¿Se debe incluir el avance de la vacunación en el semáforo epidemiológico?

Especialistas consideran que con el avance de la vacunación en Guatemala es necesario hacer una revisión al semáforo epidemiológico que creó el Ministerio de Salud para determinar las alertas.

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Guatemala avanza en el proceso de vacunación y expertos consideran que debe incluirse en el semáforo epidemiológico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)
Guatemala avanza en el proceso de vacunación y expertos consideran que debe incluirse en el semáforo epidemiológico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

El semáforo epidemiológico llegó a la semana 60 de su implementación, y para los especialistas es urgente llevar a cabo una actualización del instrumento que permita conocer resultados sobre la vacunación anticovid en Guatemala.

Asimismo, algunos de los consultados estiman que el semáforo debe contar con más esquemas de información, como la vacunación, pero otros dicen que debe incluir el número de decesos y ocupación hospitalaria con las personas que ya recibieron las dosis del fármaco.

El tablero se estableció para medir estadías de comportamiento en cuanto a medidas de contención. Las alertas se emiten en rojo, anaranjado, amarillo y verde, pero han surgido diversas posturas sobre los posibles criterios por considerar.

En cadena nacional, el pasado viernes, el presidente Alejandro Giammattei refirió que, en un estudio del total de decesos en agosto en el Hospital de Villa Nueva y el temporal del Parque de la Industria, 369 de los 524 fallecidos —70 por ciento— no estaban vacunados y 145 —27 por ciento— solo habían recibido la primera dosis.

Semáforo “obsoleto”

Óscar Chávez, analista de Laboratorio de Datos GT, señala que el semáforo epidemiológico no se diseñó para el contexto actual, sino que se creó como una herramienta para medir el riesgo en los territorios, tratar la manera de mantener la pandemia a niveles estables, balancear el control y evaluar la apertura de la economía.

Subraya que el semáforo no es un mecanismo que detendrá el aumento de casos, y si hay repuntes en Semana Santa o Navidad, por una nueva variante o cualquier otro factor externo, el semáforo ya no es suficiente y solo opera como un instrumento de base. Pero ante una subida considerable de infecciones es preciso adoptar medidas extras, lo que no se hizo en el pico observado en agosto pasado, y es “muy probable que no se haga a finales de año”.

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“Creo que hay que actualizar el semáforo porque solo se observan criterios que ya son obsoletos. Para estar en rojo se deben tener más de 55 casos por cada cien mil habitantes y hay muchos municipios que tienen 20 veces más que eso. El semáforo fue diseñado en otro contexto, vale la pena actualizar los rangos y modificar criterios”, enfatiza.

Incluir a vacunados

Para Víctor Manuel García Lemus, presidente de la Red Universitaria de las Américas y el Caribe para la Reducción del Riesgo de Desastres  (Redulac) y especialista en gerencia de riesgo de desastres en proceso de desarrollo, el semáforo  define estadías de comportamiento en cuanto a medidas de contención, ya que si se está en rojo hay que tomar medidas de aforo; al bajar a  anaranjado, a otro nivel, pero urge elaborar un análisis porque  no debe ser el único instrumento de control de la pandemia. A ese respecto, dice, se debe empezar a analizar los niveles de vacunación.

Cita, por ejemplo, que las personas que tienen completo el esquema ya pueden circular con relativa libertad, asistir a espectáculos públicos, acudir a trabajar a cualquier hora, pero también es primordial establecer limitaciones a quienes no han recibido ni la primera dosis, aunque no es el único elemento para el control epidemiológico.

“La vacunación hay que pensarla como un esquema de semáforo que pudiera ayudar, y los municipios que tienen un buen nivel de vacunación ya pueden empezar a tener medidas de mayor libertad. Sin embargo, el Ministerio de Salud no está utilizando esta situación, solo en el aeropuerto, para llevar una prueba de PCR. Esto ya se puede utilizar en los estadios de futbol, restaurantes y mejorar los aforos con todos los empleados vacunados, puesto que se reduce el riesgo”, remarca.

Agrega que el país lleva el 20 por ciento de población meta vacunada —mayores de 18 años—, 30 por ciento con una dosis.

El semáforo hubiera funcionado con el repunte de casos que hubo en agosto último, para limitar la restricción a las personas no vacunadas hasta las 14 horas, y a quienes sí lo están permitirles la movilidad para trabajar hasta las 21 horas, porque son las que tienen menos riesgo.

Las personas vacunadas podrían    incrementar los aforos en restaurantes, hoteles y en las iglesias, y también contribuirían a la reactivación económica.

“Si muchos municipios quieren celebrar fiestas patronales hay que decirles que si llegan al 70 por ciento de vacunación van a poder participar en la actividad, porque sirve de restricción y de estímulo, al igual que en los estadios. Hay que combinar el semáforo con la cobertura de vacunación”, asevera.

 

 

“Vacuna no detiene la transmisión”

No obstante, Chávez es de la idea de que la vacunación no debe incluirse en el tablero, ya que el semáforo mide el riesgo del virus.

“Si se tiene un municipio con bastante vacunación y aun así con muchos casos, ¿debería estar en verde o en rojo? La vacuna no necesariamente detiene la transmisión; reduce el riesgo, pero no la transmisión del virus. Ahora, muchos países de Europa y Estados Unidos están entrando a una cuarta ola con características diferentes, una vacunación avanzada, con menos fallecidos pero muchos contagios. Guatemala tiene una población poco vacunada y un sistema de salud debilitado, e incluir la vacunación al semáforo sería agregar un sesgo a las pruebas”, advierte.

Además, destaca que, si la vacunación y las pruebas se concentran en la capital, el semáforo pasa de inmediato a verde, cuando en realidad existe una alta incidencia.

“El semáforo ayuda a medir el estado de la epidemia en los municipios y eso es independiente de la vacunación. Ahora la capital tiene el 80 por ciento de la población vacunada, pero los hospitales San Juan de Dios y Roosevelt tienen más del 400 por ciento de ocupación, una incidencia de 500 a 600 casos por cada cien mil habitantes, y una positividad arriba del 30 por ciento. Una vacunación del 80 por ciento no significa que estemos en verde. No es un criterio para incluir al semáforo”, precisa.

Indirectamente, los fallecimientos o la ocupación hospitalaria podría incluirse al semáforo epidemiológico para que entonces, si por la vacunación bajan los decesos y la ocupación hospitalaria en un municipio, baja el nivel de riesgo.

En todo caso, indica, se deberá medir en el semáforo el efecto de la vacunación, los fallecimientos o la ocupación hospitalaria.

Registros

Para el epidemiólogo José Ortiz el semáforo debe incluir otras variables como la mortalidad diferenciada, sobre si las personas estaban vacunadas o no, si tenían esquema completo o no, y agregar una nueva variable sobre la prevalencia, al haber logrado anticuerpos con la vacunación.

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Afirma que la medición del semáforo es a destiempo y no es ágil; tiene un retraso de 15 días para reaccionar.

Reitera que hace falta incluir la vacunación dentro de la mortalidad y clasificar a los fallecidos como vacunados o no, y con qué fármaco, ya que  es información de vital importancia. También se deberían conocer los indicadores del semáforo desagregados, añade.

Otro problema es que la información no fluye a la velocidad deseada y no se hace el tamizaje con el número adecuado de personas, que deberían ser 28 mil diarias.

Ortiz considera que la quinta curva podría empezar en noviembre y terminar en marzo, y ser igual o peor que la actual.

“Con lo que había”

El matemático Juan Pablo Pira, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), aseguró que el sistema de información fue acertado en contar con la información, ha sido útil y  es perfectible.

“Los colores impuestos están ligados a las medidas de protección y son las cosas que uno piensa que se pueden modificar en algunas más estrictas, y ahí están las complicaciones, en cuanto a  las medidas que tuvieron que ser de observancia general”, expresó.

Sin embargo, hizo ver que el semáforo fue diseñado en su momento con lo que había disponible y lo mejor que se pudo hacer en su tiempo, pero una vez establecido debe mantenerse.

Sobre las mejoras, comentó que las personas deben estar conscientes de cuáles son las acciones que deben permitirse en cada color de alerta.

“Las fiestas de Quiché es algo de eso, y tengo hasta la idea de que contaban con permisos locales, pero que la normativa tiene que ser de observancia general y estar muy clara, porque no sé cuáles son las diferencias si estamos en alerta roja, amarilla o anaranjada”, puntualizó.