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Mis lentes de contacto me dejaron ciega de un ojo

Cuando a Irenie Ekkeshis le empezó a picar el ojo, pensó que se le pasaría pronto. Pero no fue así.

Irenie Ekkeshis perdió la vista del ojo derecho por una infección causada por un microorganismo presente en el agua. NEW CITIZENSHIP PROJECT

Irenie Ekkeshis perdió la vista del ojo derecho por una infección causada por un microorganismo presente en el agua. NEW CITIZENSHIP PROJECT

Al poco tiempo, el dolor se volvió insoportable y perdió la vista en ese ojo. El motivo más probable: haber manipulado sus lentes de contacto con los dedos mojados.

Un sábado de enero de hace cinco años, Ekkeshis se despertó con el ojo derecho lleno de lágrimas, así que fue a la farmacia y se compró unas gotas.

“Pensé que se trataba de una pequeña infección que se iría en un par de días. Pero esa noche no podía ni entrar en la cocina porque la luz fluorescente era demasiado brillante y me causaba dolor”, recuerda.

Ekkeshis acudió al hospital oftalmológico de Moorfield, donde los médicos le hicieron un raspado corneal, un procedimiento que consiste en retirar células de la superficie del ojo.

“Es tan horrible como suena: ves cómo la aguja se dirige hacia tu ojo. El dolor es muy intenso, incluso con anestesia local”, cuenta.

El 85% de los casos de queratitis por Acanthamoeba en Reino Unido están relacionados con los lentes de contacto.

Unos días después, le dijeron que tenía queratitis por Acanthamoeba, una infección rara pero grave causada por un microorganismo presente de manera habitual en el agua del grifo, del mar y de las piscinas.

“Me sentía conmocionada y asustada. Para entonces ya había perdido la visión del ojo derecho. Era como mirar a través del espejo empañado del baño. Podía ver colores y formas pero no mucho más”, explica.

Una infección muy rara

La enfermedad afecta cada año a 125 personas en Reino Unido y la mayoría de estos casos están relacionados con el uso de lentes de contacto.

“No me había duchado ni nadado con ellos puestos. Pero resulta que la puedes adquirir solo con lavarte las manos y no secártelas bien antes de manipularlos”, asegura Ekkeshis.

Tenía 12 años cuando decidió cambiar sus gruesas gafas por lentes de contacto. “Supongo que porque era una niña tímida”, reflexiona. A los 30, usaba los desechables y nunca había tenido ningún problema con ellos.

Hasta que apareció la queratitis.

Al principio, le dieron gotas antisépticas que debía echarse cada hora. Le dijeron que se curaría en cuestión de semanas gracias a que la infección había sido detectada a tiempo. Pero su ojo no respondía al tratamiento.

Un dolor insoportable

La córnea es uno de los receptores más sensibles del cuerpo, así que Ekkeshis se retorcía de dolor: “A veces era insoportable y era casi imposible de controlar, incluso con los analgésicos más fuertes”. No podía trabajar, por lo que tuvo que renunciar a su puesto como directora en una empresa de viajes.

Tuvo el ojo lloroso durante meses hasta que los médicos fueron capaces de controlar la infección. El dolor también comenzó a ceder. Pero la córnea estaba dañada, lo que le dejó una visión borrosa en ese ojo.

En mayo de 2013, le realizaron un trasplante de córnea que pareció funcionar. “Por primera vez en mucho tiempo podía ver con ambos ojos. Era increíble”, recuerda.

Sin embargo, diez días después notó que la vista del ojo derecho comenzaba a nublarse otra vez y las pruebas confirmaron que la queratitis había afectado al nuevo trasplante. “Volví al punto de partida. Fue desgarrador”, relata Ekkeshis.

De vuelta al quirófano

Un año después, volvió al quirófano para recibir su segundo trasplante pero, pese a que ya no sentía dolor, algo pasó con su retina que le hizo perder la vista de ese ojo por completo. Los médicos creen que el motivo fue la inflamación causada por la queratitis y que el daño es irreversible.

Durante su enfermedad, Ekkeshis se dio cuenta de que ninguno de sus familiares y amigos, ni siquiera los que usan lentes de contacto, conocen los riesgos de exponerlos al agua. Así que decidió poner en marcha una campaña desde su sofá para abordar el problema.

La queratitis por Acanthamoeba puede dañar la córnea del ojo y nublar la visión. SCIENCE PHOTO LIBRARY

Descubrió que, si bien existía un folleto de seguridad para los lentes de contacto, este no se solía incluir en los paquetes. Como consecuencia, la información rara vez llegaba a los usuarios.

Ekkeshis le preguntó a la Asociación Británica de Lentes de Contacto por qué no había advertencias en las cajas. Esta respondió que no había espacio en las cajas, así que la mujer decidió diseñar una calcomanía de “No agua” para que los oftalmólogos la pegaran en los envases.

“Llegados a ese punto, la industria se dio cuenta de que hablaba en serio y empezó a apoyarme”, declara. Ekkeshis empezó a promover la campaña en conferencias en Reino Unido y Estados Unidos. Su deseo es que este símbolo se incluya en todas las cajas de lentes de contacto de forma automática algún día.

Con esta experiencia bajo el brazo, fundó una empresa llamada El Nuevo Proyecto Ciudadano. “Queremos involucrar a más gente en la sociedad. Cuando piensas y actúas como un ciudadano, te sientes capaz de crear un cambio”, sostiene.

La Asociación Británica de Lentes de Contacto repartió 100.000 pegatinas que advertían que no se debe usar agua al manipular los lentes.

Mientras tanto, Ekkeshis se adapta a su discapacidad. “Es duro. A veces la gente se molesta porque me choco con ellos en el transporte público porque no puedo ver por el lado derecho”, cuenta.

“Mi consejo es simple: nunca dejes que tus lentes de contacto entren en contacto con agua, ni en la ducha, ni en la piscina ni cuando te lavas. Es verdad que estas infecciones son raras, pero soy la prueba de que suceden. Y el resultado es devastador”, concluye.

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