Revista D

El derecho de morir en Canadá

La eutanasia en enfermos desahuciados se ha convertido en ley tras la aprobación final por el senado canadiense del Bill C-14 (decreto legislativo), con lo que se produce lo que la prensa nacional califica de un acontecimiento de gran magnitud para el país y con lo que finaliza un debate que acaparó la atención del público durante un período que se prolongó por varios años.

“El suicidio asistido médicamente” como se le conoce al procedimiento, se presenta como una ley muy particular en el hemisferio.

“El suicidio asistido médicamente” como se le conoce al procedimiento, se presenta como una ley muy particular en el hemisferio.

El decreto, bajo la denominación de “muerte asistida médicamente” al convertirse en ley, permite a los enfermos que se encuentren sufriendo por dolencias incurables, el derecho de contar con ayuda médica para producir la muerte, siempre que manifiesten en forma directa o indirecta la voluntad de terminar con su existencia.

De manera indirecta porque si por incapacidad no han declarado convencionalmente esa determinación, puede ser aceptada la interpretación de esa decisión por intercesión de familiares o tutelares del paciente.

“El suicidio asistido médicamente” como se le conoce al procedimiento, se presenta como una ley muy particular en el hemisferio y solo como figura legal en muy pocos países.

En el pasado, hubo un par de casos en que los pacientes urgidos por ese procedimiento viajaron a Finlandia, para someterse a esa práctica fatal.

La canadiense Sue Rodríguez, afligida por la Esclerosis lateral amiotrófica (enfermedad degenerativa de Lou Gehrig), activó de forma intensa en los años 80 para que se le permitiera poner fin a su existencia mediante el proceso de “suicidio asistido” pero eso le fue denegado hasta que por su cuenta logró el procedimiento, que dio lugar a un enjuiciamiento a quienes ayudaron para el efecto, pero por medio de recursos de defensa legal se procedió a su absolución.

También en los años precedentes a la emisión de la ley, hubo algunos casos de enfermos sin remedio que clamaron por el “suicidio asistido” pero no lo lograron y su muerte se produjo de forma natural, aunque bajo el peso de frustrante sufrimiento.

Son numerosos los casos de enfermos que se han suicidado, pero en situaciones de estricto silencio, dentro de la política oficial de prohibir la divulgación de todos los casos de suicidio. En fecha reciente, en una reservación al norte de la central provincia de Ontario, se produjeron en una sola semana 11 suicidios de jóvenes adolescentes, en situación que no pudo ocultarse y que conmovió a gran parte de la opinión pública.

El decreto del “suicidio asistido” llegó a consumarse luego de un largo debate no solo en la Casa de los Comunes (legislatura) sino en los medios de comunicación que dieron espacio para la discusión del tema, que generó opiniones encontradas aunque con prevalencia de los criterios que dieron su aprobación a lo que en la legislatura era un proyecto de ley.

El consenso en esa casa llegó a ser casi absoluto con lo que se convirtió en un decreto. En cuanto al público hubo manifestaciones de oposición cuando era un proyecto de ley, en particular por parte de sectores conservadores o religiosos. El cardenal Thomas Collins, arzobispo de Toronto fue uno de los más tenaces opositores.

La corte suprema de justicia, dentro del procedimiento regular legislativo, emitió dictamen favorable al proyecto y el paso siguiente fue el traslado del decreto al Senado, que es el cuerpo representativo que puede aprobar o rechazar una ley, donde después de sugerir enmiendas, se detuvo por unos días el trámite respectivo, al producirse un momentáneo impasse por desacuerdo entre las dos cámaras.

Luego de una conciliación, el senado dio curso al decreto de la legislatura y para regocijo de buena parte de la opinión pública se dio la aprobación final que convirtió en ley la provocación de la muerte asistida médicamente. La ley está sujeta a revisiones futuras para las inclusiones necesarias.

Pensamientos sobre la muerte

  • “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”. Jorge Luis Borges, (1899-1986). Escritor argentino.
  • “Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”. Carlos Fuentes, (1929-2012). Escritor mexicano.

 *Escritor guatemalteco radicado en Canadá

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