Cuál es el “número mágico” de la economía circular que ayuda a producir menos basura

En el restaurante escocés The Bay, cuyo principal plato es el pescado frito con papas fritas, no hay nada de plástico.

Calum Richardson eliminó el plástico de su restaurante. (THE BAY)
Calum Richardson eliminó el plástico de su restaurante. (THE BAY)

Desde su origen, el chef Calum Richardson decidió que no usaría ni platos, ni cajas, ni cuchillos, ni ningún tipo de envase de plástico. Por eso, todo lo que hay en su interior es 100% “compostable”.

Aunque la palabra suena extraña, lo cierto es que compostable no es sinónimo de biodegradable.

Una bolsa compostable, por ejemplo, se degrada en un período de entre seis y 12 semanas, bajo ciertas condiciones específicas que le permiten convertirse en compost (fertilizante orgánico).

En cambio, una bolsa biodegradable puede demorarse años en su proceso de degradación y este ocurre naturalmente.
“Los envases que utilizo para el pescado frito con papas fritas son bastante costosos comparado con el embalaje que usan otros negocios”, dice Richardson.

“Pensé que gastaría un poco más en el producto, pero tendría mi conciencia limpia”.
 
“Le digo a la gente que uso pescado de calidad y el envase correcto”.

Sus productos para llevar, son envueltos en cajas de cartón de color café. Y los cubiertos son hechos de un bioplástico fabricado con plantas, conocido como ácido poliláctico.

Y no cualquiera puede usar la etiqueta compostable, porque requiere una certificación que comprueba que efectivamente el material se degrada en no más de 12 semanas (por eso 12 es el número mágico).
 
Lo bueno del compostaje es que todos lo residuos alimenticios se terminan convirtiendo en fertilizante.
Pero no todo es tan fácil.

Depósitos especiales

La avalancha de nuevos materiales que aseguran ser biodegradables puede ser engañosa, dice David Newman, director de la Asociación de la Industria Biodegradable.

“Hay muchos encantadores de serpientes en el mercado que dicen que sus productos son biodegradables”, afirma.
El problema es que no hay una definición legal del término. Se puede aplicar a materiales que se demoran décadas en descomponerse.
 
Además, no puedes tirar los productos compostables en cualquier lado.

“Si dejas algo compostable en un basurero normal, se quedará ahí para siempre, igual que el plástico”, explica Newman.
“Tienen que ir a un depósito, donde llegan los tipos más comunes de compost, conocidos como “hileras abiertas”.
Ahí no se acepta comida, sino que reciben materiales compostables y los tratan en sistemas cerrados.
 

Sistema circular

Afortunadamente para Calum, del restaurante The Bay, hay un servicio local que recolecta y procesa sus residuos compostables.

Eso ocurre gracias a Vegware, la empresa que le provee sus materiales de cocina que entran al proceso de compostaje.

Lo interesante es que Vegware, además de vender sus materiales, se enfoca en ocuparse de todo el ciclo de vida de los productos.

Ha trabajado en los últimos años en establecer redes y rutas de recolección en Escocia. Pero claro, no llegan a todas partes.
“Pasa como la historia del huevo o la gallina”, dice Joe Frankel, el fundador de Vegware.

“Es difícil crear una ruta hasta que muchas personas usen productos compostables”.
 
La firma se ha expandido a Europa, Hong Kong y Australia.

Pero es en San Francisco, Estados Unidos, donde funciona la matriz que crea el sistema circular, donde los residuos de comida y los envases compostables vuelven a la tierra.

Charlie Trousdell, un veterano de la industria del compostaje, cuenta que hay varios desafíos, especialmente cuando se trata de contaminación que viene del plástico.

Sin embargo, cree que es posible aprovechar la mayor parte de nuestros residuos alimenticios haciéndolos llegar a un sistema que se recicla en el “mágico” producto que es el compost.

“Lo más difícil es que el gobierno prohíba el desperdicio de comida y que mejore la red de recolección de esos productos desde las empresas”, señala.

Eso abriría la puerta para un uso más masivo del embalaje compostable y no solo en la entrega de comida para llevar.
“No vamos a tener todo bien desde un principio desde el primer día, pero hay que comenzar en algún punto”.