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Cómo una asociación de mujeres resiste a la sequía en una comunidad del corredor seco

Una asociación de mujeres Maraxcó, comunidad ubicada en el corredor seco, ha logrado mitigar los efectos de la sequía gracias a huertos comunitarios y otros proyectos autosostenibles.

La Asociación de Mujeres Progresistas tiene más de 200 integrantes. Juntas crearon proyectos autosostenibles que permiten a la comunidad sobrevivir en medio de las crisis. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

La Asociación de Mujeres Progresistas tiene más de 200 integrantes. Juntas crearon proyectos autosostenibles que permiten a la comunidad sobrevivir en medio de las crisis. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

En Maraxcó los chorros comunitarios se prenden una vez al mes por dos horas. Es el tiempo que tienen cientos de familias para aprovisionarse de agua. En esta comunidad, situada en el corredor seco al oriente el país, donde la lluvia no es suficiente desde hace seis meses y casi ningún hogar tiene una red de tubería domiciliar, un grupo de más de 200 mujeres ha logrado, con cosechas de agua de lluvia, mantener huertos comunitarios con los que mitigan el impacto de una sequía que cada vez afecta a más familias agricultoras.

Maraxcó se ubica a unos 20 minutos de la cabecera en la parte alta de Chiquimula. Por esta época del año, el terreno es árido y la vegetación en el paisaje es prácticamente nula. “Es el efecto de la sequía”, dicen sus habitantes.

La falta de lluvia en los últimos años se ha intensificado y ha golpeado la economía de familias que subsisten de la agricultura, principalmente las que residen en departamentos que se encuentran dentro del corredor seco, como Chiquimula. Solo el año pasado, se estima que casi 8 mil hogares perdieron alrededor de Q5.5 millones, según cálculos gubernamentales.

En ese contexto, superar las dificultades para emprender cualquier proyecto de agricultura en esta región parece una misión cuesta arriba. Pero un grupo de mujeres en Maraxcó, organizado en la Asociación de Mujeres Progresistas (AMP), resisten cada año ante los embates del cambio en el período de lluvia.

En los últimos cinco años, las mujeres de la AMP han cosechado en diez huertos comunitarios múltiples especies, hierbas y vegetales­­, que les permiten llevar el sustento a su hogar y mantenerse a flote en períodos de crisis.

Lograron implementar los huertos gracias a un programa de capacitación del cual se enteraron gracias a una solicitud de información pública que realizaron en 2017 al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (Maga). A partir de ahí, aplicaron y tuvieron asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura.

Las mujeres se han capacitado para cosechar el agua de lluvia que cae entre julio, agosto, septiembre y octubre. Esta la almacenan en embalses y la utilizan para el riego durante los meses que dura la sequía.

“Tenemos un embalse comunitario que almacena 44 mil 200 litros de agua que nos mantiene para nueve meses. Los huertos nos han servido para sobrevivir porque de ahí sacamos nuestros alimentos para cocinar, para venderlos y llevar sustento al hogar. Antes (de contar con los huertos) nos tocaba viajar a la cabecera a comprar cilantro, rábano y otros alimentos, pero ahora contamos en la comunidad con estos productos que son orgánicos y cosechados por mujeres”, dice cuenta Gloria Díaz, presidenta de la AMP.

Cada huerto tiene una coordinadora que organiza a las demás mujeres para el riego de los mesones. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Díaz, una mujer de 46 años, cuenta que cómo las mujeres de su comunidad han tenido que ser resilientes ante los retos que trae el cambio climático. “Tenemos que hacer cosas nuevas para sobrevivir y ser fuertes porque estamos en el centro de la sequía. El agua es nuestra debilidad, pero los huertos nos han servido para que no falten los alimentos en nuestro hogar”, cuenta Díaz, con la decisión y el liderazgo que le caracteriza.

Díaz recuerda que la comunidad comenzó trabajando con dos huertos comunales, pero por medio de la organización a las mujeres lograron expandirse hasta tener 10 huertos que riegan con el agua que reúnen de 19 cosechadores.

Cada huerto, ubicado en algún terreno de la comunidad, es coordinado por una mujer. María Angelina es una de ellas. Cuenta que de lunes a sábado organiza a diez personas para regar los mesones, donde cultivan tomate, acelgas, rábanos, cebolla, semillas de amaranto, mostaza remolacha y chipilín, entre otras especies.

En los huertos se cultivan distintas hortalizas. Las cosechas las venden o las consumen dentro de la comunidad. De esta forma se apoya la economía de Maraxcó. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

“A nosotros nos cuesta por la falta de agua, pero seguimos caminando y nos vamos levantando. Tenemos un techo de lámina aquí en la casa y ahí cosechamos el agua de las primeras lluvias que caen. Ahorita que ya se acabará (el agua cosechada) cada uno tendrá que traer de su casa un poco de agua para el riego”, comenta la coordinadora.

Las cosechas sirven para el sustento de 234 familias de la comunidad, aunque ahora que es período de sequía los réditos disminuyen, dice la presidenta de la AMP.

Fondos de ahorro

Cada huerto tiene un fondo mutuo de contingencia, el cual guarda ahorros producto de las cosechas en caso de que algún miembro de la comunidad requiera de financiamiento por alguna emergencia en este período, cuenta María Méndez, coordinadora de un fondo.

“Lo que sembramos nosotros lo vendemos a la misma comunidad y el dinero que ganamos lo ahorramos en el fondo mutuo de contingencia para poder tener un incentivo para cualquier emergencia. Ahorita tenemos alrededor de Q3 mil ahorrados de todas las ventas que hemos sacado en el año. También nos sirve para sobrevivir porque podemos agarrarlo para nuestro consumo”, dice Méndez.

La coordinadora explica que cada fondo tiene una directiva y una presidenta que se encargan de administrar los recursos.

Cada huerto genera un fondo mutuo de contingencia. El dinero se utiliza por si algún miembro de la comunidad tiene alguna necesidad. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

En ocasiones, algunas mujeres han requerido utilizar los recursos porque no cuentan con semillas para poder sembrar, entonces piden un préstamo para comprarlas. También lo han utilizado cuando una de las compañeras se enferma o cuando alguien de la comunidad muere, dice Méndez.

Las mujeres de Maraxcó también han podido implementar otros proyectos autosostenibles que les permiten subsistir. Han accedido a los apoyos por medio de solicitudes de información pública que han planteado ante distintas instituciones gubernamental.

De tal cuenta, han ganado becas de financiamiento ante el Ministerio de Desarrollo que les ha permitido comprar materia primea para elaboración de artesanías. También cuentan con un banco de semillas que venden por onza o por libra, aunque en ocasiones también lo utilizan para la cosecha de las socias de la AMP, entre otros proyectos que lideran.

 

 

 

“Tenemos dos años de perder las cosechar maíz”

Manuel Díaz, de 61 años, es un campesino del caserío Pinalito en la aldea Suchiquer, en Jocotán, cuenta que debido a la sequía lleva dos años de tener pérdidas de hasta por Q25 mil en las cosechas de maíz.

Afirma que en las últimas décadas la falta de lluvia se ha agravado. De cosechar hasta 90 quintales en la década de las 70, ahora apenas se alcanzan cuatro o cinco quintales, afirma.

“Yo recuerdo cuando mis padres trabajaban dos o tres manzanas de maíz o maicillo. Sacábamos entre 60 a 90 quintales. Teníamos recursos para vivir, pero del 70 para acá la producción es poca. Ya llevamos dos años en que no hemos tenido ni maíz ni frijol. El año pasado cosechamos cuatro quintales por una manzana de maíz. La sequía esta dura. Estamos viviendo porque Dios es grande en su misericordia. Hemos perdido hasta Q25 mil en cultivos”, cuenta Díaz.

Manuel Díaz, un campesino de 61 años, cuenta que las cosechas han disminuido a causa de la sequía. El maíz que se cultiva es poco a comparación de las décadas de 1970, cuenta. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Roberto Morales, maestro de educación primaria en la aldea El Naranjo, en ese mismo municipio, cuenta que esta situación ha motivado a muchos niños y jóvenes a migrar.

“Entre finales del año pasado hasta hoy nueve de mis alumnos se han ido a Estados Unidos. No terminaron de sacar sexto primaria y ya están allá. Creo que lo peligroso es que se está volviendo el sueño de todos los jóvenes. Pocos piensan en el riesgo… ¿Cuántas personas a diario pierden la vida en busca del sueño americano? ¿Cuántas no vuelven a ver sus hijos? Es un precio muy alto el que tenemos que pagar”, relata.

Morales dice una de las causas por las que la gente pierde sus cosechas es porque solo cultiva maíz y frijol, pero las condiciones climáticas ya no se prestan para estos granos. Ahora es momento de fomentar cultivos alternativos, como sábila, maguey o el gandul.

“En los últimos cinco años hemos tenido una sequía en las personas, año tras año, han perdido su cosecha. Y no solamente pierden lo que comen. La mayor parte de las personas, al momento que cae la primera tormenta en el año, van a los agroservicios a pedir semilla fiada para pagarla en el momento que cultiven. Se pierde la cosecha y de todos modos tienen que pagar, entonces muchas personas han perdido sus terrenos y casas a consecuencia de que no llueve”, dice.

Roberto Morales, maestro de educación primaria en Jocotán, cuenta que nueve de sus alumnos han migrado entre finales del año pasado y este. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Según un reporte de la Dirección de Coordinación Regional y Extensión Rural del MAGA, casi nueve mil familias en el país perdieron Q5.9 millones en cosechas de maíz y frijol debido a la sequía, inundaciones y enfermedades el año pasado. De estas, la mayor cantidad de familias afectadas se encuentra en el departamento de El Progreso, seguido de Chiquimula, Jalapa, Zacapa y Alta Verapaz,

La sequía se ha intensificado y algunos ríos se han secado. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Asimismo, en lo que va del año, Chiquimula reporta una tasa de desnutrición en niños menores de cinco años de 40.5 por cada diez mil habitantes. Esto sitúa al departamento con la tercera tasa más alta de todo el país, de acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Siinsan) de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan).

Los esfuerzos gubernamentales para detener el problema parecen ser insuficientes, pues en el departamento la desnutrición en niños ha aumentado con relación al año pasado, cuando la tasa se situaba en 30.5 por cada diez mil habitantes.

Al consultar con la Sesan si existe alguna estrategia para frenar esta situación, la entidad informó, por medio de su oficina de comunicación social, que actualmente elabora un Plan para la Atención del Hambre Estacional 2022.

El propósito es “Atender la inseguridad alimentaria y nutricional de las familias afectadas por el hambre estacional y prevenir la morbi-mortalidad por desnutrición aguda en niños y niñas menores de cinco años. El plan es aplicable a todo el país, pero tiene énfasis importante en el corredor seco, debido al proceso de sequía a los que está expuesto”, se informó.

No obstante, el mismo aún no se ha implementado y se prevé que sea aprobado próximamente. Entre las intervenciones que contempla se encuentra brindar alimento complementario fortificado Nutri Niños, asistencia alimentaria, transferencias monetarias condicionadas, comedores sociales y alimentación escolar de primaria y preprimaria, entre otras.

Por su parte, el Maga informó que en 2021 se inició con un seguro agrícola, con el cual se aseguró a agricultores que se encuentran en territorios donde hay condiciones de lluvia excesiva o sequía extrema. Este seguro tiene una cobertura de Q3 mil por las dos temporadas. En total puede cubrir hasta los Q6 mil.

Este seguro funciona con sistemas satelitales y reporta alertas sobre aquellos terrenos donde hay lluvia excesiva o falta de lluvia. Aunque el monto económico no restituye toda la pérdida, sino únicamente es un incentivo para reactivar la siembra.

La sequía aumenta la pobreza en los municipios del corredor seco. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

BCIE anuncia inversión millonaria en corredor seco

Recientemente, el presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Danete Mossi, anunció el proyecto “Programa del corredor seco centroamericano y República Dominicana”, donde se prevé invertir más de 200 millones de dólares y en total, se pretende beneficiar a 2.4 millones de personas.

Según el BCIE, el objetivo es mejorar la capacidad de adaptación de la zona a los efectos del cambio climático y los países beneficiarios serán Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

La inversión se enfocará en temas como el manejo o la administración de agua y represas, energía solar y energía eléctrica, entre otros.

 

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