública de la Municipalidad.

Uno de los mayores orgullos de los pobladores es el polideportivo Las Majadas, en la zona 2, con varias canchas de  baloncesto y una  de papifutbol, con grama artificial;  y una de futbol. También hay un gimnasio techado y un área  para la  recreación. “Durante las tardes entrenan varios equipos y de viernes a domingo los espacios se mantienen ocupados hasta las 23  horas”, cuenta Juan González, guardián del domo.

Otra de las instalaciones que disfrutan los vecinos del llamado pueblo de la pera es el estadio José Ernesto Axpuaca Toledo, en la zona 3, el cual tiene una gramilla bien cuidada que se convierte en el mayor centro de práctica de futbol los sábados y domingos, tanto de niños como de adultos.

De octubre a diciembre la municipalidad abre escuelas de ping pong, beisbol, boxeo y atletismo, para que los estudiantes ocupen su tiempo de manera positiva, dice Velásquez.

Sin analfabetas

Uno de los mayores orgullos de los vecinos es que en noviembre del 2010  San Bartolomé Milpas Altas fue declarado libre de analfabetismo por el Comité Nacional de Alfabetización y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

La tasa de mortalidad infantil es de 0.3 por ciento, este indicador demográfico señala el número de defunciones de niños en una población por cada mil nacimientos vivos registrados, durante el primer año de su vida, según Velásquez.

Otra pregunta es ¿qué tipo y con qué frecuencia suceden hechos de violencia?  Algunos vecinos cuentan que el año pasado aparecieron dos cadáveres en el área pero que fueron muertos en otro lugar y los delincuentes los abandonaron en el municipio. “Lo  más grave que  pasa es cuando atropellan a alguien  bajo  la pasarela —sobre la Interamericana”—, expresa el alcalde.

“No escapamos a los robos y asaltos de vez en cuando, pero es gente que viene de otros municipios  a cometer sus fechorías y luego se van. A los jóvenes de aquí los atendemos con deporte, por eso tenemos cero violencia”, afirma el jefe edil.