El misterioso espanto que provenía debajo del piso de una casa del barrio La Recolección

Las casas en la zona 1 de la ciudad Guatemala guardan tantos misterios. Son tan antiguas, grandes y llenas de historia, así comienza este relato Jorge D’Incau, quien relata historias de miedo y su sueño es escribir un libro.

Algunas casas del Centro Histórico de la capital encierran a seres misteriosos. (Foto Prensa Libre).
Algunas casas del Centro Histórico de la capital encierran a seres misteriosos. (Foto Prensa Libre).

Recientemente le contamos uno de los relatos de D’Incau, que trataba sobre el personaje que pedía un alma en Antigua Guatemala.

Este joven guatemalteco recuerda que desde niño hubo personas que lo motivaron e inspiraron en la lectura y en escribir relatos, actualmente ha escrito 32. A continuación le dejamos uno acerca de las casas antigua de la zona 1.

“Me han contado tantas historias de distintos hechos en casas de zona 1 que no terminaría por un buen tiempo. Pero les contaré una de las que más me ha gustado”, comienza D’Incau.

Los fantasmas en zona 1 son cosa de todos los días. Todos los habitantes del casco viejo de la ciudad tienen algo que contar. La mía, por ejemplo, tiene un fantasma que habita únicamente en el baño de abajo, quienes me siguen desde hace años son testigos virtuales de ello.

Se presenta aleatoriamente, llora, grita e incluso nos ha golpeado la puerta de tal forma que decidimos no usarlo más, a menos que sea un caso de emergencia, pero por la noche es mejor evitarlo, lo bueno de todo esto es que no sale del baño o si sale no se nota.

El muñeco de oro

Pero la historia que les voy a contar sucedió en el barrio de la Recolección. Si alguien que vive por el lugar me lee tal vez escuchó del “caso” del muñeco de oro. O tal vez no.

Pero a mí me lo contó un bombero que acudió al llamado de auxilio que una noche cualquiera llego desde esa casa.

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Todo comenzó con la remodelación de una parte de la casa. Es la clásica casa de estilo colonial, un patio rodeado de pasillos con cuartos en en medio una fuente, aunque la fuente no funcionaba ya, decidieron dejarla como decoración. Era una casa realmente hermosa.

Esa parte la dejaron tal cual, eran nuevos dueños y les encantó, pero la casa tenía un patio trasero y al fondo una pequeña bodega que estaba en ruinas. Esa sí querían remodelarla, así que llamaron a un albañil para que hiciera el trabajo.

Llegaron al trato y todo comenzó de inmediato. Los nuevos dueños estaban encantados con la casa por lo que no esperaron a que la remodelación terminara. Mientras el albañil trabajaba, ellos se mudaron a la parte delantera de la casa, todo iba bien.

Lo que hallaron bajo el piso

Hasta la tarde en que el albañil (no se su nombre) llamó a la dueña de la casa, ya que había encontrado algo bajo el piso de la bodega que estaba botando. Le habían dado instrucciones de cambiar hasta el piso y justo debajo estaba aquello. “Por favor venga, hay algo bajo el piso”, dijo el albañil.

La señora dejó de hacer el almuerzo y se fue con él a revisar, con un golpe del martillo habían quebrado la tapadera de un agujero cuadrado bajo el piso, era como una pequeña bóveda que guardaba algunas cajas cerradas con pequeños candados, algunas envueltas entre trapos.

Hay varias leyendas de aparecidos y espantos en el Centro Histórico.

No habían dañado ninguna, por lo que no tenían idea de lo que tenían. La señora pidió favor de que el albañil rompiera los candados con su herramienta y vieran que era lo que tenían aquellas cajas. Un golpe certero abrió la primera de seis cajas sumamente antiguas.

Extraña figura

Un muñeco negro, completamente negro, con los brazos y las piernas pegadas sin movimiento sin facciones en la cara, sin pelo ni ropa. Solo el muñeco con forma humana y completamente negro.

“Eso no es bueno”, dijo el albañil, añadió “hay que enterrarlo otra vez”, pero la dueña de la casa no lo escuchó.

“Es solo un muñeco hay que abrir las otras”. Abrieron las otras y créanme, se arrepintieron de hacerlo, en las otras cajas había muñecos también, más pequeños y en forma de niño tal vez. Incluso uno en forma de bebé, muy pequeño completamente negro igual que los otros.

La última caja, la más grande y la que fue más difícil de abrir tenía dentro un muñeco de metal, Idéntico a los otros, pero este no era negro, era de algún metal y el polvo no dejaba ver de cual metal. Pesaba muchísimo y medía 20 centímetros más o menos.

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Este sí que les llamó la atención. Sobre todo, después de lavarlo y comprobar que era de oro macizo. Valía una fortuna sin duda, pero ¿Quién lo enterró y por qué estaba junto al resto de muñecos negros? Los lavaron también. Pero seguían siendo negros.

La señora guardó el muñeco de oro, el albañil sabiamente no quiso saber nada de él. Guardó los otros muñecos y pensó en que los enterraría al terminar. Se lamentaba haberlos sacado y avisado a la dueña de la casa, estaba seguro de que no era nada bueno todo aquello.

Pasaron varios días, la señora no mencionó nada más al albañil sobre aquel muñeco y el continuó con su trabajo. La dueña de la casa aún escondía su fortuna a sus familiares. No había mencionado el descubrimiento del albañil a nadie, hasta la noche aquella.

Supuesta pesadilla

Eran más o menos las 11 de la noche cuando se escuchó un grito en el cuarto de ella, sus hijos corrieron a ver qué sucedía y la encontraron completamente dormida, al despertar dijo que seguramente había tenido una pesadilla que no se preocuparan.

Gritos de angustia

Pero a las 2 de la mañana volvieron a escuchar sus nombres gritados por ella, los estaba llamando desde su cuarto, eran gritos angustiados y de auxilio, eso no era una pesadilla.

Llegaron hasta su cuarto, estaba tirada en una esquina del cuarto con el muñeco en la mano. Preguntaron qué había pasado y les comenzó a contar, desde la noche del día en que lo encontraron algo pasó. Mientras dormía escuchó como en el pasillo frente a su cuarto escuchó pasos.

Sombra misteriosa

Al salir no había nadie, pero le pareció ver una sombra que caminaba lentamente hacia el patio de atrás y un olor nauseabundo inundó toda su habitación, pero fue muy rápido y no le dio importancia.

La noche siguiente fue lo mismo, pero esta vez escuchó cómo los pasos se detuvieron frente a su cuarto y vio claramente que la perilla de su puerta se movió levemente, el mismo olor inundó su habitación, pero luego desapareció.

Espanto frente a la cama

Así varias noches, pero esa noche alguien estaba parado frente a su cama cuando despertó la primera vez y desapareció en cuanto gritó, pero la segunda vez le escuchó decir su nombre claramente.

Al abrir los ojos, la cara de una persona en descomposición la veía con las cuencas de los ojos vacías. Sintió su aliento putrefacto salir de su boca cuando le dijo claramente que le devolviera el muñeco.

Lo guardaba bajo su almohada, lo tomó con sus manos y corrió hasta la esquina de su cuarto en donde la encontraron sus hijos cuando gritó por su ayuda, era difícil creer aquella historia, pero el muñeco estaba allí entre sus manos y no quería soltarlo.

Insistieron en que lo enterrara de nuevo, seguro así terminaría todo, pero ella se negaba, quería venderlo, pues al no tenerlo seguro dejaría de molestarla fuera lo que fuera aquello. Pero no renunciaría a la fortuna que seguro valía aquel muñeco de oro, eso era seguro.

Esperaron a que amaneciera. El albañil llegó como todos los días a trabajar en la remodelación de la casa, esta vez lo esperaban los hijos de la dueña. Le preguntaron que había hecho con los otros muñecos y que querían que enterrara el de oro.

Varios relatos de espantos se cuentan en casas de la zona 1 de la capital. (Foto Prensa Libre).

Si era locura o realidad todo aquello no importaba, la salud y cordura de su madre era lo más importante y la recuperaría enterrándolo otra vez. Y así fue, a la fuerza se lo quitaron, gritaba y pidía que no lo hicieran, que era de ella que lo vendería y todo terminaría.

Pero se lo quitaron, lo enterraron y le dijeron al albañil que le pusiera cemento al agujero y no se moviera hasta que secara. Y así lo hizo. El muñeco terminó enterrado ese día, pero claro, la señora no renunciaría a él tan fácilmente.

Y fue así, tal y como se lo imaginaron, desenterró el muñeco de oro otra vez durante la noche. No esperó a que amaneciera y de madrugada fue a venderlo. Nadie sabe cómo lo hizo, pero logró venderlo, volvió con mucho dinero a su casa y creyó que todo había terminado.

Pero no, la noche cayó sobre la zona 1 y los hijos que ya sabían lo que había hecho esperaban que todo hubiera terminado, fueron todos a dormir, pero no la dejaron dormir en su cuarto, dormirían todos juntos hasta estar seguros que todo había pasado.

A las 11 de la noche escucharon el grito de su madre pidiendo auxilio desde su cuarto, nadie supo cómo había llegado hasta ahí, pero no estaba más en la cama donde ellos la habían dejado. Era imposible que hubiera salido sin que lo notaran, la estaban rodeando.

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Sin embargo, la escuchaban gritar desde su cuarto pidiendo auxilio, gritaba sus nombres. Salieron en su búsqueda, pero quedaron petrificados al ver como cuatro figuras negras (una de ellas con un bebé en brazos) seguían a un ser repugnante que arrastraba a su madre por el pasillo.

Corrieron a intentar liberarla, pero lo que veían era demasiado para su mente. Eran cinco figuras completamente negras, sin rasgo alguno caminaban sin mover los pies ni los brazos. La otra figura, la que tomaba del brazo a la señora era indescriptible.

Era como ver un cadáver, el olor que despedía era nauseabundo. Y aun así corrieron a intentar liberarla, pero era inútil. Al tomarla de los pies estos quedaron entre sus manos, al tomarla de las piernas sucedió lo mismo, era todo, nada podían hacer.

En el patio trasero, una multitud de figuras negras esperaban aquella procesión. Eran cientos, miles, millones, todos esperando al ser monstruoso que llevaba lo que quedaba de su madre con él.

No podrían describir nunca a cabalidad lo que vieron aquella noche justo antes de despertar todos juntos en el cuarto en donde rodeaban a su madre. Quien seguía acostada en su cama, rodeada de una sustancia apestosa que salía de las heridas que tenía en sus manos.

Llamaron a los bomberos. Pero no era sangre lo que salía de sus heridas. O al menos no la sangre que habría en un cuerpo aún con vida.

Los bomberos lograron estabilizarla y llevarla a un hospital. También atendieron a una de sus hijas en estado de shock por aquel sueño vívido que les tocó a todos aquella noche y dentro de aquel cuarto. El cuarto de aquella casa a la que obviamente nunca más volvieron.

Fin.

Este contenido fue reproducido con autorización del autor @Yosh_G 

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