Mark Arellano: “Todos tenemos algo que dar”

El médico Mark Arellano dedica sus conocimientos a niños con desnutrición crónica,  en retribución al amor que recibió.

Mark Arellano, de 36 años, levantó la bandera contra la desnutrición crónica en el caserío Asunción Chivoc, San Juan Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Esbin García)
Mark Arellano, de 36 años, levantó la bandera contra la desnutrición crónica en el caserío Asunción Chivoc, San Juan Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

En el caserío Asunción Chivoc, la mayoría de pobladores   es kaqchikel, y pese a que no está alejado de la capital —se  ubica en San Juan Sacatepéquez— buen número de niños padece de desnutrición crónica. Esa condición motivó al  médico  Mark Arellano a encauzar sus conocimientos para  cambiar esa realidad,  que aqueja a 46.5% de la población infantil del país.


A   cinco  kilómetros del pueblo   se encuentra el centro de prevención de  desnutrición crónica que  fundó y que abrió sus puertas en septiembre, aunque el trabajo viene desde el 2017.

Al principio atendió a 207 pequeños, y la mitad de ellos tenía el padecimiento, actualmente están recuperados y se han sumado otros, el año cerró con 350.  No es asistencialismo, como él mismo dice, sino un abordaje integral para combatir la pobreza extrema como  el origen del flagelo. Se ocupan de la alimentación de los niños, pero también les dan atención médica y  educación. También capacita a las  madres  en nutrición, emprendimiento social y  huertos familiares.    
    
“No me podría dedicar a otra cosa,  sé que el problema número uno de Guatemala es la desnutrición crónica”, refirió el médico, quien viaja todos los días de la capital a Chivoc.

La razón

Mark es el tercero de cuatro hermanos, y proviene de un hogar humilde. De niño fue becado por una organización internacional.

Compasión Internacional vio su fotografía y encontró un patrocinador para sus estudios. Se graduó de médico en la Universidad de San Carlos.

Durante siete años trabajó como médico y asistente personal del cantante cristiano Marcos Witt, viajó por el mundo, pero se sentía desconectado de su realidad, así que renunció y creó la fundación Passion Asociación Guatemala. 

“Conozco la realidad, ese  52 por ciento que han maquillado, sube y baja con los gobiernos, no se puede esconder que hay desnutrición  en niños menores de cinco años,  es la problemática más grande”, señaló.

De esa cuenta, comenzó el  Centro  de prevención de la desnutrición crónica, al que se han sumado  40 colaboradores, la mayoría de la comunidad.     

“Es devolver de lo que he recibido,  sería injusto dedicarme a tener una carrera médica ganando dinero en una clínica, y hacerme de la vista gorda. Doy de gracia lo que recibí de gracia”, dijo.


Eligió Chivoc para erradicar la  desnutrición crónica. Su primer alianza fue con una lideresa comunitaria que abrió las puertas de su casa para atenderlos, y contó con el apoyo de las autoridades locales. 

Mark está consciente de que la atención a esta población  debe ser integral. “No se puede educar un estómago vacío. Me di cuenta de que al darles una taza de Incaparina con aceite de canola, para aumentar las calorías,  despertaba sus neuronas”, dijo. Ahora la risa de los niños y el brillo de sus ojos  son un claro ejemplo del cambio que va en camino.

Se Ensancha

“No me imaginé que fuera a crecer tanto”, refirió el médico, que en alianza con la Fundación Ismael Cala hizo realidad el proyecto. 

Fue en febrero, luego de comprar con sus ahorros el terreno, que comenzó el edificio que inauguró ocho meses después. El espacio cuenta con salones de clases que también funcionan como comedor, hay una cocina y la clínica, y el huerto donde los niños y sus madres cultivan vegetales que utilizan en los menús alimenticios.

Otro de los beneficios para las familias  es la entrega de estufas ecológicas, filtros de agua, catres, paneles solares, colocación de  sanitarios en las casas.

La visión de Mark va más allá de Chivoc; su intención es replicar el modelo y llevarlo a otras comunidades afectadas por la desnutrición crónica. En la lista se  barajan Huehuetenango, Quiché, Chiquimula y  Totonicapán, este último podría ser el elegido.

“Todos tenemos algo que dar. La transformación está  dentro de nosotros. Cuando era niño escuchaba   las voces de la pobreza que le gritan a uno que no puede o que no lo logrará; aunque crecí rodeado de escasez, esta nunca estuvo en mi mente. La fe ha sido  fundamental, ese ha sido mi alimento diario”, dijo.

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