Anécdotas de procesiones, desde aguaceros, alfombras deshechas y balaceras

Miembros de hermandades católicas en la capital y La Antigua Guatemala relatan sucesos fortuitos en cortejos de años anteriores.

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La Semana Santa conmemora anualmente los últimos momentos de Jesucristo en vida, así como su resurrección. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
La Semana Santa conmemora anualmente los últimos momentos de Jesucristo en vida, así como su resurrección. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

El fervor suscitado por la religiosidad católica es indiscutible para los guatemaltecos que durante el tiempo litúrgico de la Cuaresma y la Semana Santa entregan su energía y pasión al desarrollo de cortejos procesionales, interrumpidos ahora por la pandemia.

 

El historiador y cronista Miguel Álvarez comenta que las hermandades son grupos integrados por fieles católicos que se organizan para celebrar y rendir culto a personajes bíblicos como Jesucristo y la Virgen María, a quienes se les dedican la mayoría de los cortejos procesionales.

Aunque en 2021 no se han llevado a cabo, algunos miembros de hermandades pertenecientes a parroquias de la ciudad capital y la Antigua Guatemala cuentan anécdotas de cortejos adscritos a los días mayores de la Semana Santa en años anteriores.

Así, mujeres y hombres parten de su fervor católico para remitirse a algunos pasajes del ayer, en los que algunas procesiones han sido marcadas por efectos de la naturaleza, atentados y algunos cambios de dinámicas en las hermandades.

Lluvias y sismos

Una anécdota muy conocida entre los miembros de la Escuela de Cristo sucedió en la década de 1960 con la reconocida procesión del Santo Entierro de Jesús Sepultado que suele desfilar los viernes de Semana Santa. El Viernes Santo de 1962, por una fuerte lluvia que azotó desde la tarde, el cortejo tuvo que desviarse en la Calle de los Pasos para que los cargadores del anda y los feligreses que la acompañaban buscaran refugio.

Las personas llegaron a la plazuela del templo de San Francisco con el fin de resguardarse, pero estaba cerrado. Aún bajo la lluvia los asistentes a la procesión regresaron hasta la Escuela de Cristo donde oraron y entonaron algunos cánticos. La jornada concluyó con la cancelación del cortejo procesional.

A la mañana siguiente, durante el Sábado de Gloria, los miembros de la Hermandad oficializaron que se daría seguimiento a la procesión del día anterior. Así, a las 9 horas desfiló el Santo Entierro de Cristo de la Escuela de Cristo, siendo aquella la primera vez que el cortejo —habitual del viernes— salió en sábado.

El templo de la Escuela de Cristo, ubicado en la primera avenida de la Antigua Guatemala. (Foto Prensa Libre: Cortesía Danny Gamboa)

La lluvia también ha dicho “presente” en cortejos procesionales en la ciudad capital. Roberto Vásquez, miembro de la Hermandad de la consagrada imagen de Jesús Nazareno del Consuelo, adscrita a la iglesia La Recolección, lo confirma con una anécdota de 1989.

Vásquez cuenta que, durante el Viernes Santo de ese año, un gran aguacero cayó sobre la zona 1. Mientras sucedía, los feligreses dentro del templo La Recolección esperaban a que el agua cesara para así realizar el acto de descenso de Jesucristo, habitual de la fecha.

Como respuesta, los creyentes comenzaron a orar para que escampara. Cerca de las 15 horas salió el sol. Vásquez narra que las personas atribuyeron el suceso al poder de la oración.

Vista interior de la iglesia La Recolección en ciudad de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Cortesía Roberto Vásquez)

Otro suceso vinculado a la lluvia sucedió en la Calle Ancha de los Herreros en La Antigua Guatemala. Este lugar suele ser conocido por fungir como el escenario ideal para que muchas personas realicen sus alfombras de aserrín.

Manuel Estrada, miembro de la Hermandad de la iglesia La Merced en La Antigua Guatemala, recuerda que un día antes de la procesión del Sábado de Gloria en la  que desfila Jesús Nazareno de La Merced y su Santísima Madre, muchas personas trabajaban en sus alfombras sobre la Calle Ancha y para su sorpresa, una lluvia torrencial cayó a las 21 horas.

El agua que cayó deshizo todas las obras de aserrín sobre la piedra colonial.

Estrada cuenta que la lluvia se detuvo a las 23 horas y en ese momento, muchos decidieron realizar nuevamente las alfombras; entre ellos, los integrantes de una familia de apellido Álvarez. A pesar del esfuerzo, el tiempo no dio tregua, ya que otra gran precipitación cayó sobre la ciudad.

Esto provocó la destrucción de las alfombras que se habían elaborado por segunda vez, y en consecuencia, muchas familias se quedaron sin materiales. Esto no acongojó a los Álvarez quienes resistieron y elaboraron una tercera alfombra que en esa ocasión fue de 38 metros de largo. La gran pieza de aserrín sobrevivió la madrugada. En consecuencia, fue posible que el cortejo de Jesús Nazareno de La Merced desfilar sobre ella.

Una de las alfombras realizadas en años anteriores en Antigua Guatemala para la procesión de Jesús Nazareno. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Efectos de la naturaleza como los sismos también han estado presentes durante algunos cortejos procesionales. El Viernes Santo de 1976, en la Antigua Guatemala, se registraron algunos movimientos que José Antonio Méndez de la Hermandad de la Escuela de Cristo recuerda muy bien, en especial uno que sintió a las 14:30 horas.

Méndez cuenta que horas después se dieron otros sismos, pero estos no impidieron que los feligreses continuaran con las procesiones que se desarrollaron hasta las 00:30 horas.

Roberto Vásquez de la Hermandad de la consagrada imagen de Jesús Nazareno del Consuelo, cuenta que un día antes del Domingo de Ramos de 1977, se canceló la entrega de los uniformes que los miembros de la hermandad utilizarían para los cortejos procesionales de Semana Santa, ya que las autoridades parroquiales decidieron guardar el luto por las víctimas del terremoto acontecido un año antes.

Caos impredecible

Isabel de Rodas, integrante de la hermandad de la Consagrada imagen de la Santísima Virgen de Dolores, Reina de la Paz, del templo El Calvario en zona 1 capitalina, recuerda el Viernes Santo de 1996 como uno particular.

Ese día, de Rodas cargaría junto muchas otras mujeres el anda de 90 brazos que suele llevar a la Santísima Virgen que acompaña la de Jesucristo Sepultado. La feligresa recuerda que una colega que tenía padecimientos del corazón quería cargar el anda, pero muchas otras le recomendaron desistir por el riesgo que podía implicar para su salud. No obstante, decidió integrarse al anda.

Cuando las 90 mujeres salían del templo por las gradas que dirigen al atrio, la señora con padecimientos bajó tres peldaños y se desvaneció. Ante lo sucedido, varios feligreses comenzaron a sacarla de la fila para que el resto de sus compañeras que no la aplastaran al seguir su rumbo.

De Rodas cuenta que luego de ser auxiliada por familiares y bomberos, la mujer fue llevada a un hospital donde falleció una hora después.

Al tiempo, el esposo de Isabel le contó que aparentemente la imagen de la Virgen de la Soledad había dado una señal, puesto que el pañuelo que suele colocársele en la mano salió volando hacia la parte trasera del anda, cerca de donde estaba la feligresa se desvaneció y posteriormente murió.

Vista de la fachada del templo El Calvario, en zona 1 capitalina. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Entre otras anécdotas, Isabel cuenta que, hasta la década de 1990, alrededor de 300 niñas acompañaban a las mujeres adultas durante la procesión del Viernes Santo. Algunas menores se distribuían en siete grupos que llevaban un estandarte que era cargado por una y que a la vez era apoyada por otras dos a los extremos del pendón.

Muchas pequeñas que han participado de las procesiones en el Calvario también han estado cerca de situaciones arriesgadas. El Sábado de Gloria de 1999, mientras los integrantes de la segunda procesión infantil de El Calvario transitaban por la 6ª avenida y 14 calle de la zona 1, varios carros continuaron sobre la vía y casi atropellan a los menores. Isabel de Rodas cuenta que los padres que acompañaban, empujaron a los pequeños rápidamente para evitar un infortunio.

En cuanto a tragedias se refiere, cabe rememorar las bombas que detonaron la tarde del Viernes Santo de 1982 durante algunas procesiones de la capital. Teresa Arriola, de la hermandad de la iglesia del Calvario recuerda que ese día se escucharon algunas detonaciones durante el cortejo cerca de su parroquia.

Imagen de la nota publicada por Prensa Libre en abril de 1982 a propósito de la bomba detonada cerca de El Calvario. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Arriola cuenta que luego de enterarse de lo que sucedía, los miembros de la hermandad comenzaron a rodear y tratar de resguardar a las niñas y niños que cargaban procesiones infantiles.

De acuerdo con una nota publicada por Prensa Libre el 12 de abril de ese año, se detonaron algunas bombas cerca de la iglesia El Calvario, lo cual provocó una avalancha de personas que entraron en caos, “mujeres desmayadas, niños perdidos e histeria colectiva”.

Un año después, durante el Viernes Santo de 1983, se registró otro suceso extraño alrededor de los cortejos procesionales de la capital, cuando una mujer se acercó a las andas de Jesús de Candelaria para rociar gasolina sobre la túnica del Nazareno con la intención de prenderle fuego, según apunta una nota de este medio.

La mujer fue detenida luego de la advertencia de un sacristán quien se percató de las intenciones de la señalada. La noticia de Prensa Libre donde se publicó del suceso, establece que a pesar de la acción, el entonces párroco de Candelaria, monseñor Marco Aurelio González Iriarte, no presentó cargos contra la mujer.

Hermandades y procesiones en el contexto nacional

Más allá de los sucesos inesperados e inhóspitos, los cortejos procesionales son parte de una cultura religiosa que vibra desde hace cinco siglos en Guatemala.

El historiador y cronista Miguel Álvarez subraya que en la cultura mesoamericana y castellana —representada por los colonizadores que llegaron a la región— ha persistido un interés contemplativo sobre el sufrimiento y el credo, lo cual se evidencia con las procesiones.

Álvarez cuenta que las hermandades y sus respectivas acciones en Guatemala datan del siglo XVI. Sin embargo, esto cambió a partir de 1874 cuando se expulsaron las órdenes religiosas del país como parte de la Reforma Liberal.

Hacia finales del siglo XIX, estas medidas se revirtieron, por lo que los religiosos volvieron a llevar a cabo sus actividades; entre ellas los cortejos procesionales, indica el historiador.

Casi dos siglos después de la reactivación de estas actividades a nivel nacional, la dinámica cambia para los católicos en 2021, ya que estos se enfrentan a la restricción de eventos multitudinarios que ha sido impuesta para para combatir los contagios por covid-19. De momento, persisten los recuerdos y diversas formas de abordar la Semana Santa.