La noche que terminó en pesadilla, la tragedia del Mateo Flores

Han pasado ya 23 años de ese día trágico para el deporte guatemalteco. Para mí, esa noche del 16 de octubre de 1996 sigue siendo un mal sueño, una mala noche, una pesadilla.

Hoy se cumplen 20 años de aquella tragedia que golpeó al futbol nacional. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Hoy se cumplen 20 años de aquella tragedia que golpeó al futbol nacional. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

*Este texto fue publicado originalmente por el cronista deportivo Eddy Recinos en octubre de 2016.

Llegué al estadio para transmitir y trasladar alegría. Como periodista deportivo no había vivido acontecimiento alguno que se parezca. Era un ambiente de fiesta el que  existía,  como suele ser en  los escenarios deportivos.

Guatemala enfrentaría a Costa Rica en el camino rumbo al Mundial de Francia. Pero no terminó así.

Nunca imaginé que todo  finalizaría en algo trágico. El estadio Mateo Flores —ahora Doroteo Guamuch Flores—, es un lugar donde muchos vivimos glorias y alegrías y  se convirtió en una escena del crimen.

Nadie se  hacía responsable en ese momento. Muchos culparon al mercado negro, otros señalaron a los mismos dirigentes por no tener los controles adecuados.

También  se señaló la combinación de otros  factores, como la venta de licor que se daba en su momento en los graderíos. Al final, no hubo algo claro.

Lo que si es cierto es que en mi mente y en la de los familiares de los fallecidos siguen fijas las escenas impactantes.

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Esa noche, 19.20, la euforia de ver a la Bicolor hacer su calentamiento pudo ser otro componente que causó que los aficionados empezaran a empujar desde la entrada del túnel de la general sur.

Ya no cabía nadie en ese sector. No fue fácil observar las gradas de acceso.

 

Previo, todos alzaron sus voces en apoyo a la azul y blanco, durante cuatro horas. Las puertas del estadio se abrieron a las 16 horas. Después, esos mismos gritos, se convirtieron en desesperación cuando pedían auxilio por  la avalancha humana.

Una fila de  cuerpos de aficionados, algunos con sus camisas azul y blanco otros habían perdidos sus prendas de vestir y eran acomodados en la pista del estadio.

Para mí no fue fácil conciliar el sueño esa noche. Por mi mente pasaron varias cosas. Una de las que rondo siempre fue: pude haber sido yo una de las víctimas.

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La puerta de la general sur —de un metro de ancho— abierta y la gente cayendo. Heridos y muertos, aplastados por la avalancha humana. Fueron las escenas que se repetían cada día y siguen hasta hoy. Algo que no podía creer y que con el paso de los años fui aceptando por mis propios sentimientos.

 

De ver cada domingo en ese mismo escenario, caras de alegría y euforia, pasaron a las de tristeza y duelo.

No cabe duda que todo cambió a partir de ahí. La presentación de los eventos deportivos ha sufrido variables, principalmente en el aspecto de seguridad.

El mismo estadio, hoy Doroteo Guamuch, fue modificado a raíz de este acontecimiento que enlutó a los aficionados del futbol.

 

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