Mariano Rivera, el niño que a los 7 años se enamoró del beisbol y que le encanta el pescado, llega al Salón de la Fama

En Puerto Caimito, en el cálido pacífico panameño, lejos del frío de Nueva York, Mariano Rivera padre vivió un momento especial por la elección de manera unánime de su hijo, del mismo nombre, al Salón de la Fama de las Grandes Ligas.

Mariano Rivera de los Yankees de Nueva York llega al Salón de la Fama de las Grandes Ligas. (Foto Prensa Libre: EFE)
Mariano Rivera de los Yankees de Nueva York llega al Salón de la Fama de las Grandes Ligas. (Foto Prensa Libre: EFE)

El panameño Mariano Rivera entró esta semana con el cien por ciento de los votos, siendo el primer pelotero en lograr la hazaña. Cuando se enteraron de la noticia, A Rivera padre, junto con su esposa y familiares, les vino a la memoria los primeros pasos de Mariano en el béisbol.

“Decidió jugar béisbol desde los 7 años, le gustaba lanzar y ya se le veía buen brazo. Después se dedicó a jugar futbol, pero el amor al béisbol se vio desde que él y los amigos hacían sus manillas de cartón y la pelota la hacían de redes del trasmallo y jugaban en la playa”, señaló el padre, quien reconoció que lo que pasó es algo que “siempre esperábamos”.

“Es un éxito para nuestro país, ser el segundo jugador panameño en llegar al salón de la fama, y no importa si llega con el cien por ciento, pero nos sentimos bien contentos, damos las gracias a Dios por lo que ha dado”, apuntó.

Agregó que “todos esos logros lo ha conseguido por Panamá y por Latinoamérica”. El primer panameño en llegar a Cooperstown fue Rod Carew, quien fue elegido para el Salón de la Fama del béisbol en 1991.

Mariano padre conversó con su hijo tres días atrás y siempre lo sintió confiado de lo que pasó hoy en la tarde. “Él siempre estuvo esperando el llamado, siempre lo he sentido tranquilo. Él sabía que esa batalla la iba a ganar con el favor de Dios, por eso siempre estuvo tranquilo”, manifestó.

La mirada del padre nunca falla, en este caso, señaló que el brazo prodigio de “The Sandman” se vio desde pequeño y se reflejó más en su paso por ligas menores.

“Cuando comenzó a jugar sabía que iba a ser un buen pelotero. Yo a veces iba a ver los juegos, cuando lanzaba, yo siempre pensé que iba a subir, pero nunca pensé que su carrera lo iba a llevar hasta este punto, porque para un latino es difícil llegar al Salón de la Fama”, expresó.

Sobre los detractores del otrora lanzador de los Yanquis de Nueva York, Rivera padre señaló: “No solamente pasa con Mariano, pasa con muchos deportistas en nuestro país”.

“Lo catalogan mal, pero muchos hablan sin saber, hablan lo que escuchan. No conocen a Mariano y hablan lo que escuchan y eso no camina así. Tiene que tener pruebas para decir algo”, apuntó. El secreto de “Mo”, según su padre, es la disciplina y la alimentación que le dieron de pequeño.

“Recuerdo que cuando subió le dije ‘hijo ya estamos arriba ahora lo que queda es mantenerse’ eso es lo que lo ha llevado lejos, mantenerse bien siempre”, manifestó.

En cuanto a la comida, Rivera padre señaló que “él (Mariano Rivera hijo) llevaba buena alimentación desde pequeño. Mariano come y comió mucho pescado. Acá le dábamos mucho “tapa’o”, que es un plato de la costa, que consiste en pescado seco con verduras, eso te da mucha fuerza, y esa fuerza a Mariano le duró hasta el último día de su carrera” recalcó.

Reitera que, a pesar de todo, sabe que su hijo es un “ídolo para todo Panamá, para el que hable bien y el que hable mal”.

Rivera padre pone a su hijo en la órbita de Roberto Durán, Laffit Pincay, Rommel Fernández, Julio Dely Valdés e Irving Saladino, todos ídolos del deporte panameño.

Mariano Rivera padre, de 69 años de edad, adelantó que cuando induzcan al Salón de la Fama a “Mo” estará en el lugar, pero va a depender, “si no hace mucho frío, porque no me gusta, sino estuviera allá en Nueva York con él”.

El derecho panameño Mariano Rivera hijo es el actual líder histórico en Grandes Ligas en salvados con 652, y en su carrera de 19 temporadas dejó 1.173 ponches. Fue líder en rescates en tres campañas e hizo valer su efectividad vitalicia en 2.21. Sin dudas, se ganó en cada lanzamiento su entrada a la inmortalidad del béisbol.

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