Revista D

Los lunfardismos en el habla de los argentinos

Los bonaerenses hablan con una jerga muy particular.

Por Roberto Villalobos Viato

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Lunfardismos Lunfardo Tango
El lunfardo se propagó entre todas las clases socioeconómicas argentinas gracias a la influencia del tango. Foto Prensa Libre: Richard Gándara, del Club Fotográfico de Guatemala.
El lunfardo se propagó entre todas las clases socioeconómicas argentinas gracias a la influencia del tango. Foto Prensa Libre: Richard Gándara, del Club Fotográfico de Guatemala.

En aquel hermoso país, ese al que llaman la Argentina, la mujer es una mina y el fuelle es un bandoneón; el vigilante, un botón, y la policía es la cana o la yuta. El que roba es el que afana; el chorro o punga, un vulgar ladrón. Al zonzo le llaman chabón y el astuto es “un rana”.

Así que si vas a la tierra del Diego, pibe, andáte preparado, que si no, no entenderás ni un tango.

Los argentinos hablan lunfardo; así le llaman a la jerga de la calle, la del barrio. “Nadie nos entiende”, ríe el periodista deportivo Federico Sampayo, quien es tan porteño como un asado.

El lunfardo surgió en Buenos Aires entre las clases socioeconómicas medias y bajas, allá a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando hubo una fuerte inmigración de europeos.

Consta de palabras tomadas del español antiguo, italiano y francés, principalmente. Algunas han sido distorsionadas y otras son neologismos —términos que son empleados con un significado diferente—, por lo que muchas tienen sentido metafórico.

El tango jugó un papel importante en su difusión, ya que muchas canciones se empezaron a componer con esa jerga. Fue así que todos los estratos socioeconómicos empezaron a hablar con palabras en lunfardo. Así es hasta ahora.

Un tango de Edmundo Rivero (1911-1986) resulta muy ilustrativo. Se llama Milonga Lunfarda y en su segunda estrofa indica que en la Argentina “la guita o el vento es el dinero que circula” y que, en lugar de decir al revés, se dice vesre. Que si andás bien, andás derecho; que si nada tenés, sos un tirao. Que el cotorro es el lugar donde se hace el amor; que la vecina es la fulana y el tordo es algún doctor. El estaño es un mostrador donde un curda se emborracha.

Dice también que el argentino labura, y que quien no hace nada es un fiaca. Que la cama es una catrera y apolillar es dormir.

Con Carlos Gardel, a principios del siglo XX, el tango alcanzó el éxito. La canción Mano a mano, con música de este y de José Razzano, tiene una letra compuesta por Celedonio Flores, quien adaptó poemas lunfardescos. Dice: “Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta, gambeteabas la pobreza en la casa de pensión. Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta. Los morlacos del otario los tirás a la marchanta. Como juega el gato maula, con el mísero ratón”.

Enrique Santo Discépolo, prolífico compositor de tangos, expresó en cierta ocasión que “lo que muchos llaman lunfardo es brillo de la imagen popular, es una nueva metáfora de la metáfora, es el lenguaje propio de la canción”.

¿Por qué lunfardo?

Se cree que el primer verso en lunfardo fue este: “Estando en el bolín polizando / se presentó el mayorengo / a portarllo en cana vengo / su mina lo ha delatado”. Se publicó en 1879 en el diario La Nación, firmado por Benigno Lugones, un policía que en sus escritos reproducía la forma de hablar en las comisarías.

Un año antes, en La Prensa, un reportaje titulado El dialecto de los ladrones, relataba que en Buenos Aires había surgido una nueva forma de hablar.

El texto incluía 29 palabras de esa jerga y sus significados. Entre ellas estaba “lunfardo”. Quería decir ladrón.

El habla que caracteriza a los bonaerenses, como se explicó antes, nació en los barrios bajos de aquella capital, así como en las estaciones de policía y en los conventillos (vecindarios) donde iban a vivir los inmigrantes, a finales del siglo XIX y principios del XX. “A Buenos Aires llegaron muchos genoveses, piamonteses y también algunos lombardos”, explica Otilia da Veiga, de la Academia Porteña del Lunfardo, citada por el diario Clarín. “En Lombardía había muchos banqueros y prestamistas; tales oficios, para los argentinos, es lo mismo que decir ladrón”, prosigue.

Luego, la palabra derivó a lumbardo y posteriormente a lunfardo.

¿Cuál es la conexión entre esa jerga y los ladrones?  Sucede que los delincuentes de la época empezaron a hablar diferente dentro de las cárceles para que las autoridades no los entendieran. Luego, los policías adoptaron las nuevas palabras.

Por supuesto, de las calles surgieron otras nuevas y todo se fusionó. Surgió así el habla del pueblo, de la barriada. De los porteños. De los bonaerenses. Primero en los estratos bajos y medios. Después se incluyó en el tango y, a través de él, se contagió entre los ricos.

Hoy, todos los argentinos emplean términos lunfardos.

En 1990 se sabía de la existencia de unas tres mil 590 palabras de ese tipo. En el 2004, el Novísimo diccionario de lunfardo incluía cinco mil 301. Hoy se cree que existen más de seis mil.

Sin embargo, como dice Sampayo, muchas están en desuso. Otras, incluso, cambian de significado. Pero hay que dejar claro que este no es un idioma, porque no se podría hablar exclusivamente “en lunfardo”. Como dice Veiga, “es solo un aire”.

Hoy, el lunfardo sigue enriqueciéndose incluso con extranjerismos como “chatear”, o bien, con términos surgidos por cuestiones políticas (de ahí, el famoso “cacerolazo”). También por la influencia del rock y la cumbia, que tanto gustan en la Argentina.

Tal como dice el lema de la Academia Porteña del Lunfardo, “el pueblo agranda el idioma”. ¡Vihte!

Algunos lunfardismos

En Buenos Aires, a los buses se les llaman bondi, un chapa es un loco, un bardo es un problema de difícil solución, un tacho es un taxi, y si te pasás de copas, te ponés mamado.