Revista D

Excelentísimo Presidente

Rafael Carrera trató de revertir su imagen por medio de un decreto.

Foto Prensa Libre: Archivo

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La rivalidad entre los partidos políticos que ejercen el gobierno y la costumbre de desacreditar lo que hace cada presidente es parte de la historia  del país. En el siglo XIX, por ejemplo, si los liberales habían dicho blanco durante su régimen, en cuanto llegaban los conservadores al poder decían negro, y así sucesivamente.

Al general Rafael Carrera —conservador—  sus   adversarios —liberales— lo  trataban en tono despectivo.  Se difundió la  historia  de que su origen era indígena y cuando estuvo en la montaña librando batallas se referían a él  como el  indio Carrera, así como también se hablaba mucho de sus   caites y su gran  ignorancia. Sin embargo, cuando gobernó, para hacer rabiar a los liberales, en 1844, decretó que todo aquel que llegara a ser presidente debía ser llamado Excelentísimo. 

  Entonces, el jefe del Ejecutivo lanzó el siguiente decreto:

Guatemala, octubre 15 de 1844

Conviniendo a la responsabilidad de las autoridades que en los actos públicos y oficiales sean tratados los funcionarios que las representan con la distinción que exige el buen orden social, conforme se practica en todas las naciones: en uso de las facultades que competen al Gobierno, y mientras se da una ley que arregle este particular, ha tenido a bien acordar:

1o. Que en todos los actos oficiales, al Presidente de Estado se le dé el tratamiento de Excelencia.

2o. Que el teniente general señor Rafael Carrera, por su empleo de tal teniente general, se le dé el mismo tratamiento.

3o. Que a los magistrados de la Suprema Corte, a los generales jefes superiores del Ejército de Coronel arriba, y a los demás funcionarios y dignidades eclesiásticas, se les dé el mismo tratamiento que tenían antes de la ley que los abolió, entendiéndose que esta ya no rige en el Estado….

 Fuente: El libro de las efemérides.

Tomo IV. F. Hernández de León (1959)

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