Incendios en Petén amenazan a especies en peligro de extinción

Los incendios que acechan la Reserva de la Biosfera Maya, Petén, ponen en peligro a varias especies en peligro de extinción debido a que su ecosistema se está degradando, lo que las obliga a buscar otros sitios para alimentarse o anidar.

En el país hay alrededor de 300 ejemplares de guacamaya roja, que se ve afectada por los incendios forestales que ocurren en la Biosfera Maya. (Foto Prensa Libre: Cortesía Chris Packham/Wildlife Conservation Society)
En el país hay alrededor de 300 ejemplares de guacamaya roja, que se ve afectada por los incendios forestales que ocurren en la Biosfera Maya. (Foto Prensa Libre: Cortesía Chris Packham/Wildlife Conservation Society)

Alrededor de 1 mil 500 hectáreas de ecosistemas naturales (bosques, humedales y sabanas naturales) han sido alcanzadas por las llamas por culpa de un incendio que se activó el pasado 16 de marzo y que podría extenderse a otras áreas protegidas.

Ese es el hogar de varias especies en peligro de extinción que entre los árboles han encontrado un espacio para alimentarse y anidar, y ahora su ecosistema está en peligro.

“Los incendios afectan por el humo, pero también porque se destruyen las áreas que son comederos, lugares de paso, sitios de anidación. No solo de especies grandes que están en peligro de extinción, sino también otras como anfibios, reptiles, todos los pequeños, que por su tamaño no tienen la capacidad de escapar”, menciona Miriam Quiñonez, agente de Vida Silvestre del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

Entre las especies que ven cómo el fuego consume su hogar se menciona al tapir o coche de monte, los monos aulladores y monos araña, el puma, el loro cabeza azul y, entre los reptiles, están la serpiente cascabel y la barba amarilla. De esta población el Conap no tiene un dato concreto de cuántos ejemplares hay en la zona.  También peligran el jaguar, el jabalí y la guacamaya roja que organizaciones como Wildlife Conservation Society (WCS) maneja un aproximado de la cantidad de población.

En el caso del jaguar se estima que existe entre 1.18 a 1.92 individuos por cada cien kilómetros cuadrados de territorio, y la distribución actual de la especie es Petén, Izabal y Alta Verapaz.

De esa cuenta, los incendios en la Reserva de la Biosfera Maya representan un peligro para esta especie, donde habita el 90 por ciento de la población existente en el país. Sus lugares preferidos son los humedales y bosque alto, y la zona del norte del país tiene estas condiciones que son ideales para su subsistencia. También están en peligro por la cacería.

El jabalí solo existe en la Reserva y es más amenazado que el jaguar.  Viven en grupos de 25 a 50 y los cazadores aprovechan para cazarlos en verano, en los cuerpos de agua.

Esta es una imagen de la devastación del fuego en la Reserva de la Biosfera Maya. (Foto Prensa Libre: Cortesía Wildlife Conservation Society (WCS)

En alto riesgo

Sobre la guacamaya roja su único sitio de anidación es el Parque Nacional Laguna del Tigre, en San Andrés, Petén, que está siendo alcanzada por las llamas. Acá estas aves exóticas encuentran alrededor de una decena de árboles para alimentarse. Al ser destruidos, vuelan a otros lugares como México y Belice.

Esta es una especie de plumaje predominantemente rojo escarlata, cuya población es escasa en el país. Se estima que hay alrededor de 300 ejemplares, pero los incendios forestales pueden mermar aún más esa cantidad.

La guacamaya roja se ubica en la categoría 2 de la Lista de Especies Amenazadas de Guatemala (LEA), de acuerdo con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). El ave también está en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

De cuerdo con Julio Morales, de WCS, esta es la temporada cuando las aves están anidando, se están emparejando, y los pichones comienzan a nacer. Esta es una época crítica para ellas porque, debido a los incendios, tienen que buscar el alimento en otro lugar. Pero no solo eso, si hay pichones en los nidos que se encuentran en los árboles “estos seguramente morirán porque aún no pueden volar, agregó Luis Guerra, veterinario de la misma organización.

Junto al tráfico ilegal de la especie y la tala de la especie cantemó, donde las guacamayas rojas -Ara macao cyanoptera nombre científico- suelen anidar y encontrar alimento, la pérdida de hábitat es la mayor amenaza para esta población de aves venerada por los mayas, que la relacionaban con la fuerza del sol y del fuego.

Marvin Martínez, director del Conap en Petén, ha mencionado que esta es una especie emblemática y un indicador de la sanidad del bosque, y no menos de mil ejemplares se encuentran distribuidos en el sur de México, Belice, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

WCS realiza monitoreos constantes en los nidos que se encuentran en la zona. Escalar los árboles para verificar que los polluelos estén bien es parte del trabajo, pero también la vigilancia por medio de cámaras de video que colocan en los espacios donde las aves anidan, y por medio de las cuales han descubierto otras amenazas que diezman a la población: la depredación de los polluelos por halcones y la infestación de abejas africanas en los refugios.

Esfuerzos de conservación de la guacamaya

La guacamaya roja elige una pareja para toda la vida. Su período de reproducción en Guatemala abarca de enero a agosto o septiembre. Generalmente en cada período la hembra pone de dos a cuatro huevos y los empolla por unos 25 días, pero no todos llegan a nacer.

El monitoreo que efectúa WCS se da de octubre a enero en busca de nuevos nidos y de limpiar los existentes. La labor se desarrolla una vez al mes, y los investigadores escalan los árboles para vigilar los huevos. Es en marzo cuando los primeros pichones comienzan a nacer, y tardan entre 90 y 110 para que abandonen el nido.

“Normalmente se monitorean de 97 a 110 nidos antes del comienzo de cada temporada. Los nidos activos por período son de 25 a 30”, indicó Guerra, y agregó que con estas acciones se asegura que como mínimo vuele un pichón por nido activo.

Cuando se cree necesario, por causas de salud, los pichones son llevados al laboratorio de campo y son alimentados, al estar en condiciones de retornar a su hábitat los colocan nuevamente en su nido.

Los pichones que llegan a volar son entre 25 a 30, según la cantidad de nidos activo, refiere Guerra.

Trabajo conjunto

En los esfuerzos por sofocar las llamas en el bosque de la Reserva de la Biosfera Maya colaboran Conap,  WCS, la Coordinadora para la Reducción de Desastres (Conred), GIZ, Asociación Balam, la Municipalidad de San Andrés, y el Ejército de Guatemala, menciona Morales.

Debido a las altas temperaturas y la falta de lluvia, los  incendios en la zona podría continuar. De acuerdo con César George, meteorólogo del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), en Petén las lluvias tardarán un poco más en presentarse, pues iniciarán del 25 de mayo al 5 de junio, ya que es la última región donde cada año comienza a llover.

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