El caro e ineficiente modelo del Correo en Guatemala

Las ventanas del Palacio de Correos de Guatemala, que dan hacia la Séptima Avenida en el Centro Histórico y que dos años atrás mostraban montañas de cartas, hoy lucen diferente. Menos sobrecargadas. Pero detrás suyo esconden una crisis que, según las autoridades, está por concluir.

En el 2016 el Estado debió asumir de nuevo el control del servicio de correo. (Foto, Prensa Libre: Hemeroteca PL).
En el 2016 el Estado debió asumir de nuevo el control del servicio de correo. (Foto, Prensa Libre: Hemeroteca PL).

La Dirección de Correos y Telégrafos tuvo que asumir la operación de recepción y envío de los paquetes postales en 2016, que durante los últimos 12 años habían manejado en concesión las entidades “International Postal Services, Ltd.” y “Correo de Guatemala”.


Debió hacerlo solo con el personal administrativo que realizaba las auditorías del servicio, que ascendía a unos 60 trabajadores para 252 agencias -en las que trabajaban 500 empleados de la concesionaria- y que se redujeron a solo 13, pero con un aumento de 150 empleados.

Hubo paquetes que se acumularon en el mar de documentos, que, a mediados de 2016 sumaban 190 mil y al concluir el 2017 llegaron a sumar 45 mil 225 piezas postales y 141 mil 600 unidades de correspondencia estándar.

Concluido el primer semestre del año, Correos y Telégrafos entregó 18 mil 316 piezas postales y recibió 7 mil 625, pero aún tenía un saldo de 35 mil 225 pendientes; mientras que en la correspondencia estándar, fueron entregados 58 mil 155 misivas, recibidas 13 mil y aún le restaba por entregar 96 mil.

¿Cuál es el mejor modelo?

Aún es un misterio la solución que liberará las bodegas del Palacio de Correos, tanto la correspondiente a la Dirección General y la de fardos postales, que administra la Superintendencia de Administración Tributaria.

El director de Correos, Danny Thompson, quien provenía del sector privado de logística y que no tenía experiencia con procesos administrativos del Estado, admite que se valoran tres opciones: mantener la operación desde el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda; “tercerizar” el servicio de operación y volver a dar una concesión.

Cualquiera de ellas tiene que enfocar su trabajo en “educar” a los guatemaltecos a ver al correo como un servicio “que nada tiene que ver con las cartas de amor y que genera grandes dividendos con el comercio electrónico, cosa que no hemos entendido aún”.

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Acepta que la visión de su jefe, el ministro José Luis Benito, está más enfocada en continuar contratando personal en el sector 011 (plaza fija) para abrir más agencias y agilizar los procesos, aunque el propio Thompson cree que contratar a un tercero para hacer los traslados postales sería más “sencillo”.

Es por ello que solicitó aumentar el presupuesto de Q8 millones a Q32 millones (US$1.06 millones a US$4.2), lo que le permitirá cumplir con las metas de abrir más agencias y “aliviar” la carga que los tiene todavía “sobresaturados” para tener un correo “funcional”.

La opción privada, de la concesión, sería aún más lenta y tendría el ingrediente de la experiencia previa, en la que el Congreso desoyó las solicitudes para renovar el contrato y la empresa cerró sus operaciones dejando al correo en el limbo.

“Estamos mitad pie y mitad caballo”, describe Thompson que por el momento solo hacen entregas de paquetes sin poder hacer envíos y que están “al día” en los nuevos ingresos, pero que tiene una larga lista por depurar.

Poco rentable


Esto orilla a los usuarios a contratar servicios que llegan a costar casi cuatro veces más de lo que pagarían con un servicio estatal, con la ventaja de la agilidad con la que las empresas grandes de mensajería trabajan.

Thompson aboga por “tener correo da competitividad como país” y apunta que El Salvador se ubica en el puesto 43 de más de 200 países adscritos en un ránking de la Unión Postal Universal (liderado por Alemania y Aruba) en el que Guatemala está desaparecida al no tener registros completos de envío y recepción.

Aún está la advertencia a los demás países para que eviten enviar la mensajería hasta que se opere al 100% y, pese a ello, continúan ingresando los paquetes y acumulándose en las bodegas.

Pero asegurar el futuro postal de Guatemala es impostergable, a criterio del experto en logística y maestro en gestión pública, Gerardo Pallais, quien ve en la crisis de Correos “un reflejo de la realidad guatemalteca en general”, que se encuentra en la encrucijada del “abismo” y “la lucha por salir de éste”.

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Pese a tratarse de una institución vital para la vida cotidiana y funcional del país, Pallais asegura que no hubo un “plan B” para revertir una crisis que se anunció con meses de anticipación.

“El problema es que, si mañana cierra otra concesionaria, como la que tiene a cargo la emisión de licencias de conducir, pasará lo mismo: caos absoluto”, por lo que recomienda, como Thompson, continuar con la administración nacional.

Mientras las montañas de paquetes se reducen, aún quedarán las esperanzas para que una mujer reciba dos años después unos calentadores tejidos para pies y una “hamaca para un hámster” comprados por internet, o que otra consiga saber en qué estado se encuentra un jamón ibérico que arribó desde España y que ha cumplido un año escondido en algún rincón del Palacio Postal.