Astrid Gramajo: “Los hombres me gritaban que me fuera para mi casa, que aprendiera a hacer tortillas”

Entrevista con la árbitra Astrid Gramajo, pionera en el futbol guatemalteco.

La árbitra nacional Astrid Gramajo durante su debut en la Liga Nacional. (Foto Prensa Libre: Cortesía Andrés N.)
La árbitra nacional Astrid Gramajo durante su debut en la Liga Nacional. (Foto Prensa Libre: Cortesía Andrés N.)

En la Champions League fue la francesa Stéphanie Frappart —2020—, en la Bundesliga fue Bibiana Steinhaus —2018—; más recientemente, en el Mundial de Clubes, fue Edina Batista —2021—,y en Guatemala, la salamateca Astrid Gramajo se convirtió en la primera en dirigir un partido de la Liga Nacional masculina.

La mujer en el arbitraje no detiene su lucha. Esa batalla que se extiende hasta los estadios va en contra de la desigualdad de género y comenzó el 26 de junio de 1968, cuando la turca Drahşan Arda dirigió su primer partido. Fue la primera árbitra en la historia y reconocida por la Fifa.

En Guatemala, aunque el balompié parece ir de retroceso en muchos aspectos, dio un paso importante para las mujeres al permitir que Gramajo dirigiera en la primera jornada del Clausura 2021.

Entrevista con Astrid Gramajo

¿Cómo comenzó su carrera en el futbol nacional?

Empecé jugando como delantera en mi pueblo —Salamá, Baja Verapaz—, en las ligas municipales, con mis cuatro hermanos y mis primos. Nunca jugué futbol profesional. Ahí me vio quien en ese entonces era asesor de árbitros y me inyectó la energía del arbitraje. Me dijo que me veía cualidades y me explicó cómo era todo. Tenía 22 años. Un día dejé de jugar y me vestí de árbitra.

¿Soñaba con dirigir en la Liga Nacional?

Siempre he trabajado para sumar y seguir creciendo. Gracias a Dios, el año pasado que debuté en Primera División —Petapa vs. Aurora—me dije que quería seguir y dirigir algún día en la máxima categoría.

¿Cuáles son sus sensaciones después de su debut en el triunfo de Guastatoya contra Sanarate?

Al principio, desde que recibí la noticia, estaba muy feliz y agradecida con Dios y con las personas que han confiado en mi capacidad.

En el terreno de juego tenía un equipo arbitral de mucha experiencia y con un compromiso para sacar el trabajo de la mejor manera. La confianza que había fue base fundamental para confiar en mí misma y disfrutar ese momento. En mi familia todos estaban muy contentos.

Mi mamá siempre me recomienda estar de la mano de Dios; mi papá, en su momento, me cuestionó y me preguntaba por qué quería ser árbitra. Mi papá falleció hace dos años y era fanático de los rojos, y yo le decía que si era árbitra algún día iba a poder ir al estadio del equipo de sus amores. Él me fue entendiendo y me apoyó un montón. Me pidió que me aplicara y que fuera disciplinada para lograr mis sueños. Hoy recuerdo sus palabras.

¿Qué le dijeron sus familiares después del debut?

Después del partido uno de mis hermanos pasó por mí y me vine para Salamá y ya tenían preparada una cena familiar, con todos mis hermanos, mi abuela y mi hija. Compartimos una cena por algo muy gratificante y fue importante compartir con mi familia después de un partido tan importante para mí.

¿Cómo es ser árbitra en Guatemala y en el futbol masculino?

Al principio es muy complicado, en la Primera o Tercera División. Vivimos en una cultura de machismo y los varones están acostumbrados a que los dirijan hombres, y que una mujer venga y les imponga una decisión es complicado.

Poco a poco vamos aportando para la igualdad de género y se van rompiendo las paredes. Prueba de ello es que ahora vemos a mujeres asistentes en las otras divisiones y a mí me dan la oportunidad de estar en la Liga Nacional.

Los hombres se van acostumbrando a ver un personaje femenino en el terreno de juego. Antes, en la Tercera División, donde me formé, los hombres me gritaban que me fuera para mi casa, que aprendiera a hacer tortillas o que atendiera a mi familia.

Nosotras, como árbitras, debemos tener capacidad para manejar ese tipo de situaciones y dejar eso afuera, y concentrarnos en lo que está pasando en la cancha.

Ser árbitro en Guatemala es peligroso, debido a la violencia, ¿ha sentido miedo en algún momento?

Sí. En Tercera, cuando debuté, me mandaron a una cancha en Jalapa, y al finalizar el partido tuvimos que salir custodiados por policías. Fue un clásico del municipio y terminó en empate, y los dos equipos quedaban eliminados. Esa vez pensé: “¿qué ando haciendo aquí?”, pero después pasó el susto y aprendí, y formé mi carácter. En la Primera y en la Liga Nacional ya no se ven muchas situaciones como esas.

¿Cuáles considera que son sus principales cualidades como árbitra y qué le gustaría mejorar?

Me he caracterizado por tener mucha decisión; por tener mucha fortaleza. Siempre he tratado de aplicar los consejos que me han dado mis profesores y compañeros. Lo que quisiera mejorar y lo necesito es aplicarme para tener una respuesta en cada situación que se presente en el juego.