Siempre en el ojo de los huracanes: la explicación de un físico sobre por qué Centroamérica es golpeada por estos fenómenos

Centroamérica aún no se recupera de los daños causados por los huracanes Iota y Eta.

El impacto de Iota dejó serios daños en la infraestructura vial del país, donde puentes y carreteras fueran afectadas por la crecida de ríos. (Foto Prensa Libre: Carlos Zaparolli)
El impacto de Iota dejó serios daños en la infraestructura vial del país, donde puentes y carreteras fueran afectadas por la crecida de ríos. (Foto Prensa Libre: Carlos Zaparolli)

Los huracanes Iota y Eta, que recién han azotado a Centroamérica, han revivido otros mortíferos fenómenos similares que en los últimos 50 años dejaron mucha muerte y destrucción, en una región cada vez más vulnerable a los desastres naturales.

Nombres como Fifí, Mitch y ahora Eta e Iota, han significado para los pueblos centroamericanos, principalmente Honduras, Nicaragua y Guatemala, decenas de miles de muertos, pérdidas económicas y materiales que se han contado por miles de millones de dólares, y millones de personas damnificadas entre 1974 y 2020.

Pueblos enteros como Choloma y Morolica, en el norte y sur de Honduras, y Panabaj, a la orilla del lago Atitlán, en Guatemala, fueron desaparecidos por huracanes como Fifí, en 1974, Mitch, en 1998, y Stan, en 2005.

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“Este tipo de fenómenos definitivamente lo vamos a tener todos los años y no tienen una relación directa con alguna otra actividad atmosférica”, dijo el físico Nabil Kawas, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).

Agregó que los huracanes “se están volviendo más extremos y con una vida un poco más corta, antes duraban de unos seis a ocho días”, subrayó Kawas.

Entre 1966 y 2020 Honduras ha sufrido los embates de decenas de huracanes, tormentas y depresiones tropicales, que le han dejado daños graves a su infraestructura y frágil economía.

Los más devastadores han sido Fifí, Mitch, y ahora Eta e Iota, que en menos de dos semanas han destruido una buena parte de la infraestructura y economía.
Fifí, en 1974, dejó 10 mil muertos y pérdidas por unos US$500 millones.

Mitch, que fue el más devastador, en escala 5, que había azotado a Honduras, dejó daños en todo el país, lo mismo que en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, aunque menos graves.

Este fenómeno dejó más de cinco mil muertos, destruida toda la infraestructura productiva del país y sumergidos en el agua su agricultura, ganadería e industrias, entre otros daños severos, que fueron calculados en unos US$4 mil millones.

Eta e Iota han dejado en Honduras alrededor de cien muertos y pérdidas que podrían superar los US$10 mil millones, según analistas locales.

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Nicaragua, que ha sido alcanzada por 13 ciclones en los últimos 13 años, es históricamente uno de los países más afectados del mundo por los eventos extremos.

Hasta 2019 era un habitual en el “podio” Índice de Riesgo Climático Global, elaborado por la organización alemana Germanwatch, para identificar a las naciones más impactadas por los fenómenos relacionados con el cambio climático.

El más violento de todos, hasta la fecha, ha sido el huracán Mitch (1998) que, aunque no entró a Nicaragua, sus bandas produjeron lluvias intensas y persistentes nunca antes vistas en el país, que causaron la muerte de más de  tres mil personas.

De esa cifra de fallecidos, más de dos mil se registraron en un deslizamiento de tierra en el volcán Casitas, al noroeste del país, mientras que las pérdidas económicas representaron el 77 % del Producto Interno Bruto (PIB), según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Otros huracanes poderosos que impactaron Nicaragua fueron el Joan (1988), que dejó 148 muertos, y el Félix (2007) (ambos de categoría 5), que se cobró la vida de cien personas, devastó unas 21 mil viviendas y 1.3 millones de hectáreas de bosques.

Eta dejó pérdidas por US$178 millones, equivalentes al 1.5 % del (PIB), dijo este jueves 19 de noviembre el ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta.
Unos US$15 millones en pérdidas corresponden a  mil 890 viviendas que fueron destruidas, y ocho mil 700 con daños parciales, en todo Puerto Cabezas, incluyendo Bilwi.

Cerros que esfuman pueblos en Guatemala

Guatemala es el país más afectado en Centroamérica por los huracanes que se forman en el Caribe, y es considerado por expertos como de alto riesgo, debido a diversos tipos de vulnerabilidad, con más de 10 mil puntos de peligro de deslizamientos, inundaciones y derrumbes identificados por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

Uno de los huracanes que más daño le ha causado a Guatemala es el Francelia, que en 1969 dejó un desolador panorama de 269 muertes y pérdida de viviendas para más de 10 mil personas, según un reporte del año siguiente de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (Usaid).

Se suma Mitch, que dejó 268 personas fallecidas, 121 desaparecidas, 106 mil damnificadas y evacuadas y más de 750 mil afectadas a nivel nacional, y pérdidas económicas que superaron los US$1 mil millones, un 4.7 % del PIB, según la Secretaría General de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplán).

Guatemala también ha sufrido fuertes embates de las tormentas tropicales Stan (2005) y Agatha (2010), a las que se ha sumado la depresión tropical Eta, hace dos semanas, que dejó un panorama que no observaban desde el paso del el huracán Mitch en 1998.

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Eta ha dejado deslizamientos de tierra, inundaciones profusas y sobresaturación de los suelos, además de 53 personas fallecidas, 96 desaparecidas y 1.9 millones de personas afectadas.

El Salvador, el país más pequeño de Centroamérica, fue azotado por los efectos del huracán Mitch, entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 1998, con un saldo de 240 muertos y unos 84 mil damnificados, 10 mil 372 viviendas afectadas y daños en 326 centros educativos.

En los sectores económicos, el productivo fue el que sufrió el mayor impacto (69 %), seguidos de la infraestructura (19 %), sectores sociales (10 %) y medio ambiente.
Las pérdidas económicas totales calculadas oficialmente fueron de US$133 millones.

En 2009, el huracán “Ida” que llegó a El Salvador como tormenta tropical, causó en noviembre de ese año 200 muertos, 130 fueron víctimas de un deslizamiento de lodo y piedras en la localidad de Verapaz, y graves destrozos en cinco de los 14 departamentos del país.

Debido a su ubicación geográfica, en Costa Rica rara vez un huracán impacta directamente. Sin embargo, en noviembre de 2016, Otto, que ingresó por el Caribe, cruzó el país hasta salir al Pacífico, en una trayectoria inédita para este tipo de fenómenos.

Otto causó 10 muertos, 11 mil damnificados por inundaciones y severos daños en infraestructura y cultivos agrícolas.

El huracán más mortífero para Costa Rica fue el César, en 1996, que causó daños importantes, la muerte de 34 personas y la desaparición de 29, mientras que Mitch dejó seis fallecidos.

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Panamá, por estar en una latitud entre los 0.5 y 0.8 grados, y por la fuerza de coriolis (un efecto que resulta de los giros de la Tierra), es uno de los pocos países del área que no es afectado por estos fenómenos naturales, según explican expertos panameños que, sin embargo, alertan de que no se puede asegurar que el país nunca será afectado por un huracán.

En los últimos años las lluvias asociadas a estos fenómenos han afectado al país, y puede decirse que uno de los episodios más graves ha sido Eta, que causó 19 muertos, 12 desaparecidos y daños a infraestructura y agricultura que el Gobierno ha prometido enfrentar con inversiones superiores a los US$100 millones.