Adolescentes hacen relatos atroces de los albergues

Luego de que saliera a la luz el aumento de adolescentes que se han fugado del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, tres menores, que ahora se encuentran en otro hogar, compartieron su experiencia.

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Del complejo donde funciona el hogar se han fugado varias adolescentes, por los malos tratos. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Del complejo donde funciona el hogar se han fugado varias adolescentes, por los malos tratos. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Las entrevistadas refieren que muchos niños y adolescentes que son institucionalizados en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción para supuestamente mejorar sus proyectos de vida, resultan con problemas agudizados.

Las tres jóvenes —aunque solo una lo admitió— tienen en común haber sido abusadas sexualmente, así como haber infringido leyes, lo cual las condujo al refugio.

Se fugó varias veces

Carmen López —nombre ficticio—, se escapó seis veces del hogar. “Mi mamá está en la cárcel, yo tuve problemas con mi abuela, me fugué de mi casa y después me fui para la zona 1 a molestar y pasó un accidente, entonces me atrapó la Policía y llamaron a mi abuela y dijo que ya no quería que estuviera con ella. Me llevaron al Hogar Seguro el 26 de diciembre del 2014. Me pasaron a Princesitas, tenía 12 años, todo estuvo bien y cuando cumplí 13 me mandaron para Mi Hogar y fue lo peor para mí ese año”, manifestó.


“Nos sacaban a terapia por lo que me pasó de la vio… lación, me fui sola para mi casa, pero me regresaron al albergue y me mandaron al módulo de fuga y rebeldía”, señaló e  indicó que los módulos, según los perfiles, cada vez “son más gruesos”, es decir más violentos.

“Me pasaron al módulo 2, allí estuve tranquila. Le soy sincera, sí tuve novia, pero no me importó, la dejé. Después,  agarré los caracteres de otras, de que planchás, o sea te subís a los techos”, dijo.

Afirmó que en el hogar se fomenta el lesbianismo y recordó que el 15 de mayo pasado  distrajo al delta —policía— para que algunas se escaparan, ella no lo hizo; se quejó que cuando el policía la detuvo le manoseó los pechos y la monitora no le dijo nada a él.

Señaló que hay agentes que las golpean y  que   algunos procuradores se preocupan por ellas.

Se tocó el tobillo derecho mientras recordaba  otra fuga: la  vez que se dobló el pie. Relató que escapó con dos compañeras y fueron capturadas en Sololá, donde una de ellas buscaba a su mamá. Indicó que no le colocaron yeso y le dieron muletas gracias a un delegado de la PDH.


El pasado 10 de octubre, cuando se fueron 9 niñas, un delta les abrió el portón —cuenta López— y les dijo que les daba una hora para que se fugaran. Ella se fue a Chiquimula a colocar dos velas al Señor de Esquipulas, por ella y su mamá,  presa por extorsión pero espera que salga pronto.

Consumía drogas

María Rodas —nombre ficticio— fue enviada al hogar por ser drogadicta y su madre estaba cansada de que se desapareciera. “Cuando estuve allí fue lo peor, fue la experiencia más fea que pude tener, nomás ingresé me pegaron, tuve que aprender a defenderme, allí se entra de todo, hay cocaína, marihuana, teléfonos, dinero… cualquier cosa es pelea, si usted me cae mal yo le pego, si usted tiene zapatos bonitos yo le pego, se los quito y me los pongo”, describió.


Añadió: “Cuando ingresé lo primero que me quitaron fue mi ropa, me dejaron desnuda, no tenía nada, solo me envolví en una sábana y así me estuve casi todo el día hasta que conseguí ropa prestada, me quebraron la nariz”.

Refirió que cuando las monitoras las castigan les ponen penas exageradas como hacer mil sentadillas, la ley del diablo —poner la frente en la pared y quedarse rectas por horas— o caminar agachadas.

Agregó que la comida “es fea” y en ocasiones tenía gusanos y que en los seis meses que estuvo allí vio cómo algunas adolescentes “se metían sexualmente” con maestros de física a cambio de drogas o teléfonos, o con el dinero que les dejaban los padres les pedían marihuana a las monitoras.

“Los deltas son bien abusivos porque llegan hasta a pegarnos, nos patean, nos jalaban del pelo, pero a veces como se cansaban de nosotros, nos dicen te doy una hora y te escapas, dejan el portón abierto y nos dejaban ir, eso fue el año pasado”, indicó, y afirmó que nunca recibió tratamiento por su adicción a las drogas.


“Yo ingresé al seguro el 24 de noviembre del 2015, a las 10.30 de la noche”, recordó Carolina García —nombre ficticio—, quién llegó al hogar por rebeldía, malas juntas y consumo de droga. Aseguró que las menores se van del lugar por los malos tratos, pero cuando regresan son golpeadas por las compañeras de sus módulos, ya que por las fugas les quitan beneficios. Afirmó que se sufrió “mucho bullying”.

De forma reciente, el referido hogar ha sido criticado por las condiciones deplorables en las que viven los menores.