Falta de hábito de leer impacta en el aprendizaje de niños y jóvenes

Cuando al niño, desde temprana edad, no se le motiva a adentrarse en los libros para que se sienta atraído por la lectura, tendrá un insatisfactorio desempeño académico en su proceso educativo.

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Falta de hábito de leer impacta en el aprendizaje de niños y jóvenes
Fomentar el hábito de la lectura debe comenzar en el hogar y continuar en los espacios educativos, con el acompañamiento del docente, para alcanzar niveles satisfactorios de comprensión lectora. (Foto: Hemeroteca PL)

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Con esta escueta frase de deducible resultado, una de las más grandes figuras de la literatura en castellano, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), resumió las ventajas de la lectura, que es clave para el aprendizaje en cualquier etapa de la vida y para la cultura en general, pues nos ayuda a viajar por las páginas de los libros, a desarrollar la imaginación y a ampliar conocimientos y vocabulario.

Sin embargo, en Guatemala, leer es un hábito que va en decadencia y que afecta el desempeño académico de niños y jóvenes, pues solo uno de cada tres estudiantes graduandos llega al nivel mínimo de conocimiento, según datos de la más reciente evaluación Guatemala en Pisa-D (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes), del Ministerio de Educación (Mineduc), del 2018, lo que evidencia la falta de capacidad de comprensión lectora que se va arrastrando desde los primeros años de educación hasta el nivel de diversificado.

De acuerdo con el Informe Nacional de Graduandos del 2019, realizado por la Dirección General de Evaluación e Investigación Educativa (Digeduca), del Mineduc, con base en el examen de lectura y matemática de 157 mil 318 estudiantes, a nivel nacional, como requisito para extender el título del ciclo diversificado, 62.97% no logró alcanzar los niveles de desempeño de lectura y el 37.03% fue calificado como satisfactorio y excelente. “Este fenómeno del bajo logro obtenido se asocia con el escaso hábito lector que tienen los estudiantes”, señala. En el 2010, el porcentaje de logro fue de 22.39%.

En este informe se señala, además, que 20.47% de los estudiantes no ha leído ningún libro por placer; 31.5%, solo uno, y 23.2%, dos. Apenas el 4.01% ha leído más de seis libros. De este último porcentaje, 63.9% alcanzó el logro en lectura.

Datos de Pisa-D, que evalúa, durante dos horas, las competencias de jóvenes de 15 años en lectura, matemática y ciencias, reveló que casi el 40% de los estudiantes evaluados se encuentra en el 20% inferior del alumnado a escala internacional y el 70%, por debajo del nivel 2 (básico), en comparación con el promedio de los países de América Latina, que es cerca del 52%.

En Guatemala, 33% de los estudiantes se encuentra en los niveles 1b y 1c, siendo estos los más bajos en la escala de Pisa-D. Esto quiere decir que siete de cada 10 estudiantes no alcanzaron el nivel básico establecido como una competencia básica.

Estos datos coinciden con la evaluación censal TER, del Mineduc, del 2019, que hallaron que el logro nacional en lectura de 203 mil 340 estudiantes de tercero básico examinados fue de apenas 22.14% —11.58% satisfactorio y 10.56%, excelente—.

Para la psicóloga industrial Vera San Román, fundadora y directora de Innova Reading, con más de 20 años de experiencia en lectura de alto rendimiento, 94% de los adultos guatemaltecos son lectores deficientes y leen de 120 a 250 palabras por minuto (ppm), con 40% a 60% de comprensión. Hay que considerar que niños de 8 a 10 años leen de 50 a 130 ppm. El rango ideal para personas mayores de 11 años es de 300 ppm, con comprensión del 80%. Estas cifras, basadas en una recopilación de datos de 400 mil personas, evidenciaron que 5% de la población son lectores moderados —leen de 300 a 600 ppm, con 60% a 80% de comprensión—, y que solo 1% de la población lee de manera profesional, de 800 a mil ppm, con 80% a 100% de comprensión.

Mariela Estrada y Édgar Molina, de Cuentos y Talentos, iniciativa que fomenta la lectura fuera de ámbitos pedagógicos, refieren que en básicos y bachillerato los jóvenes deberían alcanzar la madurez en la lectura, con textos más complejos que los inviten al análisis, pues a ese nivel ya son seres críticos, con mayor experiencia y conocimientos para hacer comparaciones con mayor profundidad y relacionarlos.

 

“Cada etapa es fundamental y marca el camino lector de una persona. Si no se satisfacen las etapas previas, no se le puede exigir a un alumno que cumpla con la competencia según su edad”, señalan Estrada y Molina. “Por ello, es importante conocer el nivel de comprensión en cada grado, para proveer de un material adecuado y evitar frustraciones y, con ello, un alejamiento de los libros”, añaden.

“Una de las razones por las que los jóvenes tienden a un punteo bajo en las destrezas de lectura comprensiva en múltiples medidas estandarizadas a nivel de Latinoamérica, es porque pareciera que no enseñamos a comprender mientras se lee”, indica Bárbara Mejía, psicóloga especializada en Desarrollo Infantil, directora del Centro Ceclidi, que involucra un proceso de pensamiento y un hábito para ir hilvanando ideas y preguntas mientras se va leyendo.

Solo el 37.03% de los estudiantes graduandos evaluados por el Mineduc en el 2019 obtuvo puntuación satisfactoria y excelente en lectura. (Foto: Hemeroteca PL)

Formación lectora

El aprendizaje es absorber la información que se nos presenta, la mayoría de la cual se adquiere a partir de un texto. “Si no tenemos una buena formación en la lectura, no podremos asimilar contenidos nuevos, lo cual hace que se pierda un aprendizaje valioso que ayudará en todos los aspectos de la vida”, dice Mejía.

“La baja comprensión lectora es un mero ejercicio mecánico que deja poco. Es un proceso a medias. Decodificar sin comprender es, básicamente, dejar de adquirir un nuevo conocimiento, cuando lo valioso es analizar, generar juicios de valor, criticar, justificar y, con ello, aumentar el conocimiento, proceso que casi no se enseña”, refiere.

“Cuando un alumno tiene problemas en el nivel de la decodificación, es decir, asignarle a cada letra un sonido y unir esos sonidos para formar palabras, entonces le es muy difícil comprender lo que lee, pues su energía mental la estará utilizando en ese proceso más básico y no se enfocará en el contenido y su significado”, añade. “El niño o adulto que ha sido criado en un ambiente donde no se tiene una cultura de leer, pocas veces desarrollará el interés por la lectura”, señala.

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Un bajo rendimiento en la lectura impacta de forma directa en el aprendizaje. Si es lenta y tiene una baja comprensión, el estudiante hace un doble esfuerzo, y si no le da tiempo, simplemente sus resultados o notas se ven perjudicadas. Por el contrario, con una buena lectura, se potencializa el aprendizaje, señala San Román. “Si los jóvenes implementarán técnicas de lectura, podrían leer un libro de 200 páginas en cuestión de 40 minutos. Pero como tienen inadecuados hábitos de lectura, leen una obra como si vieran una película en cuatro meses, pues la perciben aburrida, lenta y tediosa”, dice.

Es fundamental que se promueva la lectura significativa, es decir, todo docente debe preguntar a sus estudiantes qué les recuerda lo que leen, qué entienden de lo leído o remitirlos al diccionario cuando alguna palabra no quede clara o pedirles que busquen sinónimos. Estos pequeños ejercicios contribuyen a que comprendan la lectura, expone el pedagogo con Orientación en Administración y Evaluación Educativa Domingo Xitumul Ismalaej, autor del libro Mi primer sueño, cuya metodología facilita que niños de 4, 5 y 6 años aprendan a leer y escribir, y del cual se han impreso tres mil ejemplares, y en el 2022 saldrán a luz cuatro mil más, por su alto impacto.

Cuando hay baja comprensión lectora, surgirán dificultades como redacción deficiente, faltas de ortografía, vocabulario escaso, limitaciones en el desarrollo de la expresión oral e inseguridad en las relaciones interpersonales, dice Xitumul.

Asimismo, hay factores de contexto sociales y económicos, como el analfabetismo, la pobreza y extrema pobreza, que influyen para que los niños y jóvenes se distancien de este proceso, provocando la falta de desarrollo de nuevos aprendizajes y, por otra parte, la ausencia de estrategias ludopedagógicas en el aula para mejorar los procesos de comprensión lectora, indica Xitumul.

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Incentivos

En Guatemala, el acceso a los libros es limitado y, hasta cierto punto, un privilegio. Un porcentaje muy bajo de población puede adquirir libros de calidad. “Una de las principales problemáticas es la falta de interés por parte de los gobiernos en crear programas de lectura más allá de las escuelas, como lo hace México, Argentina y Colombia, entre otros países, donde desde hace muchos años impulsan bibliotecas comunitarias con mediadores de lectura capacitados por el mismo programa”, aseveran Estrada y Molina.

En el país, no se consigue fácilmente variedad de libros, los precios son altos y no existen bibliotecas públicas infantiles y juveniles descentralizadas por parte del Gobierno. De ahí que muchos docentes no tengan hábitos lectores y tengan capacidades limitadas para guiar a los alumnos en su comprensión lectora, dicen.

“Es necesario retomar la escucha, por medio de actividades comunitarias como contar historias o programas radiales que incentiven la imaginación, acompañadas de libros que estén al alcance de la comunidad”, exponen Estrada y Molina.

Lectura digital

La mayoría de la población tiene un teléfono inteligente, que le permite adquirir infinidad de información, señalan Estrada y Molina. Aunque ha habido un auge de la información audiovisual, el texto aún está presente. “Todo el tiempo en las redes sociales estamos interpretando textos, siendo críticos y analizando lo que vemos y leemos. Además, si se usa correctamente, podemos obtener un abanico de variedad de lecturas en cualquier espacio”, refieren.

Por otro lado, la tecnología empuja cada vez más a la brevedad, creando una capacidad de atención limitada en todos los aspectos de la vida. Esto puede crear que una historia, si no tiene los niveles de curiosidad y profundidad, que impulsen al niño a querer saber más, la pueda dejar rápidamente o verla a la ligera sin captar la información necesaria, aseveran.

La tecnología despliega diferentes herramientas o aplicaciones para que de forma interactiva los niños y jóvenes puedan leer y escuchar libros y realizar compresiones de lectura, indica Unicef Guatemala. Sin embargo, algunos textos no están escritos de una manera correcta, y se recae en el uso de símbolos o reducción de palabras.

En el artículo Hábitos de lectura y uso de redes sociales, Universidad de Buenos Aires (2015), se afirma que numerosos estudios señalan que junto con la proliferación de las nuevas formas de comunicación, estudiantes universitarios encuentran cada vez más dificultades para leer de manera comprensiva textos académicos.

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“Con tanta virtualidad y exposición a pantallas, el hábito lector ha decaído y nos hemos vuelto más telegráficos y visuales ante lo que leemos. Consumimos más imágenes que textos por comodidad”, señala Mejía. “El lector se siente satisfecho pero, al mismo tiempo, es de poca profundidad. Lo visual es muy satisfactorio, retroalimenta muy rápido, satisface con poco, pero adormece la necesidad de leer de una manera más explorativa”, señala.

Los principales resultados del informe Lectura en papel vs. lectura en pantalla, del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), 2020, concluyen que la comprensión general al leer textos extensos en pantallas digitales tiende a ser igual o inferior que leer textos impresos.

Las tendencias generales de la lectura en pantalla, al ser más fragmentadas, menos concentradas e involucrar un procesamiento cognitivo más superficial, se están trasladando a los hábitos de lectura en papel. “Por ello, educadores y expertos en lectura y tecnología deben trabajar de forma colaborativa para desarrollar herramientas digitales y software relacionado que tengan en cuenta las ideas de las investigaciones sobre la cognición incorporada a leer”, dice el texto.

La mayor fuente de crecimiento de la lectura, especialmente con fines informativos, es internet. Sin embargo, mientras que en internet la cantidad de texto que se consume parece aumentar, la longitud media de cada texto individual, probablemente, está disminuyendo, pues vivimos en la era de la proliferación de los textos cortos y del estancamiento de los textos largos, señala el referido informe. Los textos más cortos son, por naturaleza, menos complejos y con un vocabulario limitado. La reducción en la exposición a textos extensos tiende a disminuir la habilidad de involucrarse con la complejidad en la argumentación; la sintaxis y la gramática, y la profundidad y amplitud del vocabulario.

“Cuanto menos se practique la lectura de textos complejos con vocabulario amplio, más probabilidades habrá de que las personas menos educadas dejen de buscar lecturas en formatos extensos, incluso, para entretenerse, y recurran a televisión y cine”, dice el informe de Cerlalc.

“Vivimos en una era competitiva, donde el mundo está cambiando constantemente y lo que aprendemos hoy, mañana puede estar obsoleto y desactualizado. A pesar de que nuestro mundo está totalmente rodeado y dominado por la tecnología, la lectura sigue siendo una de las principales herramientas para adquirir conocimientos. Pero si solo se observan videos e imágenes, se pierde interés y gusto por la lectura y eso afecta la comprensión y rendimiento de esta”, dice San Román.

“Si hay control por parte de los padres, el uso de la tecnología puede contribuir de manera positiva en los aprendizajes de niños y jóvenes, con lecturas de su interés como cuentos, poemas, historias y libros para realizar investigaciones, por lo que es de gran apoyo para el proceso de aprendizaje”, considera, por su parte, Xitumul.

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Consejos

  • Para fomentar el hábito de la lectura:
  • La comprensión lectora es un proceso que inicia en los primeros años de vida, al tener contacto con los libros, familiarizarse con las páginas y símbolos escritos.
  • Son los padres quienes deben dar el ejemplo de leer en casa.
  • Adquirir libros sobre temas que le gusten e interesen a niños y jóvenes, aunque no sean grandes obras literarias.
  • Se recomiendan libros visuales para niños, para ayudar a la comprensión, y cuentos clásicos.
  • Tratar de establecer tiempo fijo diario para la lectura, que puede ser de unos 15 minutos.
  • Utilizar técnicas para eliminar la subvocalización mental para no leer al ritmo que se pronuncia, sino de lo que se ve.
    Inscribirse en un buen programa que optimice la comprensión lectora.
  • Al salir de casa, siempre llevar un libro, para leer en los ratos libres.
  • Implementar bibliotecas escolares con facilidades de préstamo de obras.
  • Revisar listas de libros de interés y proponerse abarcarlo durante el año.
  • Hacer lecturas en comunidad, con familiares, docentes o mediadores de lectura, y propiciar conversaciones de acuerdo con lo leído.