Érick Barrondo atesora las cuatro medallas que ha ganado en Ciclo Olímpico

En el pequeño estuche azul de Érick Barrondo guarda un tesoro invaluable: cuatro medallas que lo han convertido en el único guatemalteco en subir al podio en los eventos que comprende el ciclo olímpico. La última de ellas, el oro en los Juegos Centroamericanos de Managua 2017.

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Érick Barrondo muestra con orgullo las medallas que atesora con especial cariño. (Foto Prensa Libre: Fernando López)
Érick Barrondo muestra con orgullo las medallas que atesora con especial cariño. (Foto Prensa Libre: Fernando López)

Detrás de cada presea hay una historia y un sentimiento especial. La que más carga emocional provoca al país es la plata de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, pero para el marchista el oro logrado en Nicaragua cumple con otra ilusión.

“Es la medalla que me hacía falta; eso le da un valor grande”, expresó Barrondo al momento de compartir parte de su legado que lo tiene como el máximo deportista nacional.

El metal de los Centroamericanos completa una especie de circulo deportivo para el atleta y, además, abre el camino para una nueva aventura rumbo a los Olímpicos de Tokio 2020, que es ahora el máximo reto en busca de superar la plata del 2012.

“Sé que es la medalla que muchos atletas tienen en Guatemala, pero el competir en Centroamericanos me abrió un nuevo rumbo y empiezo como debe ser este ciclo”, señaló el deportista, quien disfruta de unos días de descanso antes de retornar a España, en enero próximo, junto a su esposa Mirna Ortiz, quien también fue oro en Managua.

Pocas veces Barrondo saca de casa el estuche azul, pero en esta ocasión hizo una excepción para compartir la alegría de contar con una plata olímpica, el oro de los Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, el de los Panamericanos de Toronto 2015 y ahora la presea de Managua.

Sin embargo, el libro de éxitos del marchista, originario de Chiyuc, San Cristóbal Verapaz, aún no termina. El próximo año el reto es llegar en el mejor nivel a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, Colombia.

Tiempos de cambio

La vida de Érick en los últimos meses ha estado sometida a constantes cambios; sin embargo, no olvida que hace ocho años era una persona como todas, que buscaba abrirse camino en el deporte y que se enfrentó a adversidades como el no tener qué comer y dónde dormir.

“Todos conocen la historia de Barrondo después de Londres, pero primero tuve que enfrentarme a situaciones que duelen más que una descalificación en una competencia”, reconoció el marchista.

Ya son más de siete años en la marcha y el seleccionado nacional se define como una persona sencilla, quien tiene como referencia deportiva la posición 50 en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y no la medalla de Londres 2012. “Me quedo con la imagen de Río en el camino a Tokio 2020 para recordar que debo seguir mejorando para cumplir con mis objetivos”, dijo.

Barrondo se entrena en Europa desde enero de este año, bajo la dirección del exmarchista olímpico Francisco Paquillo Fernández con quien ha tenido que replantear las prioridades y enfocarse en mejorar aspectos técnicos para evitar las descalificaciones que tanto le han afectado.

“En mi primera fase en la caminata —con el entrenador cubano Rigoberto Medina—  cometí el error de salir a buscar la punta en las competencias y tratar de caminar en una hora y 18 minutos, pero después vino el polaco Bohdan Bulakowski y me decía que nos concentráramos en ganar sin importar el tiempo. Nos urgían resultados”, reconoció.

Ahora con el estratega español, Fernández se han enfocado en mejorar los aspectos técnicos y la velocidad, pero más estratégico, en especial tomando en cuenta que las marcas dependen del tipo de competencia y de los rivales.

La idea en esta nueva fase de su carrera es mejorar posiciones y en las pruebas de alto nivel finalizar entre los primeros ocho del mundo, lo cual buscará hacer el próximo año en la Copa del Mundo de marcha a celebrarse en mayo en Taicang, China.


Reflexión

Barrondo considera que la marcha ha ido creciendo en los últimos años, sobre todo porque ya existen más atletas que practican el deporte.

Sin embargo, aseguró que es necesario hacer un cambio en los sistemas de trabajo. Está consciente de que en el pasado se hicieron cosas buenas, pero el deporte se ha estancado.

“En mi caso, me siento un atleta más maduro. Aprendí a aceptar la crítica y tomar las cosas buenas. Entiendo a la gente, pues reconozco que muchas veces he fallado, pero he seguido adelante para enmendar los errores”, comentó.

El guatemalteco se mostró complacido de que durante el 2017, de las siete competencias realizadas, solo tuvo una amonestación de los jueces y ninguna descalificación, contrario a lo sucedido en el 2015, cuando lo expulsaron en cinco y terminó apenas una prueba.