“Todo se fue entre el agua”, narra damnificada por Iota en San Pedro Carchá

Pobladores aún se recuperan del impacto de Eta y narran cómo perdieron sus pertenencias por la depresión tropical Iota.

Aidé Pérez, damnificada por Iota en San Pedro Carchá. (Foto Prensa Libre: Byron García)
Aidé Pérez, damnificada por Iota en San Pedro Carchá. (Foto Prensa Libre: Byron García)

Los afectos de la depresión Iota en Guatemala dejan secuelas, las cuales pobladores tienen que enfrentar, pese a los recientes daños que dejó la tormenta tropical Eta en el país.

Algunas de estas historias se viven en Rax Pec, San Pedro Carchá, Alta Verapaz, donde la lluvia afectó la movilidad y las actividades de muchas personas.

En Rax Pec, se unen los ríos Cahabón y Chicoy, el nivel del agua con las lluvias de Iota aumentó y los pobladores fueron obligados a abandonar nuevamente sus hogares.

Una de ellas es Onelia Pérez, quien recordó que hace 15 días se desbordó el río, pero nunca pensó que fuera de tal magnitud.

Indicó que su madre Aidé, quien está refugiada con una vecina, perdió sus pertenencias, pues el agua cubrió la casa y dañó una de las paredes, lo que originó que perdiera sus pertenencias.

Vive a una cuadra de la vivienda de su madre, y no imaginó que el agua también llegara a su inmueble y mojara sus camas, refrigeradora, estufa y ropa.

Aún permanece en su vivienda

Onelia, quien aún permanece en su vivienda, tiene dos hijos, uno de 15 años y otro de 7, quien tiene autismo. Por la emergencia por las lluvias una tía lo atiende por su condición.

Dijo que desea estar con su hijo, pero por la situación no puede, pues recuperaron pocas pertenencias, ya que el agua arrastró algunas.

Lamentó las pérdidas de sus pertenencias que ha logrado obtener con el paso de los años, “no es de la noche a la mañana que se pueden hacer las cosas”.

Dijo que hay que tener paciencia “que Dios provee” y a su punto de vista, los humanos provocan estos desastres con la tala y con lanzar basura en la calle.

Informó que todos sus vecinos registran pérdidas materiales. “Yo les digo a todos los que estamos pasando estos momentos difíciles que tengamos paciencia y no reneguemos nada porque para Dios no hay nada imposible”.

Agradeció a las personas e instituciones que los ayudaron con alimentos y ropa.

Entre lágrimas dijo que duele perder sus pertenencias, pues el sector donde vive fue severamente dañado por las inundaciones.

“No dormimos, es un tormento de estar pensando que el río se va a salir”, añadió.

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Aidé Pérez, de 55 años, madre de Onelia, manifestó: “casi todo lo perdimos, todo se fue entre el agua”.

También pidió al gobierno si les puede dar un terreno para vivir, por las constantes tormentas. Al igual que ella varios de sus vecinos buscaron refugio con familiares o vecinos.

La casa de Pérez quedó destruida por la fuerza del agua, tiene 15 años de vivir en el lugar y no se había registrado un desastre de tal magnitud.

Guillermo otro de los damnificados en San Pedro Carchá. (Foto Prensa Libre: Byron García)

Otro de los afectados es Guillermo, quien se dedica al enderezado y pintura. Tenía el taller en el patio de su casa, que estaba construida de lámina, pero la inundación la destruyó.

La fuerza del agua levantó su vivienda y la estrelló contra otra casa. Le quedan algunas pertenencias, pero perdió algunas de sus herramientas y se dañaron vehículos que habían en el taller.

El médico José Francisco Vargas Torres brinda refugio a sus vecinos en San Pedro Carchá. (Foto Prensa Libre: Byron García)

Médico brinda refugio

El médico y cirujano José Francisco Vargas Torres, quien ha dado refugio a algunos vecinos, indicó que nadie esperaba que Iota afectara de tal manera por lo que muchas personas no tuvieron tiempo para resguardar sus pertenencias.

Su viviendas está una parte alta. “Yo hice lo que cualquiera tenía que haber hecho, resguardar la vida de los vecinos. Abrir las puertas de mi casa para que ellos se resguardaran durante los días de la tormenta”.

Ha albergado a unas cinco familias a las que se la dotado de alimentos.

Indicó que el desastres también les afectó moral y psicológicamente, por lo que con las lluvias la preocupación resurge.