ALEPH

Guatemala, la izquierda y la derecha

|

La frase “nos reservamos el derecho de admisión” ha sido la consigna apocalíptica de un Estado guatemalteco en el cual se ha impedido el acceso de millones de personas, por generaciones, a la educación, la salud, la movilidad social, y a una vida digna. En un siglo XXI que anuncia carros eléctricos y cyborgs como en el siglo XX se anunciaron las hamburguesas y el viaje a la luna, Guatemala parece apenas salir —con fórceps— de la Colonia, en dirección a la modernidad.

No voy a nombrar de nuevo los rezagos que Guatemala padece en comparación con el resto del mundo, sabiendo que todos los días, los datos y cifras de nuestra vergüenza nos revientan en la cara. Diré, nada más, que la realidad de millones de personas en este territorio huele a miseria secular, a opresión, a injusticia, a exclusión, a marginación, a ultraje, a odio, a caridad y a abusos de poder. Por aquí huele mucho a corrupción y podredumbre y, desde el 2015, las cloacas abiertas han dejado salir una hediondez insoportable.

En el trazo de este relato, sobre todo a partir de la impregnación de la Guerra Fría en nuestro territorio, surgen con fuerza hace varias décadas, los conceptos de izquierda y derecha, herederos de la Revolución Francesa. Si en algún momento estos catecismos ideológicos sirvieron para analizar y definir las posiciones y programas políticos de personas y grupos, hoy sus referentes no nos alcanzan para explicar nuestra realidad. Hemos probado que el mundo no es tan estrecho; que los buenos no eran solo buenos y los malos no eran solo malos; que el idealismo, el pragmatismo y el materialismo convergen y se mezclan en muchos puntos de los programas políticos y de las relaciones en sociedad de nuestros países. ¿Todos los de derecha son explotadores y todos los de izquierda, vividores? ¿Todos los de izquierda son altruistas y todos los de derecha, egoístas? ¿Todos los de derecha son capitalistas y todos los de izquierda son comunistas? Estas son clasificaciones útiles para mentes de corto alcance.

Las derechas se maquillan hoy de populismo para ganar adeptos en “el pueblo”, y las izquierdas moderan sus discursos para congraciarse con los sectores que tienen dinero y poder. Mecanismos de sobrevivencia. Hipocresía aparte, en nuestras vidas cotidianas elegimos una serie de referentes de todos los espectros. Somos la conjunción de muchas ideas y formas de vida, sin siquiera saberlo. Y no nos alcanzan los recetarios de izquierda y derecha de hace dos siglos, defendidos hoy sin suficiente fundamento o resignificación, para explicar una Guatemala tan llena de complejidades como la nuestra. Izquierda y derecha, comunista y capitalista, son definiciones reduccionistas, útiles comodines para quienes insisten en sostener viejos órdenes. ¿Nos estamos quedando sin ideas? ¿ O somos todos dictadores debajo de nuestra epidermis? ¿Nos toca resignificar las ideas de antes y de hoy para responder, desde la ética, a este tiempo en el cual la tecnología, la política y la economía definen cambios constantes?

La realidad superará siempre los marcos ideológicos fijos, y quizás el peor resabio de nuestra guerra haya sido que nos partió en dos, y nos instaló en el filo del miedo al otro y a la otra. Nómbrese usted como quiera, porte las banderas del humanismo, el liberalismo, el marxismo, el agnosticismo, el capitalismo, la robótica, los derechos humanos o el veganismo. Pero piérdale el miedo al otro y a la otra, porque nos toca hacer a Guatemala. Paralelamente, vayamos pensando y actuando como si anheláramos una democracia donde las personas conviven, se realizan, ejercen la solidaridad y la libertad, el respeto, la responsabilidad y usan su imaginación. Esto pide pensamiento independiente, en el marco de un horizonte colectivo. No queremos personas neutrales, pero sí racionales y desprejuiciadas, que sin emotividad e intereses sectoriales, quieran volver a imaginar y hacer a Guatemala. Y eso no se puede hacer desde las gavetas.

cescobarsarti@gmail.com

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, activista de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas.