Pandemia trajo doble penuria a pacientes VIH

La escasez de recursos económicos, dificultad para movilizarse y temor a contagiarse de covid-19 causaron abandono de tratamiento antirretroviral y descenso de pruebas de VIH.

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Persona con VIH a quien un colaborador de Apevihs toma muestra de sangre para dar seguimiento a su condición, en un centro de salud de Tecún Umán, San Marcos. (Foto Prensa Libre, cortesía de Apevihs)
Persona con VIH a quien un colaborador de Apevihs toma muestra de sangre para dar seguimiento a su condición, en un centro de salud de Tecún Umán, San Marcos. (Foto Prensa Libre, cortesía de Apevihs)

La pandemia sacó a la luz los problemas que han persistido en la atención de personas con Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) en los servicios de salud pública del país, en especial en la provincia, que ha llevado a que pacientes abandonen su tratamiento antirretroviral —medicamentos que impiden la replicación de ese virus en el organismo— o que no se sometan a pruebas para detectar el contagio de VIH.

Según datos de Onusida Guatemala, al cierre del 2020 había 33 mil personas viviendo con VIH en todo el país, con un subregistro de hasta 43 mil.

El informe Vigilancia Epidemiológica del VIH, de enero a diciembre del 2020, del Ministerio de Salud, señala que los nuevos casos de VIH notificados en todo el país el año pasado fue de 667, y de VIH avanzado —sida—, 244, que da un total de 911 —un descenso del 32 por ciento en relación con el año anterior—, lo cual refleja una tasa de incidencia del 5.4 por ciento. En el 2019 se reportaron 1 mil 303 casos; en el 2018, 1 mil 421, y en el 2017, 1 mil 431. Escuintla, Guatemala y Suchitepéquez registraron la tasa más alta de incidencia.

Ocho departamentos concentraron más del 90 por ciento de todos los casos, y el grupo etario de 20 a 49 años registra la mayor cifra de contagios. De enero a junio de este año se han diagnosticado 664 casos, y en el 2020 fallecieron menos de mil personas por VIH.

De acuerdo con el Programa Nacional de Prevención y Control de ITS, VIH y Sida, de la cartera de Salud, hasta septiembre del 2021 se reportaban 19 mil 141 personas con VIH en las 16 Unidades de Atención Integral (UAI), de las cuales 19 mil 61 están en tratamiento con antirretrovirales. El Hospital Roosevelt —5 mil 373— y el hospital General San Juan de Dios —4 mil 226— atiende al mayor número de personas con el virus. Le sigue Coatepeque —1 mil 370— y Escuintla —1 mil 61—.

Según dicho programa, 76 personas con VIH resultaron infectadas con covid-19, de acuerdo con datos proporcionados por las UAI de abril a septiembre del 2021. “Es importante considerar que las UAI arrojaron este dato, de acuerdo con antecedentes que mencionan los pacientes cuando se presentan a sus citas, pues estas no se encargan de efectuar pruebas de covid-19 ni tienen acceso a resultados de laboratorio”, destaca.

Disminuye detección

La pandemia modificó muchas de las estrategias que se utilizaban para brindar una detección oportuna del VIH, al igual que otras enfermedades, pero se han promovido cambios para no disminuir los tamizajes a la población y el seguimiento a las personas con diagnóstico de VIH, refiere dicho programa.

Los servicios de salud pública llevaron a cabo 304 mil 644 pruebas en el país en el 2020, 12 por ciento menos que el año anterior, detalla la Vigilancia Epidemiológica del VIH, de enero a diciembre del 2020.

A su vez, el informe Prioridades para mitigar el impacto de covid-19 en las respuestas nacionales a las enfermedades y la planificación de la sostenibilidad en Guatemala, de Pharos Global Health Advisor (2021), de 914 mil 288 personas que se sometieron hasta el 16 de marzo del 2021 a pruebas de VIH en todo el territorio nacional, 174 mil 494 —20.43%— resultaron positivas. San Marcos —27.78%—, Sololá —26.69— y Chimaltenango —24.22%— son los departamentos con las tasas más altas de positividad.

Añade que hubo descensos en la cobertura de servicios de pruebas de VIH, en parte por la reticencia de pacientes a acercarse a los servicios de salud por temor al contagio de covid-19, y por suponer que las pruebas no están disponibles.

Víctor Alfonso Mayén, director de Apevihs, en Retalhuleu, que se dedica a la prevención, atención e investigación de VIH/sida y seguridad alimentaria en la Costa Sur del país, indica que se redujo el número de pruebas porque las personas asisten menos a lugares de encuentro para socializar —bares, discotecas o baños sauna—, pero también por las restricciones de movilidad y horarios restringidos. “Pese a las medidas decretadas para mitigar el impacto del covid-19 han aumentado los casos de transmisión del VIH, porque muchas personas no han podido disponer de preservativos y lubricantes que se distribuyen de manera gratuita en distintos programas del país y servicios de salud del gobierno”, expone Mayén.

Cómo les afecta el covid-19

El referido programa indica que el covid-19 es una enfermedad grave y todas las personas con VIH deben seguir las medidas sanitaria para minimizar la exposición y prevenir el contagio. Al igual que ocurre con la población en general, los adultos mayores con VIH o con problemas cardíacos o pulmonares pueden tener mayor riesgo de infectarse con covid-19 y tener síntomas graves.

“Es muy importante que las personas con VIH no modifiquen sus pautas de tratamiento antirretroviral ni añadan medicamentos antirretrovirales, con la creencia de prevenir o tratar el covid-19”, destaca.

Isaí Vela, director de Asociación Idei, en Quetzaltenango, que promueve programas de salud, educación e investigación de VIH en el occidente del país, señala que los antirretrovirales ayudan a las personas a fortalecer su sistema inmune para combatir el covid-19, pero si abandonan su tratamiento o no saben que tienen VIH y contraen covid, su condición puede agravarse e incluso fallecer.

Luis Gómez, director del Colectivo Amigos contra el Sida (CAS), que diagnostica cada año a 250 personas portadoras de VIH, coincide en que si la persona con VIH no se adhiere al tratamiento, su sistema inmune se va debilitando, lo cual propicia que cualquier infección tenga las condiciones óptimas de causar estragos en el organismo y el coronavirus no es la excepción.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), basado en datos de 37 países, confirmó que casi una cuarta parte de las personas con VIH que fueron hospitalizadas por covid-19 fallecieron, y que el riesgo de presentar enfermedad severa o fatal de covid-19 es 30 por ciento mayor en las personas con VIH que en las personas sin esta infección, refiere Héctor Sucilla Pérez, director de Onusida Guatemala. Además, todas las personas con VIH deben tener un esquema de vacunación completo para covid-19, sin importar su conteo de linfocitos CD4 —que atacan infecciones— o de su carga viral de VIH. En el caso de las personas con VIH avanzado, se recomienda que reciban una tercera dosis de alguna de las vacunas aprobadas por la OMS.

Abandono de tratamientos

La pandemia ha incrementado las desigualdades sociales y económicas de las personas con VIH, y de las poblaciones clave que viven con VIH —homosexuales, hombres que tienen relaciones con hombres, mujeres transgénero y trabajadoras sexuales), dice Sucilla.
El referido programa da cuenta que 1 mil 859 personas abandonaron su tratamiento antirretroviral en el 2020, y 1 mil 79 de enero a septiembre del 2021, sin detallar las causas.

“En las UAI la atención a la población con VIH no ha cesado; sin embargo, ha sido necesario implementar protocolos de prevención para evitar contagios por covid-19”, afirma Salud. Además, se implementó la estrategia de atención diferenciada —de acuerdo con las necesidades de cada unidad— para brindar servicio adecuado a personas con VIH mediante la dispensación multimensual —de tres a seis meses de tratamiento por entrega— de la terapia antirretroviral, seguimiento por telemedicina y envío del tratamiento al domicilio del paciente.

El Ministerio de Salud refiere que pese a los problemas ocasionados por la irregularidad de vuelos internacionales, el abastecimiento gratuito de antirretrovirales continúa.

El Departamento de Atención y Análisis de Denuncias de la Procuraduría General de la Nación dio a conocer que en el 2019 se recibieron 20 denuncias por falta de medicamento o antirretrovirales a pacientes con VIH/sida; en el 2020 fueron tres y en el transcurso de este año, dos.

Vela manifiesta que el sistema de salud no está capacitado para tratar enfermedades crónicas, en especial el VIH, pues la principal dificultad es que las UAI están centralizadas en cabeceras y vinculadas a los hospitales. “Cuando cerraban el hospital —a causa del confinamiento por la pandemia—, también se cerraba la UAI, que se encarga de entregar la medicación”, expone.

A las personas que viven en áreas rurales se les dificultaba movilizarse hasta las cabeceras para atención médica y entrega de su tratamiento, puesto que al principio de la pandemia no se enviaban los medicamentos a la residencia del paciente, por lo que trasladarse hasta las UAI representaba un alto costo económico. Por ejemplo, el 36 por ciento de los pacientes que se atienden en la UAI de Quetzaltenango provienen de San Marcos.

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“Un paciente con VIH no puede dejar de ir al médico, pues debe hacerse sus chequeos rutinarios de conteo de células CD4 o cargas virales —de VIH—, así como de enfermedades oportunistas, sobre todo del hígado y riñones”, y otro problema es el horario limitado y tiempo de atención de las UAI, ya que “15 minutos no son suficientes para cada paciente”, pues el VIH debe abordarse desde una perspectiva estructural, biomédica, nutricional y conductual, enfatiza Vela.

En un estudio elaborado por Apevihs de julio a octubre del 2020 para establecer la seguridad alimentaria de los hogares afectados por el VIH, se halló que más del 90 por ciento de estos tuvieron problemas para la adquisición, disponibilidad y consumo de alimentos, lo cual genera deterioro en la salud e inmunidad, como consecuencia de la reducción en calidad y cantidad nutricional. No obstante, Mayén afirma que hasta el momento no se ha interrumpido ninguna forma de tratamiento a personas con VIH.

“El ministerio debe descentralizar la entrega de antirretrovirales a puestos y centros de salud. La dificultad de movilización de pacientes a las UAI producirá un repunte de VIH y su carga viral dejará de ser indetectable”, asegura Vela, al hacer énfasis en que las oenegés se hicieron cargo de las gestiones para que los pacientes tuvieran disponibilidad de sus tratamientos. Añade que el referido programa de VIH/sida perdió el 51.9 por ciento de su presupuesto en el 2020, por lo que la enfermedad quedó relegada.

“Temo que eventualmente se produzca desabastecimiento de antirretrovirales, porque la prioridad del Gobierno en el gasto de salud son las vacunas y el mantenimiento de los hospitales covid”, indica Mayén.

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En la provincia no hay estrategias para evitar que los pacientes abandonen el tratamiento, y con la pandemia se calcula que hubo de 15 a 18 por ciento de deserción, subraya Vela.

Gómez coincide en que la pandemia, limitaciones de transporte, horarios habilitados por el gobierno y desempleo han afectado l detección del VIH. Además, “quienes tienen empleo formal están en riesgo de revelar su estado serológico en su trabajo, lo cual los expone a represalias por vivir con VIH”, resalta.

Una solución sería que Salud validara y apoyara a las organizaciones que tienen horarios diferenciados para descentralizar la atención de usuarios que viven con VIH mediante la entrega comunitaria de medicamentos, plantea Gómez.

“En nuestra zona —Costa Sur— estimamos un abandono de hasta el 40 por ciento, en especial por el confinamiento, cierre de rutas de acceso y menor capacidad de los servicios de salud, pues se ha dado prioridad al covid-19 y a la vacunación, y al temor de las personas de exponerse”, insiste Mayén. Su asociación, durante el confinamiento, visitó a personas con VIH o las citó en lugares clave de sus comunidades para entregarles ayuda alimentaria, llevarles el medicamentos y tomarles muestras de sangre, como parte del control habitual en las UAI.

Las personas con VIH también han visto afectado su acceso a otros programas y servicios de salud, como ha pasado con el resto de la población, poniendo en riesgo su atención integral, advierte Sucilla. Las estrategias de alcance comunitario para la entrega de tratamiento antirretroviral, así como de desconcentración y descentralización de servicios de tratamiento y cuidados, son esenciales para asegurar el acceso a la terapia antirretroviral y garantizar la atención integral de las personas en el contexto de la pandemia, añade.

“En la medida que logremos resolver las desigualdades, podremos asegurar los derechos humanos de las personas que viven con el VIH y los grupos de población clave, y así preparar mejor a nuestra sociedad para vencer la pandemia”, concluye Sucilla.

Evolución VIH en el país

  • En 1980, la esperanza de vida para un paciente con VIH era de uno a dos años. En la actualidad, una persona de 20 años con el virus puede llegar a vivir alrededor de 53 años, según el informe VIH/SIDA actualización, guías de práctica clínica basadas en evidencia, del IGSS (2021).
  • Guatemala identificó en 1984 los primeros casos de personas con VIH en etapa avanzada, y desde entonces se ha fortalecido la vigilancia de esta enfermedad.
  • La epidemia de VIH en Guatemala sigue concentrada en poblaciones de hombres que tienen intimidad con hombres, mujeres transgénero y trabajadoras sexuales. Las prevalencias reportadas para estas poblaciones son de 9, 22 y 1 por ciento, respectivamente, indica Onusida Guatemala.
  • El IGSS reporta que para el 2019 el 64 por ciento de los pacientes atendidos con VIH tenían de 25 a 50 años de edad, el 78 por ciento son hombres, y la mayoría de Guatemala, Escuintla, Izabal y Suchitepéquez.