Esta es la odisea de los animales salvajes por conseguir agua en la Reserva de la Biosfera Maya

Fuentes naturales de agua se agotan en selvas peteneras, donde la lluvia ha sido escasa.

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Un jaguar toma agua en una aguada artificial, en un sector del Biotopo Dos Lagunas y Mirador Río Azul, en Petén. (Foto Prensa Libre: Cortesía Francisco Asturias)
Un jaguar toma agua en una aguada artificial, en un sector del Biotopo Dos Lagunas y Mirador Río Azul, en Petén. (Foto Prensa Libre: Cortesía Francisco Asturias)

Una expedición de 18 días por la Reserva de la Biosfera Maya, en Petén, permitió documentar la odisea que viven los animales salvajes por acceder a un poco de agua, un recurso que, según expertos, es cada vez más escaso en esa región del país.

Con temperaturas que superaban los 43 grados centígrados y expuestos a los peligros naturales de la selva, un grupo de guardarrecursos de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (Fundaeco) se internó en zonas a donde “difícilmente” llega el ser humano, para documentar el comportamiento de las especies en su estado natural.

Los resultados fueron sorprendentes, pues las fuentes naturales de agua, conocidas como aguadas, están a punto de secarse, debido a que la lluvia ha sido escasa, lo que significa que miles de especies deben compartir el poco líquido que se encuentra.

Aves de varias especies llegan a beber a una aguada artificial en el Mirador Dos Lagunas y Biotopo Río Azul, en Petén. (Foto Prensa Libre: Cortesía Francisco Asturias)

Francisco Asturias, quien encabezó la expedición, documentó en fotografías y video como los animales llegan a una aguada artificial, que fue construida por un proyecto arqueológico financiado por Francia.

Esa aguada es una de las pocas que aún conserva agua, pero la situación es tan alarmante que, según Asturias, cada día baja por lo menos una pulgada, una cantidad considerable cuando se habla de un espacio de más de 52 metros cuadrados.

La necesidad del agua es tan evidente, que a ese punto todos los días llegan innumerables cantidades de animales como jaguares, pumas, tapires y todo tipo de aves, incluso, se documentó a dos jaguares machos juntos, un comportamiento inusual, debido a que esos felinos son territoriales.

Asturias asegura que la fauna se adaptó a compartir los pocos recursos que hay; sin embargo, cree que se puede hacer algo para mejorar las condiciones de vida de las especies.

Refiere que, pese a que no comparte que el ser humano intervenga en la naturaleza, es necesario garantizar la subsistencia de las especies, por lo que  propone la construcción de aguadas artificiales que no permitan la filtración del agua de lluvia y que esta se conserve durante el tiempo de sequía.

Además, propone que los proyectos arqueológicos y los de turismo no utilicen el agua en época seca, pues eso disminuye las posibilidades de subsistencia de la fauna silvestre.

“En 30 años que tengo de dedicarme a la conservación nunca había visto la sequedad que ahora se ve en la selva, la selva se está muriendo”, dijo Asturias, quien agregó que para aliviar en parte la falta de agua colocaron recipientes plásticos en varios sectores para que los animales bebieran en medio del intenso calor.

“Lo que realmente me parece sorprendente es ver como los animales salvajes se están animando a tomar agua en recipientes plásticos, porque ellos odian lo que no es natural, principalmente lo hecho por el hombre”, añadió el conservacionista.

Una aguada artificial, construida por un proyecto arqueológico es uno de los pocos lugares donde los animales salvajes aún encuentran agua. (Foto Prensa Libre: Cortesía Francisco Asturias)

Otras amenazas

Sumado a la falta de agua, los animales salvajes se enfrentan a un problema de grandes dimensiones, los incendios forestales, que en lo que de la presente temporada han arrasado más de 900 hectáreas de bosque en áreas protegidas de Petén, según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

En la actualidad, hay 17 siniestros activos en la Reserva de la Biosfera Maya, los cuales dejan una estela de destrucción y muerte, pues muchos animales no pueden escapar de las llamas y perecen quemados.

El tráfico de especies y la pérdida de hábitat por invasiones también son amenaza latentes, aseguran conservacionistas.