Violencia y abandono en el hogar lleva a la institucionalización de niños y adolescentes

Es en el hogar, el primer espacio donde los niños y adolescentes son vulnerados en sus derechos, razón por la que 299 se encuentran institucionalizados en las 14 residencias de la Secretaria de Bienestar Social de la Presidencia. Sus historias llaman a la reflexión en este Día nacional de la no violencia contra la niñez, para frenar este flagelo.

Hay 299 adolescentes institucionalizados en las residencias de la Secretaría de Bienestar Social. (Foto Prensa Libre: Servicios)
Hay 299 adolescentes institucionalizados en las residencias de la Secretaría de Bienestar Social. (Foto Prensa Libre: Servicios)

A los seis meses de edad fue abandonado en el Hospital San Juan de Dios. Los expedientes indican que estaba desnutrido y que su abuela lo llevó al ver que su madre no se ocupaba de él, debido a su dependencia con las drogas. Nunca volvieron por él.

El pequeño fue institucionalizado por orden de un juez, que le dio un nombre. Pasaron años para localizar a una persona -recurso idóneo- que le diera un hogar. Lleva tres años con la familia que tanto soñó.

Ella tiene 11 años, era maltratada en el seno familiar. Su madre era la agresora, al igual que su padrastro. Por su protección fue sacada de ese entorno de violencia y trasladada a una de las residencias que tiene a su cargo la Secretaria de Bienestar Social de la Presidencia (SBS).

Buscar a un miembro de su familia ampliada para que se encargue de la menor ha sido difícil, pues su abuela de 68 años vive en la calle y tiene antecedentes de consumo de drogas y de prostitución. Hasta no encontrar a la persona apta que se ocupe de la niña, seguirá institucionalizada.

Actualmente hay 299 casos como estos en las casas de la SBS, son menores entre los 13 y 18 años menos un día que llegaron al sistema de protección porque sus derechos fueron vulnerados en el hogar, un flagelo impregnado en la sociedad guatemalteca y que se busca frenar y hacer conciencia en la población con énfasis en este Día Nacional de la no violencia contra la niñez .

La fecha se instituyó a raíz de la muerte de Nahamán Carmona López, de 13 años, una  víctima de maltrato que lo llevó a huir casa e internase en las calles, donde fue golpeado sin piedad por elementos de las fuerzas de seguridad el 13 de marzo de 1990.

Heridas más allá del cuerpo 

Javier Luna, jefe del Departamento de atención contra el maltrato en todas sus formas de la SBS, menciona que los menores no solo pueden sufrir de abandono, maltrato emocional y físico en su hogar, también sexual, como le sucedió a una adolescente de 15 años, que llegó porque fue abusada sexualmente por su padrastro, que además la prostituía. Su madre no hizo nada por impedirlo.

La joven sintió que todo era su culpa, al punto que llegó a normalizar la agresión. Su autoestima fue dañada y la depresión se hizo parte de su día a día, mientras que pesadillas la atormentaban por las noches.

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Hoy se encuentra en una de las cuatro residencias que la Secretaría tiene bajo la coordinación del departamento de protección especial contra el maltrato en todas sus formas. Allí se convive con otros 65 adolescentes, en quienes se trabaja el amor propio, el fomento de valores y disciplina, entre otros aspectos que los ayudan a empoderarse, según la psicóloga Andrea Cruz.

“Creo que como sociedad estamos perdiendo el ser humanos. Estamos dejando de ver a nuestros adolescentes, niños y niñas como sujetos y los vemos como objeto, cuando eso sucede puede ocurrir cualquier vulneración de derechos que nos demos cuenta”, indica Luna, quien agrega que todo maltrato y violencia comienza con la negligencia por abandono en el seno familiar.

Es el hogar el sitio donde los niños y adolescentes debieran sentirse protegidos; sin embargo, se han convertido en un espacio donde son violentados. Durante el 2018, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses realizó 918 exámenes por maltrato físico a personas con menos de 19 años. Mientras que 5 mil 483 menores fueron evaluados por abuso sexual. Se estima que el 89% de los agresores son parientes de las víctimas.

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Rescate

Como sucedió con Nahamán Carmona López, el ambiente de violencia en casa puede empujar a los adolescentes a escapar y buscar abrigo en otros espacios como las pandillas, y caer en el consumo de sustancias y callejización, de donde muchos son rescatados.

La SBS tiene bajo su resguardo a 67 adolescentes que encajan en este perfil. Están en tres residencias supervisadas por el departamento de adolescencia con atención especializada. Alejarlos de las drogas es parte del proceso como también sanar los traumas causados por el abuso y abandono, empoderarlos y hacerlos resilientes. Paralelo a ello se trabaja con los padres, con su microsistema, para cuando regrese a casa sus derechos no sigan siendo vulnerados. Un equipo multidisciplinario integrado por especialistas en psicología, trabajo social, medicina, y otras áreas se ocupan de ello.

Si volver a su hogar no es posible, se busca un recurso idóneo dentro de la familia ampliada o la comunidad para que acoja al menor. Al no encontrarse alguno, continuará bajo el sistema de protección hasta que cumpla la mayoría de edad. En este proceso hay 24 adolescentes, que están ubicados en dos residencias a cargo del departamento de vida independiente.

La Secretaría tiene cinco residencias para albergar a 142 adolescentes, entre hombres y mujeres, con capacidades diferentes de leve a moderada.

Último recurso

La institucionalización, según Luna, es la última opción dentro del sistema de protección de la niñez. Allí llegan luego de la Procuraduría Nacional de la Niñez (PGN) determina que no hay ningún familiar que pueda hacerse responsable por el menor cuyos derechos han sido vulnerados, y solicita a un juez una medida de protección.

Es en ese momento cuando son trasladados a las residencias de la SBS, donde deberían permanecer como máximo seis meses. De acuerdo con la trabajadora social Deysi Vásquez durante es tiempo no solo se ocupan de buscar el recurso idóneo para los adolescentes, “tratamos de ver que los padres reciban psicología, incluso que vayan a escuela para padres”, pues la idea que formar familias sanas para eliminar el círculo de la violencia y el maltrato.

Peo hay ocasiones en que los mismos padres no quieren responsabilizarse de sus hijos. El año pasado una madre llegó a una de las residencias, tocó la puerta con la intención de dejar a su hijo, recordó psicólogo Mario Urizar, que trabaja en la residencia de SBS ubicada en la zona 14, se atiende únicamente a varones.  “Se los traje porque quiero que me lo corrijan. Cuando esté compuesto me lo devuelven, porque yo ya no puedo con él”, son palabras que ha escuchado el personal.

Luna hace el análisis de que muchos de los progenitores de los jóvenes que se encuentran institucionalizados se convirtieron en padres a temprana edad y fueron “disciplinados a base de golpes y de la fuerza”, crecieron con “traumas y no fueron reconstruidos”, patrón que repiten con sus hijos. Romper ese círculo de violencia y maltrato es parte del trabajo para logar adolescentes ” empoderados y que sean personas que puedan decidir, que se conozcan y se validen como tal”, refiere el experto.

 

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