Por qué prefiero mantenerme en la informalidad: Lo que esconde el Centro Histórico

La falta de oportunidades laborales ha obligado a miles de guatemaltecos a emprender un negocio o a salir a la calle a vender lo que puedan, con tal de tener un ingreso económico.

La población en edad de trabajar en Guatemala supera los 11 millones de personas, pero solo una tercera parte se ubica en la formalidad. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)
La población en edad de trabajar en Guatemala supera los 11 millones de personas, pero solo una tercera parte se ubica en la formalidad. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)

En un recorrido por el Centro Histórico de la zona 1 capitalina, se corroboró que entre los negocios informales más comunes están los lustradores de zapatos y los vendedores de granizadas.

Según datos de la encuesta nacional de empleo e ingresos elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas, la población en edad de trabajar alcanza los 11 millones 658 mil 477 guatemaltecos. De estos, se estima que 7 millones 21 mil 690 forman parte de la población económicamente activa.

Sin embargo, la tasa de informalidad en la que se ubican estos negocios sigue creciendo, pues desde el 2012 a la fecha, la población que labora en el sector informal ha sido en promedio más del 70%. La razón principal de este ascenso es la falta de oportunidades laborales formales.

Hay tres millones de guatemaltecos que salen todas las mañanas en busca de un trabajo, pero son pocos los que logran su objetivo, según el Cien.

Es por eso que son cada vez más vistos en las calles del país negocios informales. Los más comunes son los famosos “shukeros”, los vendedores de granizadas, los lustradores de zapatos, ventas de comida y chicleros.

“Me despidieron por mi edad”

Julio González vende granizadas en la zona 1 capitalina desde hace 15 años, después de que fue despedido de un almacén donde se dedicaba a las ventas y ya no consiguió otro trabajo.

Por cada granizada, Julio cuenta que lo que más gana es un 40% de la venta. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)

 

“Por la edad fue que me sacaron de ahí y entonces decidí trabajar de esto, fue muy complicado conseguir trabajo luego de que me despidieron y tuve un trabajo pequeño para poder conseguir el dinero y comprar mi carreta y comencé a trabajar” dijo Julio González.

Julio vende granizadas pequeñas, medianas y grandes de 5, 8, 10 y 15 quetzales y nos comentó que las ventas en los últimos días han estado bajas.

“Todo lo que gastamos en el día son Q75 o Q100 y lo que ganamos 25% o 40% es lo más que ganamos” agregó González.

Julio dice que no le parece mala idea formalizar su negocio, pero tendría que gastar más dinero para los requisitos que pide la SAT.

“Ya no puedo ser albañil”

Otro de los negocios informales comunes en nuestro país es el de los lustradores de zapatos. En la Plaza de la Constitución conocimos a Apolinario Canté, un hombre de la tercera edad que se dedica a esta profesión desde hace 45 años.

“Mi oficio es albañilería, pero ya a cierta edad ya no se puede trabajar en obras grandes, entonces la necesidad me obligó a lustrar porque aquí no me pasa nada”, mencionó Apolinario Canté.

El de Apolinario es el caso de muchos guatemaltecos que al no conseguir trabajo por su edad, optó por salir a la calle a trabajar. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)

 

Apolinario gana entre Q150 y Q200 diarios y dice que le gustaría trabajar en una empresa formal para recibir todos los beneficios, pero por su edad no lo contratan.

Nos comentó que no le interesa formalizar su negocio, pues él lo hace por necesidad, como la mayoría de quienes deciden ser parte de la informalidad.

“Gano más que en una maquila”

Los famosos shukeros, vendedores de hot dogs y los chicleros están en cada esquina. Son negocios, a veces informales, que con los que pueden mantener a sus familias.

Ganar más que en un empleo formal, es una de las motivaciones de muchos vendedores informales. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)

 

Un vendedor de hot dogs, que decidió guardar su identidad, comentó que en un día puede vender alrededor de 50 panes que cuestan entre Q7 y Q10 y, en el mes, llega a tener ingresos mayores que en una maquila o en un puesto en una empresa privada.

Es por eso que deciden seguir trabajando en la informalidad que, aunque no tienen beneficios como Seguridad Social y prestaciones, algunos logran ganar un poco más que en un trabajo formal.

“No tenemos un lugar fijo”

Leticia Castellanos es la dueña de la venta de comida “Sevilla”, un negocio donde venden churros, plataninas, papalinas, tortillas de harina, buñuelos y molletes. El negocio lo empezaron sus abuelos, luego lo tomaron sus papás y ahora ella lidera el negocio.

“El negocio es eventual, hay días buenos y días malos como en cualquier negocio” dijo Leticia.

En su negocio de churros, Leticia Castellanos sí usa la factura de la SAT, y confiesa que le ha dejado beneficios. (Foto Prensa Libre: Raúl Juárez)

 

Ellos no tienen un lugar fijo para vender, es dependiendo el día que eligen en qué lugar colocarse para ganar un poco más, pues han identificado las áreas con mayor afluencia de personas.

La venta de comida “Sevilla” fue un negocio informal por algunos años, pero, a diferencia de los demás entrevistados, ellos vieron en la formalidad una oportunidad de crecimiento.

Leticia nos comentó que ellos ya cuentan con una Patente de Comercio y, el dar facturas, les ha dado la oportunidad de que colegios o establecimientos los contraten para eventos grandes donde generan una mayor cantidad de ingresos.

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